John Connolly: “Solo Colin Farrell y mi esposa saben el final de Charlie Parker”

El escritor irlandés John Connolly (Dublín, 1968) se toma como un elogio enorme que le preguntemos si aprendió español con narcotraficantes mexicanos como los que aparecen en su nueva novela del detective Charlie Parker –la número 23–, Hijos de Eva (Tusquets) “Oh, ¡es maravilloso causar esa impresión!”, afirma, con una sonrisa que parece ocupar todo su rostro. Y, por primera vez, nos pide que le entrevistemos en castellano en vez de en inglés. Allá vamos.

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 La nueva entrega del detective se ambienta en el tráfico de antigüedades y piezas arqueológicas en América Latina  

El escritor irlandés John Connolly (Dublín, 1968) se toma como un elogio enorme que le preguntemos si aprendió español con narcotraficantes mexicanos como los que aparecen en su nueva novela del detective Charlie Parker –la número 23–, Hijos de Eva (Tusquets) “Oh, ¡es maravilloso causar esa impresión!”, afirma, con una sonrisa que parece ocupar todo su rostro. Y, por primera vez, nos pide que le entrevistemos en castellano en vez de en inglés. Allá vamos.

Las andaduras de su personaje Charlie Parker se iniciaron en 1999, en Todo lo que muere. Ahí descubrimos la fuente de su dolor: cuando era policía en Nueva York, un delincuente llamado El Viajante mató a su mujer y su hija. Ahora, 22 libros y 27 años después, Parker acepta el encargo de la artista de Maine Zetta Nadeau para que localice a su novio desaparecido. Las pesquisas le conducirán a un caso de secuestro de niños y al tráfico de drogas y antigüedades con México y otros países.

“Podría escribir el mismo libro cada vez, y tendría éxito, pero no me interesa, necesito experimentar”

“Este libro nació hace quince años, fruto de mis viajes por Latinoamérica. Estaba en Argentina para promocionar un libro y quise explorar un poco el país. Una noche, tuve un accidente en el desierto del Diablo (así se llama), perdí una rueda del coche, en plena oscuridad, y se incendió mi vehículo. Por suerte, la policía estaba cerca y me llevaron en camioneta a la ciudad de Salta, donde descubrí un Museo de Arqueología de Alta Montaña. Y, ¿sabe? los escritores son como cuervos, siempre buscamos cosas brillantes para robar e incluir en nuestros libros. Graham Greene dijo que los novelistas necesitan tener un pedazo de hielo en el corazón para usar incluso las cosas más terribles en sus obras. Y aquel museo fantástico me pareció también algo macabro. Más tarde viajé a Perú con mi familia para ver las ruinas incas y, durante el viaje, alguien intentó venderme piezas precolombinas”.

-¿Falsas?

-¡Como un duro sevillano! Todo muy ilegal… pero me dio pie a indagar en el contrabando de esas piezas. Todo eso, junto a otro viaje a Teotihuacán en México, ha ido alumbrando esta novela. El tráfico de antigüedades, muy ligado al narcotráfico, es poco conocido por el público. Hubo una época en que, por ejemplo, sacar piezas de Machu Picchu era muy fácil. He investigado mucho para entender las maneras en que hoy en día se mueven estos materiales a través de los países. Cómo se transporta una momia evitando los controles policiales, por ejemplo.

Si el escritor necesita tener hielo en su corazón, ¿eso le acerca al criminal? “Para imaginar estos crímenes, estas cosas terribles, tiene que haber algo de mi personalidad en cada personaje, los malvados y los buenos. La diferencia fundamental entre un detective y un asesino es que, pese a que ambos imaginan el crimen y le dan vueltas a la manera de realizarlo, uno lo comete y el otro no. Si lo pensamos un poco, es una cosa extraña querer escribir novelas sobre violencia y cosas tan bestias, y también querer leerlas. Los lectores y los escritores no son ningunos santos”.

En la ficción, Zetta, la artista, está obsesionada con las opiniones de los críticos de arte. En el mundo real, los críticos literarios han opinado que Hijos de Eva es una de las mejores novelas de Connolly. Pero él dice que “no leo mis entrevistas, no leo las críticas. Cuando era más joven, sí, quería ser el mejor, tener el respeto de los críticos, éxito comercial… Ahora quiero ser único, escribir cosas originales, nuevas. No es posible para mí desarrollarme o mejorar solo con las novelas de Parker, necesito experimentar en otros géneros. Ahora estoy escribiendo una novela histórica ambientada en la Italia de los siglos XV y XVI, sobre historiografía y la voz femenina. Tal vez no se publicará porque no tengo ningún contrato con mis editores, pero la novela es importante para mi desarrollo como escritor. El éxito de las novelas de Parker me permite experimentar en otras. Y cuando regreso a las novelas de Parker, puedo aplicar allí las lecciones que aprendí haciendo otras cosas”.

De hecho, Hijos de Eva es literariamente densa, con varias capas, muy distinta a los Parker iniciales. “Entiendo –prosigue– que mis lectores tienen mucho afecto por los personajes. Yo podría explotar este afecto para publicar la misma novela cada vez, pero no quiero hacerlo, no quiero pasarme dos o tres años metido en una novela que no me interesa. Quiero escribir algo diferente y pasar mi tiempo en proyectos con valor”.

El título procede de la oración católica Salve Regina (“a ti clamamos los desterrados hijos de Eva…”) y la trama contiene elementos mitológicos –precolombinos– y sobrenaturales, como el viejo conocido del fantasma de Jennifer, la hija del detective, cada vez más activa. “Al principio –explica el autor– entendí que necesitaba introducir estos elementos muy gradualmente. Los lectores tienen sus expectativas, los manuales de novela negra dicen, desde los años 30, que lo sobrenatural no está permitido. Pero para mí, un católico irlandés con una fascinación por el Más Allá, era natural esta mezcla y no entendí la polémica inicial con algunos lectores, críticos o libreros que no querían fantasmas en un libro de detectives. Ahora es más fácil porque he ido preparando a los lectores para la intrusión. Una influencia muy importante para mí es M.R. James (1862-1936) y sus cuentos de fantasmas, a los que podemos oler y tocar sus manos, pero es que también sus fantasmas pueden vernos, olernos y tocarnos”.

John Connolly 
John Connolly DANI DUCH

Asegura que está preparando a sus lectores para el final de la serie Parker. “Y, para ello, necesito tener a todos los personajes visibles, como en el listado inicial de una obra de teatro. El público tiene que verlos a todos en escena. Yo ya sé cómo va a acabar todo, pero no sé la ruta que seguir para ese final”. Como se está preparando la adaptación televisiva de la serie –nada menos que los actores Colin Farrell y Bryan Cranston como productores– , “y deben escribir un episodio piloto y planear 5 temporadas, me he visto obligado a contarle a Colin el final. Solo lo saben él y mi esposa. Tenemos un problema porque yo podría terminar las novelas de manera coordinada y al mismo tiempo que se hace la serie o bien podría llegar al mismo final por una ruta diferente que la televisiva. La idea es publicar una nueva novela de Parker cada dos años y experimentar un poco más con libros diferentes entre medio”.

Charlie Parker ha cambiado, “En los libros antiguos, tenía una expectación de redención, la buscaba a través de la expiación. En la última novela, Un río rojo de sangre –que se publicará en español, espero, el año que viene– aprenderemos que la redención está negada a Parker, que tiene una relación muy crítica, muy hostil con el Señor, una hostilidad que Jennifer comparte. Y también aprendemos que Parker no tiene solo un pasado sino muchos pasados”.

Sobre la vida sentimental del detective, apunta que ”no es posible una vida de familia y esta vocación u oficio lleno de violencia y rabia. Ahora tiene una novia policía, alguien que le puede entender un poco más. Pero aún necesito explorar la naturaleza de su relación. Descubro a los personajes a través de la escritura, gradualmente, en cada libro los entiendo más”.

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