Los doce poemas eliminados de Sylvia Plath que llegan a las librerías

Imaginen que escriben un libro y, antes de terminarlo, mueren. Es de suponer que, en el caso de que alguien decida publicarlo, lo hará tal cual usted lo dejó. Pero no siempre es así. Ariel , el volumen que Sylvia Plath (Boston, 1932 – Londres, 1963) no llegó a ver en formato físico, terminó en manos de los lectores de una forma diferente a como la concibió, pues su marido, Ted Hughes, eliminó doce poemas de la versión estadounidense y trece de la británica. “Mi único propósito fue hacer el mejor libro posible conforme a mi criterio”, aseguró en su momento. Pero la mayoría de los lectores, especialmente las lectoras, no lo vieron así, pues cuando Plath se suicidó, ambos estaban en proceso de separación.

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 Se publica por primera vez en castellano ‘Ariel’ tal y como su autora lo concibió  

Imaginen que escriben un libro y, antes de terminarlo, mueren. Es de suponer que, en el caso de que alguien decida publicarlo, lo hará tal cual usted lo dejó. Pero no siempre es así. Ariel , el volumen que Sylvia Plath (Boston, 1932 – Londres, 1963) no llegó a ver en formato físico, terminó en manos de los lectores de una forma diferente a como la concibió, pues su marido, Ted Hughes, eliminó doce poemas de la versión estadounidense y trece de la británica. “Mi único propósito fue hacer el mejor libro posible conforme a mi criterio”, aseguró en su momento. Pero la mayoría de los lectores, especialmente las lectoras, no lo vieron así, pues cuando Plath se suicidó, ambos estaban en proceso de separación.

“Mi padre se enfrentó a un dilema. Era muy consciente de la extrema ferocidad con que algunos poemas del libro destripaban a las personas cercanas a ella: él mismo, su madre, su padre y el tío de mi padre, Walter, incluso vecinos y conocidos”, explica Frieda Hughes, hija del matrimonio, en el prólogo de la nueva versión de Ariel que publicará en esta rentrée, el próximo 16 de septiembre, Galaxia Gutenberg. Será la primera vez que esos doce poemas suprimidos se recopilen en un mismo volumen con traducción al castellano, lo que permite no solo leerlos, sino que, también, hacerse una idea del proceso creativo de la autora que permita reevaluar su legado.

Mi padre era muy consciente de la extrema ferocidad con que algunos poemas del libro destripaban a las personas cercanas a ella”

Jordi Doce, el encargado de traducir estos versos, explica que, “en el año 81, cuando se publicó la poesía completa de Plath, se incorporó el orden original de Ariel y los poemas. Es decir, que cualquier lector podía armar este libro”. ¿Por qué ha tardado entonces tanto en ocurrir? “Porque el libro oficial, pese a todo, estaba muy presente en la conciencia de los lectores. Pero es verdad que, tras la muerte de Ted en 1998, los derechos pasan a manos de la hija y es ella quien toma la decisión de publicar esta edición”.

Frieda Hughes, por su parte, asegura a los lectores que su padre “sentía un profundo respeto por la obra de mi madre a pesar de ser una de las dianas de su ira”. Un ejemplo de ello se puede hallar en uno de los poemas que se eliminaron, Cazador de conejos. “ Hughes fue durante algunos años cazador. Luego lo dejó, pero siguió siendo pescador toda su vida. En este poema, Plath establece un paralelismo entre los cepos que pone un cazador de conejos de la zona, que no es Ted, con las idas y venidas de una relación de pareja que va mal”. Los versos no dejan lugar a duda: “ Los cepos trataban de borrarse, puestos muy juntos, como los dolores de un parto (…) ¡Cómo aguardaban esas pequeñas muertes! ”. Y añade, al final: “ Cables tensos entre nosotros, estacas tan hundidas que no se desclavaban y una mente como un anillo, deslizando su cierre en algo ágil, matándome también con su opresión ”.

Una fotografía de Sylvia Plath 
Una fotografía de Sylvia Plath Amy T. Zielinski / Getty

Más violento y explícito es El carcelero , cuya voz es la de una mujer prisionera de un hombre que la maltrata y la viola. Él es el carcelero y tiene las llaves, controla su cuerpo y decide cuándo puede dormir, qué puede hacer y cómo puede escapar mientras la humilla, pues dice: “Me ha quemado con cigarrillos, jugando a que soy negra y tengo zarpas rosas. Soy yo misma pero no es suficiente”. Cabe decir que no hay constancia de que este mensaje se dirija a su marido, pero puede que Hughes, ante la sospecha que alguien pudiera tener, lo quitara. “También porque no solo quería mostrar a una Sylvia furiosa”, apunta Doce, entendiendo que lo interesante era mostrar todos sus prismas.

De todas formas, como recuerda el traductor, no todos los poemas eliminados tenían que ver con su esposo. Algunos iban contra la propia autora, como Mujer yerma , “que tiene que ver con un momento de falta de creatividad. Durante un tiempo, Plath se sintió estéril en este terreno”, explica. El motivo de que este quedara fuera del poemario, es porque Hughes lo consideraba “menos logrado que sus sustitutos”. Y lo mismo sucedió con Reyes Magos , que el editor no lo consideraba digno de Ariel. En ese texto, Plath esboza a los reyes como figuras casi angelicales, pero frías y deshumanizadas. La autora los llama “los abstractos” y los relaciona con “el Bien” y “lo Verdadero”.

Los extraños se adueñaron de la angustia extrema que le llevó a suicidarse”

La madre de la poeta también se llevó su ración. No son pocos los que opinan que otro de los poemas eliminados, La otra , iba dedicado a ella, pues habla de una figura femenina que compite con la hablante y que podría leerse en relación con la maternidad. Doce, por su parte, no tiene claro que se refiera a ella, pero sí admite que “el de ellas era un vínculo de dependencia, algo tóxico. La poeta quedó huérfana de padre a una edad muy temprana y la madre tuvo que hacer muchos esfuerzos para sacar a sus hijos adelante. Ella lo compensaba siendo una alumna modelo hasta el extremo. Entonces la madre era vista como una figura de cariño pero de exigencia a la vez”. Sí que en cambio está contrastado que dirige a la madre los versos de Medusa , aunque estos nunca fueron eliminados. “ Hughes lo mantuvo porque es estupendo, con mucha fuerza, donde la ira está perfectamente encauzada por la forma poética”.

De estos y otros poemas, como Lesbos , el lector puede extraer que la autora de La Campana de cristal “era una mujer que acostumbraba a juzgar muy cruelmente a otras mujeres. Eso la convierte en compleja pues, aunque se la considera feminista, sus reacciones muchas veces al escribir sobre ellas dejan que desear”. A la vez –prosigue Doce– “poder leerla al completo ayuda a entender mejor quién fue, su brillantez y, también, sus complejidades y lado más humano”. Tanto es así que el manuscrito empezaba con la palabra ‘amor’ y terminaba con ‘primavera’. “El conjunto estaba orientado a cubrir el lapso desde justo antes de la ruptura del matrimonio hasta el arranque de una nueva vida, con toda la rabia y el calvario entre medias”, apunta.

Tumba de la poetisa Sylvia Plath en St Thomas a Beckett en el cementerio de Heptonstall, West Yorkshire .
Tumba de la poetisa Sylvia Plath en St Thomas a Beckett en el cementerio de Heptonstall, West Yorkshire .Propias

De todas formas, sobre Ariel , Frieda Hughes reflexiona que este libro ha llegado a simbolizar para ella “esta posesión de mi madre, pues los extraños se adueñaron de la angustia extrema que le llevó a suicidarse; y la denigración incesante de que fue objeto mi padre. Era como si se hubieran hecho con la arcilla de su energía poética para modelar nuevas versiones de mi madre inventadas solo para reflejar a sus inventores”.

Se convence de que el tiempo sana heridas y, ante todo, defiende a los suyos, tanto la madre como el padre: “Las críticas hacia él llegaron a centrarse en el hecho de que siguiera teniendo el copyright de mi madre, que empleó para beneficiarnos a mi hermano y a mí. Gracias al legado de su poesía, mi madre sigue cuidando de nosotros, y me parece extraño que algunos deseen lo contrario”.

‘El cazador de conejos’

En un lugar de fuerza…
​El viento amordazándome la boca con mi propio cabello,
​desgarrando mi voz y el mar cegándome
​con sus luces, la vida de los muertos
​desplegándose en él, flotando como aceite.

​Degusté la malignidad del tojo,
​sus negras púas,
​la extremaunción de sus flores pajizas.
​Eran muy bellas y eficaces,
​y extravagantes como la tortura.

​Solo un destino era posible.
​Hirvientes, perfumadas,
​las sendas se estrechaban hacia el hoyo.
​Y los cepos trataban de borrarse,
​ceros mordiendo nada,

puestos muy juntos como los dolores de un parto.
La ausencia de chillidos
abría un orificio en el calor del día, una oquedad.
La luz vítrea era un muro compacto,
la maleza callaba

Sentí una muda aplicación, un designio.
Sentí manos en torno a una taza de té, bruscas, obtusas, haciendo resonar la porcelana blanca.
¡Y cómo le aguardaban, esas pequeñas muertes!
Le esperaban igual que enamoradas. Le excitaban.

También lo nuestro era una relación:
cables tensos entre nosotros,
estacas tan hundidas que no se desclavaban,
y una mente como un anillo
deslizando su cierre en algo ágil,
matándome también con su opresión

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