Jean-Baptiste del Amo y la melancolía del terror adolescente

“Esta es la primera novela de terror que escribo, pero el género siempre ha formado parte de mi formación literaria”, dice Jean-Baptiste del Amo (Toulouse, 1981) al empezar a hablar de su última obra, La noche devastada (Seix Barral), una historia en la que trasciende los cánones del horror adolescente para explorar los miedos y fantasías de sus cinco protagonistas.

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 El escritor francés trasciende el género fantástico en su última novela, ‘La noche devastada’  

“Esta es la primera novela de terror que escribo, pero el género siempre ha formado parte de mi formación literaria”, dice Jean-Baptiste del Amo (Toulouse, 1981) al empezar a hablar de su última obra, La noche devastada (Seix Barral), una historia en la que trasciende los cánones del horror adolescente para explorar los miedos y fantasías de sus cinco protagonistas.

“Llevaba mucho tiempo queriendo rendir homenaje a este género, que fue muy importante en mi adolescencia, pero aún no había encontrado la manera adecuada de hacerlo”, apunta el escritor, cuya trayectoria, indica, le ha situado como un autor “bastante literario” en Francia, donde, como en España, tanto la literatura como el cine de terror se miran con suspicacia.

Publicada por Gallimard, que no editaba en su prestigiosa Collection Blanche a ningún autor del género desde Stephen King, en los años setenta, con La noche devastada Del Amo ha querido “demostrar que una novela de terror puede ser una obra literaria con ambición formal y poética, y que además puede interpelar a nuestro mundo”. Y, sin duda, lo ha conseguido.

Ambientada en los años noventa en una localidad inventada pero muy real de la periferia de Toulouse, donde él mismo creció, la novela sigue los pasos de cinco compañeros de instituto (cuatro chicos y una chica) que descubren que en una casa abandonada de su urbanización pasan cosas muy extrañas.

“He plasmado mi propia experiencia adolescente en esos personajes”, comenta Del Amo, que si en Lena ha creado a la amiga que le hubiera gustado tener, en los demás ha introducido rasgos de su propia personalidad: como a Tom, le fascinaban los insectos y la entomología, y si su personaje roba una escolopendra, él se llevó a casa, a escondidas, una tarántula.

El escritor francés elabora una intensa crónica emocional de la adolescencia en los años noventa

Pero es en Max, el chico que descubre su homosexualidad y se enamora del típico guaperas, que además es popular y deportista, y en Mehdi, el hijo de una familia de inmigrantes marroquíes que sufre acoso escolar en silencio, en quienes, se intuye, podría verse más reflejado.

“Creo que para un joven gay en aquella época el sida era como una promesa de una tragedia”, reflexiona sobre sus miedos de entonces, de los que se refugiaba, paradójicamente, en películas de fantasía y terror, pero también en otras que subvertían el género con un toque cómico, como Beetlejuice o La muerte os sienta tan bien , en la que a Meryl Streep la cabeza le gira como una peonza.

“También estaba la cuestión de la prohibición, del ejercicio del libre albedrío, y de decir que si no querían que viera esas películas, haría todo lo posible por verlas”, recuerda sobre Alien o Terminator , donde, además, encontraba “mujeres fuertes luchando contra el mal”, como la teniente Ripley o Sarah Connor, modelos feministas que “resistían al patriarcado” en las pantallas de cine y televisión. “Todos queríamos ser como ellas”.

Ahora empieza a romperse “la maldición del terror, que ha ganado respetabilidad”, afirma Del Amo, y pone como ejemplo La sustancia , donde “la hiperestetización de lo físico y el rechazo al envejecimiento llevan a una representación monstruosa del cuerpo” de Demi Moore.

Pero más allá de la reivindicación de las posibilidades de un género considerado menor, la novela de Del Amo es un retrato de época, la crónica emocional de la adolescencia en los noventa, unos “años ambiguos”, evoca el autor, en los que bajo la aparente tranquilidad de un mundo sobre el que no pendía la amenaza del cambio climático ni de la guerra inmediata, en Francia, como en España, la juventud de clase obrera se sentía, en plena crisis económica y con un paro creciente, incapaz de hacer realidad sus sueños y condenada a repetir la vida de sus padres.

“A través de estos cinco personajes he representado los miedos y los sueños del chico que yo fui”

Y La noche devastada es también un canto a la amistad verdadera: “Es muy difícil conservar a los amigos de la adolescencia al llegar a la edad adulta. A menudo los mantenemos por respeto al pasado juntos, incluso cuando ya todo nos separa. Creo que estos personajes conservarían una profunda nostalgia por lo que compartieron”.

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