Francia despide a Bernadette Chirac, «una gran dama de buen corazón»

Nacida en París el 18 de mayo de 1933, fue una destacada figura política y pública, vinculada durante décadas a la vida institucional gala Leer Nacida en París el 18 de mayo de 1933, fue una destacada figura política y pública, vinculada durante décadas a la vida institucional gala Leer  

La muerte a los 93 años de Bernadette Chirac, viuda del ex presidente Jacques Chirac, ha unido a la clase política y ha dejado en Francia una sensación de duelo nacional. El presidente Emmanuel Macron la despidió como «una gran dama de corazón que marcó nuestra historia», y su esposa Brigitte -que «heredó» de ella la presidencia de la Fundación de los Hospitales de París- recordó su compromiso con el destino de millones de enfermos.

El Palacio del Elíseo puso a disposición de los franceses un libro de condolencias desde las tres de la tarde del sábado y en todo el país se prodigaron actos de homenaje, especialmente en Corrèze, el departamento en el que fue elegida como consejera general entre 1979 y 2015, la primera primera dama francesa que ejerció personalmente un cargo político.

Bernadette Chirac falleció el viernes por la noche «en paz y rodeada de sus seres queridos», según informó a los medios su hija Claude Chirac. El pasado 18 de mayo había cumplido 93 años y llevaba varios meses retirada de la vida pública por problemas de salud.

«Mi marido ya no sigue en la política, pero yo sí», declaró Bernadette Chirac en 2007, cuando su esposo abandonó finalmente el Elíseo después de haber sido alcalde de París y primer ministro. Estuvieron casados 63 años, y ella misma reconoció en su exitoso libro de memorias («Conversación», más de 300.000 ejemplares) que la ambición pesó más que el amor en una unión que sobrevivió a los vaivenes políticos y a constantes infidelidades.

Nacida en una familia militar, católica devota y situada más a la derecha políticamente que Jacques Chirac, Bernadette no encajó en los moldes de la sumisa primera dama y acabó convirtiéndose en toda una institución. El filósofo católico Jean Guiton la definió como «la última reina de Francia», y ella asumió su papel.

El encuentro con el apuesto Jacques Chirac se produjo cuando ambos estudiaban en la universidad Sciences Po de París. Se casaron en 1956, y juntos fraguaron una alianza en el departamento de Corrèze que le sirvió como catapulta política. En 1962, con treinta años, el joven Chirac se incorporó al gabinete de Georges Pompidou, y en 1974 fue nombrado primer ministro por Valéry Giscard d’Estaing. Aun así, aún tardaría dos décadas, hasta 1995, en llegar finalmente al Elíseo, y al tercer intento.

La presencia de Bernie a su lado (como popularmente se la conocía), con sus pequeños bolsos y sus peinados reconocibles entre mil, es una constante durante el ascenso de Chirac, que siempre reconoció el apoyo inquebrantable de su esposa como una de las razones de su ascenso político. Chirac puso el carisma y ella aportó,a su manera, el cerebro y la chispa, reconocible también por su sentido del humor.

«Fue una gran amiga, fiel, valiente, divertida, exigente y afectuosa», declaró Nicolas Sarkozy tras conocer la muerte de Bernadette Chirac, artífice de la reconciliación entre los dos políticos, pese a la querencia de su marido por su rival Dominique de Villepin (a quien llegó a rebautizar como Nerón).

La derecha gaullista rindió un tributo especial a Bernadette Chirac, con el líder de Los Republicanos, Bruno Retailleau, al frente: «Fue una mujer excepcional que encarnó, con una dignidad poco común, el sentido del deber y del amor por Francia». El centrista y ex primer ministro Gabriel Attal la despidió como «una mujer de carácter, de una fuerza poco común, que se convirtió en un rostro familiar y apreciado por todos».

Los elogios llegaron también desde la izquierda francesa. El ex presidente François Hollande la definió como «una dama obstinada, voluntariosa y sin duda entregada, pero sobre todo independiente». El líder del Partido Socialista Olivier Faure fue aún más allá: «Supo hacerse un lugar en un siglo en el que las mujeres eran presentadas como prolongaciones de sus maridos. A su manera, participó en la lucha feminista».

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