El reto de sobrevivir a la Sagrada Família

Días atrás, en una charla sobre ciudad y turismo en el CCCB, surgió el asunto de la Sagrada Família y de la larga sombra que empieza a proyectar sobre Barcelona. La sala donde se celebraba el acto es la conocida como el Mirador, situada en la parte más alta del complejo, pero con unos ventanales sobre la ciudad que son muy achatados. 

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 Días atrás, en una charla sobre ciudad y turismo en el CCCB, surgió el asunto de la Sagrada Família y de la larga sombra que empieza a proyectar sobre Barcelona. La sala donde se celebraba el acto es la conocida como el Mirador, situada en la parte más alta del complejo, pero con unos ventanales sobre la ciudad que son muy achatados. Seguir leyendo…  

Días atrás, en una charla sobre ciudad y turismo en el CCCB, surgió el asunto de la Sagrada Família y de la larga sombra que empieza a proyectar sobre Barcelona. La sala donde se celebraba el acto es la conocida como el Mirador, situada en la parte más alta del complejo, pero con unos ventanales sobre la ciudad que son muy achatados. 

Uno de los presentes quiso hacer la prueba y preguntó si desde allí también podía verse el templo. Y parecía que no. “Seguro que lo tapa alguna de esas remontas, o alguna caseta de ascensor”, dijo alguno. Hasta que alguien señaló: “¡Ahí!”. En efecto, en medio de un bosque de edificios se insinuaba, orgullosa, la cruz que desde hace unas semanas corona la basílica.

La charla la protagonizaba el geógrafo e historiador del arte José Antonio Donaire, que desde el verano pasado es el comisionado de Turismo Sostenible de Barcelona. Donaire afronta un reto complejo: poner puertas a determinado tipo de turismo, el más desestabilizador, sin que esta actividad económica reduzca su importante aportación al PIB de la ciudad. Desde luego, está capacitado para asumir el desafío. 

Donaire, entre otras aportaciones, es autor de un libro que plantea muy sugerentes reflexiones para diseñar políticas en pos de un turismo respetuoso. Se titula Turismo cultural. Entre la experiencia y el ritual , se publicó en 2012 por Edicions Vitel·la y se merece una reedición.

¿Qué podemos aprender de Venecia respecto al efecto de la basílica en el turismo barcelonés?

Porque situar el foco sobre el turismo cultural, como está haciendo desde hace unos meses Barcelona Turisme, es una manera de reconducir hacia una experiencia más satisfactoria, tanto para locales como para foráneos, el enorme flujo de visitantes que recibe la capital catalana.

En este contexto, una de las iniciativas en las que trabaja Donaire es invitar a los operadores privados a aplicar medidas restrictivas similares a las que se impone en espacios públicos, como es la limitación de visitantes en el Park Güell. Uno de esos monumentos sería, obviamente, la Sagrada Família, a cuyos responsables se quiere convencer para que reduzcan su aforo. El resultado sería una disminución del impacto sobre el barrio y, de paso, una mejora de la calidad de la visita.

La basílica se destaca entre las nubes, omnipresente en el paisaje barcelonés 
La basílica se destaca entre las nubes, omnipresente en el paisaje barcelonés ALFONS PUERTAS / OBSERVATORI FABRA

En la charla se plantearon además preguntas que ya empiezan a circular por la ciudad y que se resumen en una sola de improbable respuesta: ¿Está Barcelona preparada para la irrupción en su epicentro de un icono tan poderoso, con tanta capacidad de atracción y susceptible de eclipsar el resto de símbolos culturales de la ciudad? 

Se da la paradoja de que visitar la Sagrada Família puede considerarse una práctica de turismo cultural, pero, a la vez, una variante fast look , (mirada rápida), un símil del fast food que Donaire emplea para referirse a la visita ultrarrápida que, muchas veces, tiene como misión colgar en las redes sociales el post que “todas tus amistades esperan que cuelgues cuando viajas a Barcelona”.

Dentro de 10, 20 o 30 años se publicarán estudios con títulos parecidos a El impacto de la culminación de la Sagrada Família en la narrativa simbólica barcelonesa . Ahora solo se puede especular. Si hacemos el ejercicio de descartar los obvios efectos negativos, tal vez pueden surgir ideas ilusionantes. Quién sabe. Tal vez el relanzamiento del templo como icono global, que se oficiará este mes de junio con la visita del Papa León XIV, servirá para que, por reacción, se activen otras potencialidades simbólicas y se eleve así el tono cultural de la ciudad.

O puede que se consiga el beneficioso efecto San Marcos-Rialto de Venecia, una ciudad mucho menos castigada por el turismo de lo que se suele decir. Un efecto que se podría resumir en concentrar el turismo en un espacio concreto para descongestionar el resto. Se puede hacer la prueba. Viajar a Venecia en temporada alta, evitar a toda costa la icónica plaza (hasta las ocho de la noche, cuando se largan los cruceristas), el célebre puente y el entorno de la Academia y disfrutar sin agobios del norte de Canaregio, de Castello, de Dorsoduro, de gran parte del barrio de la Salute o de la Giudecca.

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