La liaison americana de Gustavo Dudamel y la New York Phil levanta al público de Barcelona

Ovaciones de pie y largos aplausos en L’Auditori para un eléctrico Prokófiev -ese himno a la nobleza de las almas que es su 5.ª Sinfonía- llegado del otro lado del charco. El siempre dinámico y cadencioso Gustavo Dudamel ha vuelto a conectar con el público barcelonés en un concierto con mucho significado, tanto para él como para la New York Philharmonic, cuyas riendas acaba de coger este septiembre, y con la que en este lunes de la Hispanidad ponía una renovada pica en el territorio español, dentro de la gira que lleva a la orquesta de Leonard Bernstein de vuelta por Europa. 

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 El flamante tándem cosecha aplausos en L’Auditori junto al Orfeó Català en la primera parada en el Estado español de la gira  

Ovaciones de pie y largos aplausos en L’Auditori para un eléctrico Prokófiev -ese himno a la nobleza de las almas que es su 5.ª Sinfonía- llegado del otro lado del charco. El siempre dinámico y cadencioso Gustavo Dudamel ha vuelto a conectar con el público barcelonés en un concierto con mucho significado, tanto para él como para la New York Philharmonic, cuyas riendas acaba de coger este septiembre, y con la que en este lunes de la Hispanidad ponía una renovada pica en el territorio español, dentro de la gira que lleva a la orquesta de Leonard Bernstein de vuelta por Europa. 

El ciclo BCN Clàssics se anotaba un tanto al descorchar tan apetecible manjar en Barcelona. Hacía 16 años que la New York Phil no pisaba la ciudad y el ambiente estaba caldeado. Los pasillos de la sala Pau Casals olían a grandes expectativas. Había quien dejaba bultos y maletas en el guardarropía de la sala, habiendo apurado hasta el último momento su escapada de fin de semana largo.  Pero a la media parte, después de sonar dos estrenos españoles contemporáneos -uno muy reciente, de la canadiense Zosha Di Castri, y otro que ya tiene 25 años, el memorial de John Adams por las víctimas del 11-S- y  la opiniones ya empezaban a divergir.

El ciclo BCN Clàssics se anotaba un tanto al descorchar tan apetecible manjar en Barcelona, una ciudad que la orquesta no había pisado en 16 años

La orquesta neoyorquina se permitió abrir con Invisible House, coencargo junto a la L.A. Phil a la compositora y pianista Di Castri, que presentaba continuos contrastes entre la urgencia de la acción, algo desmembrada, y los espacios etéreos, poéticos y filosóficos en los que esconderse, iluminarse, dejarse caer…. Una música que, según la misma artista, profesora de composición en la Universidad de Columbia, recoge “la tradición del canto popular polifónico ucraniano pensado para resonar a través de los paisajes rurales”. Lo cual conectaba con el ucraniano Prokófiev con que cerraría la fiesta.

Los coros del Orfeó Català durante su intervención en 'On the Transmigration of Souls'
Los coros del Orfeó Català durante su intervención en ‘On the Transmigration of Souls’Toni Bofill

La duda no estaba en la calidad de la orquesta, que es un buen Ferrari a pesar de no haber contado durante tiempo con una batuta carismática que se abonara a su crecimiento artístico, como ahora parece ser el caso con Dudamel. El mago del podio, el maestro de los rizos, el talento salido de las orquestas del Sistema, está dispuesto a levantar colaboraciones innovadoras y  a hacer una programación de vanguardia. Por lo que no es extraño que en esta gira incorpore obras recientes y otras del minimalismo musical americano -aunque John Adams siempre ha sido considera el menos minimalista del movimiento- que además evoca con On the Transmigration of souls la ciudad de Nueva York. En su versión más dolorosa, sí, pero no en vano se cumple un cuarto de siglo de los atentandos.

El compositor estadounidense se planteó rechazar el encargo, porque la herida estaba demasiado abierta, pero al final cedió y se reflejó en un patriotismo sin retórica, sumándose al dolor a través de frases que vio en los carteles de personas desaparecidas o del memorial del World Trade Center tras los atentados. “My sister”, “My daughter”, “My son”, “I love you”… reza el texto, al tiempo que el Orfeó Català, con el Cor de Noies y cantaires del Cor Infantil entonan algo que va más allá del lamento y que busca una conexión con los que se fueron. 

L'Auditori registró un lleno hasta la bandera
L’Auditori registró un lleno hasta la banderaToni Bofill

Gran parte del público reaccionó fascinado. Dudamel sostuvo el silencio final y la sala le siguió… podría no haberse aplaudido siquiera, la pieza pedía un mutis, pero el agradecimiento se hizo notar. No obstante, hubo otra suerte de comentarios de gesto torcido durante el entreacto: “La obra no ha envejecido muy bien”. O también “el talento de Dudamel está para grandes obras”. Y “¿no deberían estar conociéndose mejor antes de salir de gira?”.

La 5.ª sonó como si Prokófiev saliera de su tumba y se burlara de Putin y de los daños que ha causado en su museo de Sontsivka

El vuelco lo dieron Dudamel y los suyos en la segunda parte. La 5.ª de Prokófiev sonó como si el compositor saliera de su tumba y se burlara de Putin y de los daños que ha causado en el museo estatal dedicado a su figura en Sontsivka, el pequeño pueblo del Donetsk en el que pasó su infancia, rodeado del folclore musical de la estepa póntica. Su Sinfonía la escribió en 1944, cuando asomaba el desenlace de la Segunda Guerra Mundial, cuando el Ejército Rojo avanzaba hacia Berlín. Dedicó casi un mes, recuerda Benjamín G. Rosado en el programa de mano, a una pieza que definió como “un himno al hombre libre y feliz, a su poderosa fuerza y a la pureza de su espíritu”.

De la batuta de Dudamel afloró todo el sarcasmo de la obra, sus cuadros corrosivos y esas rítmicas y staccati que luego se verían en el famoso ballet Romeo y Julieta. La orquesta, con una treintena de músicos de origen asiático en sus filas -y con una gran mayoría de violinistas mujeres-, la había dispuesto el maestro con los violines en primer término y a ambos lados, los contrabajos a la izquierda y el piano y las arpas a la derecha. Que acaso cobraba mayor sentido en el Allegro giocoso, cuando a todos ellos se une la percusión en un total caos triunfalista, antes del sombrío Finale.

Tras cinco minutos de calurosos aplausos, Dudamel ofreció una breve propina, el segundo movimiento del Divertimento para Orquesta de Leonard Bernstein, esto es un vals con el que el rey del jazz y el swing rompía con el ritmo tradicional del vals y convertía el clásico compás ternario 3/4 en un compás irregular 7/8. Dudamel, moviendo sus caderas, hacía un guiño a los suyos, a la ciudad de los rascacielos y al maestro que hizo grande la Filarmónica de Nueva York y a cuya sombra se cobija, a la espera de salir al ruedo de verdad.

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