Tras décadas de conformismo, la nueva situación geopolítica global sitúa a la UE en una muy compleja situación. Y ello no sólo por las amenazas de Donald Trump en Turquía sobre Groenlandia, las dirigidas a preservar la impunidad de sus compañías tecnológicas, su displicencia respecto de la OTAN o su advertencia de no aplicar, so pena de corte del suministro de gas natural, la directiva que en el 2027 penalizaría a sus productores por las emisiones de metano. Sino también porque, al cambio norteamericano, se suman los efectos de la emergencia de China y de un teatro europeo en el que los intereses de Rusia y la UE parecen irreconciliables, aunque es cierto que, en política internacional, nada es eterno: los enemigos de hoy pueden devenir socios mañana.
Tras décadas de conformismo, la nueva situación geopolítica global sitúa a la UE en una muy compleja situación. Y ello no sólo por las amenazas de Donald Trump en Turquía sobre Groenlandia, las dirigidas a preservar la impunidad de sus compañías tecnológicas, su displicencia respecto de la OTAN o su advertencia de no aplicar, so pena de corte del suministro de gas natural, la directiva que en el 2027 penalizaría a sus productores por las emisiones de metano. Sino también porque, al cambio norteamericano, se suman los efectos de la emergencia de China y de un teatro europeo en el que los intereses de Rusia y la UE parecen irreconciliables, aunque es cierto que, en política internacional, nada es eterno: los enemigos de hoy pueden devenir socios mañana.Seguir leyendo…
Tras décadas de conformismo, la nueva situación geopolítica global sitúa a la UE en una muy compleja situación. Y ello no sólo por las amenazas de Donald Trump en Turquía sobre Groenlandia, las dirigidas a preservar la impunidad de sus compañías tecnológicas, su displicencia respecto de la OTAN o su advertencia de no aplicar, so pena de corte del suministro de gas natural, la directiva que en el 2027 penalizaría a sus productores por las emisiones de metano. Sino también porque, al cambio norteamericano, se suman los efectos de la emergencia de China y de un teatro europeo en el que los intereses de Rusia y la UE parecen irreconciliables, aunque es cierto que, en política internacional, nada es eterno: los enemigos de hoy pueden devenir socios mañana.
De todo ello, hoy preocupa la posibilidad que a partir de noviembre no se renueve la tregua China-EEUU sobre tierras raras y sus aplicaciones (China controla el 66% de esos minerales y el 88% de la capacidad mundial de refino), añadiendo a ese conflicto los ya existentes sobre prohibición de exportación de maquinaria de la holandesa ASML o los aranceles sobre vehículos eléctricos y la respuesta china penalizando las importaciones de alimentos.
La nueva situación geopolítica global sitúa a la UE en una muy compleja situación
Problemas sectoriales a los que hay que sumar el creciente deterioro del saldo comercial de la UE con China: entre 2015 y 2025, nuestras importaciones han aumentado un 61% (de 351.000 a 654.000 millones de euros), mientras las exportaciones han crecido la mitad (de 170.000 a 199.000 millones), de forma que el déficit comercial con la China se ha más que doblado la pasada década, hasta los 365.000 millones en el 2025, cerca del 2% del PIB de la UE.
En este contexto, no extraña que Alemania se haya posicionado a favor de la propuesta francesa (apoyada también por Italia y Polonia) de poner en marcha un sistema de sanciones arancelarias rápido, a imagen de la sección 301 de EE.UU., para países que se considere tengan prácticas comerciales incorrectas, superando las dificultades del instrumento anticoerción. Esa propuesta parte de la percepción del creciente riesgo, reconocido por la Comisión, sobre el futuro de amplios sectores europeos amenazados por la enorme capacidad productiva china, sus políticas industriales y la necesidad de penetrar en mercados europeos dadas las dificultades impuestas en los EE.UU. por la política de Trump.
Enfrentados a Rusia y también, aunque de forma menos severa, a los EE.UU. y China, los europeos no estamos preparados para resolver rápidamente los retos que han emergido en la última década. Nos creímos los únicos defensores del bienestar social, de la lucha contra la contaminación y el cambio climático, e incluso pontificamos sobre los negativos efectos de la IA, y ahora nos enfrentamos a inexorables y más mundanos problemas en innovación, competitividad y dependencia exterior. ¡Ay, Europa!
Economía
