Cansancio, apatía, disminución en la memoria de trabajo, aumento de lapsus atencionales, alteración en la toma de decisiones… ¿Le suena? Cuando la calidad del sueño es deficiente, los expertos en el asunto aseguran que se reduce la actividad prefrontal y condiciona el peso de sistemas límbicos, lo que se traduce en decisiones más impulsivas e inconscientes , con mayor sesgo hacia respuestas inmediatas. «Dormir bien es un pilar clave para el correcto funcionamiento de las funciones cognitivas superiores -puntualiza Elena Martín Ferrer, neuropsicóloga clínica de Yees! -. Favorece la eficiencia de redes frontoparietales implicadas en la atención sostenida y selectiva, así como la integridad funcional del eje hipocampo–corteza prefrontal, clave en los procesos de codificación, consolidación y recuperación de la memoria. —¿Qué ocurre en el cerebro mientras dormimos para que sea tan necesario este descanso para un correcto desarrollo cognitivo?—El cerebro despliega una intensa actividad neurobiológica esencial para la homeostasis cerebral y el desarrollo cognitivo. En las fases de sueño de ondas lentas (NREM) se produce la consolidación de la memoria declarativa a través de la reactivación neuronal. Favorece la estabilización y reorganización de la información adquirida durante el día (vigilia), integrándola en redes neocorticales más amplias. Simultáneamente, mecanismos como la homeostasis sináptica permiten una ‘poda’ eficiente de conexiones irrelevantes, optimizando la eficiencia neuronal. En la fase del sueño REM se integran aspectos emocionales y se favorece la creatividad y la flexibilidad cognitiva. A su vez, el sistema glinfático incrementa su actividad, facilitando la eliminación de metabolitos neurotóxicos como el beta-amiloide, lo que resulta clave para el mantenimiento de la salud cerebral. —¿Cómo afecta la falta de sueño de forma sostenida al rendimiento intelectual y emocional de una persona?—Las funciones ejecutivas son especialmente vulnerables a la privación sostenida de sueño. Disminuye la capacidad de planificación, la toma de decisiones, la memoria de trabajo y la velocidad de procesamiento. Esto se relaciona con una hipofuncionalidad de la corteza prefrontal dorsolateral y una alteración en la conectividad con otras áreas. Además, se observa una mayor activación de la amígdala y una menor regulación cortical, lo que aumenta la reactividad emocional y disminuye la capacidad de regularnos. Favoreciendo así la aparición de irritabilidad, impulsividad, ansiedad y una mayor vulnerabilidad al estrés.Noticia relacionada general No No Psiconeuroinmunología «La gimnasia cerebral no está en hacer sudokus, sino en cómo vivimos» Laura Peraita —¿Se pueden recuperar las funciones cognitivas tras periodos prolongados de mal descanso o insomnio? ¿Cómo? ¿Durmiendo más?—La recuperación de las funciones cognitivas tras periodos prolongados de un mal descanso es posible, pero no es inmediata ni lineal, y depende de múltiples factores como duración de la privación, la edad y la presencia de otros factores de riesgo, entre otros. No siempre basta con ‘dormir más’, el exceso de sueño desorganizado no compensa completamente los déficits acumulados. Se trata de reconstruir patrones de sueño estables y de calidad. Cuando el insomnio ha sido prolongado, pueden persistir déficits residuales, especialmente en funciones ejecutivas, lo que hace recomendable intervenir mediante estrategias de higiene del sueño e incluso abordajes clínicos como la terapia cognitivo-conductual para el insomnio. —¿Qué papel juega el sueño en el aprendizaje y la memoria?—El sueño desempeña un papel activo y esencial en el aprendizaje: consolida la información adquirida, la reorganiza y la hace más accesible. La falta de sueño interfiere tanto en la fase de codificación como en la consolidación, reduciendo significativamente la eficacia del aprendizaje. —¿Qué es preferible: que un alumno repase su examen del día siguiente hasta la madrugada o que se acueste antes de cara a obtener buenos resultados?—Aunque el repaso intensivo puede generar una sensación subjetiva de mayor preparación, la privación de sueño compromete la consolidación de la información y repercute en la capacidad de recuperarla al día siguiente, lo que puede traducirse en bloqueos o dificultades durante el examen. Dormir adecuadamente permite consolidar lo aprendido y optimizar el estado cognitivo y emocional necesario para afrontar el examen con mayor eficacia.—¿Existen grandes diferencias en el impacto del sueño según la edad o la etapa vital de la persona?—La arquitectura del sueño varía significativamente según la etapa vital: en la infancia y adolescencia predomina una mayor necesidad de sueño profundo para el neurodesarrollo, la plasticidad cerebral y el aprendizaje. En la adultez, el sueño tiende a estabilizarse, aunque factores como el estrés pueden alterarlo, y en adultos mayores se observa una fragmentación del sueño que puede influir en el rendimiento cognitivo y aumentar la vulnerabilidad a procesos neurodegenerativos. —¿Qué señales indican que el descanso no está siendo reparador, aunque se duerman varias horas?—El sueño no reparador puede identificarse a través de múltiples indicadores: somnolencia diurna excesiva, fatiga persistente, sensación subjetiva de no haber descansado, dificultades de concentración, fallos de memoria, irritabilidad y disminución del rendimiento. También pueden aparecer síntomas fisiológicos como dolores de cabeza en la mañana o sensación de pesadez corporal. Estos signos sugieren una alteración en la calidad del sueño o en su arquitectura, más allá de la cantidad total de horas que durmamos.«La regularidad en los horarios de sueño es incluso más determinante que el número total de horas dormidas, ya que asegura una adecuada sincronización circadiana»—¿Qué hábitos diarios pueden favorecer un sueño de calidad y, con ello, un mejor funcionamiento cognitivo?—Para optimizar la calidad del sueño, se recomiendan hábitos de higiene del sueño como la regularidad horaria (mantener horarios regulares de sueño y vigilia), la exposición adecuada a la luz natural, la reducción de estímulos digitales antes de dormir y la práctica de ejercicio físico moderado (evitar en horas cercanas al descanso), así como una alimentación equilibrada que evite estimulantes en las horas previas a dormir. Crear un entorno adecuado (oscuro, silencioso y con temperatura confortable) también favorece la conciliación y mantenimiento del sueño.—¿Qué relación hay entre el estrés, la ansiedad y las alteraciones del sueño?—El estrés y la ansiedad influyen de manera directa en la calidad del sueño a través de la activación de sistemas neuroendocrinos y cognitivos. La activación del eje hipotálamo-hipófiso-adrenal incrementa la liberación de cortisol, dificultando la conciliación del sueño y favoreciendo despertares nocturnos. Además, la hiperactivación cognitiva característica de la ansiedad (rumiación y preocupación anticipatoria) interfieren en el inicio del sueño. —¿Puede considerarse que dormir bien es una herramienta preventiva frente al deterioro cognitivo o enfermedades neurodegenerativas?—El sueño de calidad actúa como factor protector clave frente al deterioro cognitivo. Durante el sueño, especialmente en fases profundas, se activa el sistema glinfático, responsable de la eliminación de proteínas potencialmente neurotóxicas como el beta-amiloide y la proteína tau, cuya acumulación se asocia a enfermedades como el Alzheimer. Además, el sueño favorece la neuroplasticidad, la integridad sináptica y la regulación emocional, todos ellos elementos fundamentales para el mantenimiento de la salud. —¿Qué importancia tiene la regularidad en los horarios de sueño frente al número total de horas dormidas?—La regularidad en los horarios de sueño es incluso más determinante que el número total de horas dormidas, ya que asegura una adecuada sincronización circadiana. Dormir de forma irregular puede alterar la arquitectura del sueño y reducir su calidad. La consistencia en los horarios favorece una liberación óptima de melatonina y una mejor organización de las fases del sueño, lo que se traduce en un descanso más reparador y un mejor rendimiento cognitivo.MÁS INFORMACIÓN noticia Si Dormir bien, el ‘entrenamiento silencioso’ que marca la diferencia entre rendir o lesionarse noticia Si «Parar la centrifugadora en la que vivimos es la clave para recuperar la ilusión» noticia Si La ‘regla ABCDE’ para explorar tus lunares —¿De qué manera influye la alimentación y el ejercicio físico en la calidad del sueño y el rendimiento mental?—La alimentación y el ejercicio físico desempeñan un papel fundamental en el sueño y el rendimiento cognitivo. Una dieta equilibrada, rica en nutrientes como triptófano, magnesio y vitaminas del grupo B favorece la síntesis de neurotransmisores implicados en la regulación del sueño, como la serotonina y la melatonina. El ejercicio físico regular contribuye a mejorar la eficiencia del sueño, aumentar el tiempo en fases profundas y reducir los niveles de estrés. Ambos factores promueven un mejor equilibrio neurofisiológico, un óptimo rendimiento mental y una mayor estabilidad emocional. Cansancio, apatía, disminución en la memoria de trabajo, aumento de lapsus atencionales, alteración en la toma de decisiones… ¿Le suena? Cuando la calidad del sueño es deficiente, los expertos en el asunto aseguran que se reduce la actividad prefrontal y condiciona el peso de sistemas límbicos, lo que se traduce en decisiones más impulsivas e inconscientes , con mayor sesgo hacia respuestas inmediatas. «Dormir bien es un pilar clave para el correcto funcionamiento de las funciones cognitivas superiores -puntualiza Elena Martín Ferrer, neuropsicóloga clínica de Yees! -. Favorece la eficiencia de redes frontoparietales implicadas en la atención sostenida y selectiva, así como la integridad funcional del eje hipocampo–corteza prefrontal, clave en los procesos de codificación, consolidación y recuperación de la memoria. —¿Qué ocurre en el cerebro mientras dormimos para que sea tan necesario este descanso para un correcto desarrollo cognitivo?—El cerebro despliega una intensa actividad neurobiológica esencial para la homeostasis cerebral y el desarrollo cognitivo. En las fases de sueño de ondas lentas (NREM) se produce la consolidación de la memoria declarativa a través de la reactivación neuronal. Favorece la estabilización y reorganización de la información adquirida durante el día (vigilia), integrándola en redes neocorticales más amplias. Simultáneamente, mecanismos como la homeostasis sináptica permiten una ‘poda’ eficiente de conexiones irrelevantes, optimizando la eficiencia neuronal. En la fase del sueño REM se integran aspectos emocionales y se favorece la creatividad y la flexibilidad cognitiva. A su vez, el sistema glinfático incrementa su actividad, facilitando la eliminación de metabolitos neurotóxicos como el beta-amiloide, lo que resulta clave para el mantenimiento de la salud cerebral. —¿Cómo afecta la falta de sueño de forma sostenida al rendimiento intelectual y emocional de una persona?—Las funciones ejecutivas son especialmente vulnerables a la privación sostenida de sueño. Disminuye la capacidad de planificación, la toma de decisiones, la memoria de trabajo y la velocidad de procesamiento. Esto se relaciona con una hipofuncionalidad de la corteza prefrontal dorsolateral y una alteración en la conectividad con otras áreas. Además, se observa una mayor activación de la amígdala y una menor regulación cortical, lo que aumenta la reactividad emocional y disminuye la capacidad de regularnos. Favoreciendo así la aparición de irritabilidad, impulsividad, ansiedad y una mayor vulnerabilidad al estrés.Noticia relacionada general No No Psiconeuroinmunología «La gimnasia cerebral no está en hacer sudokus, sino en cómo vivimos» Laura Peraita —¿Se pueden recuperar las funciones cognitivas tras periodos prolongados de mal descanso o insomnio? ¿Cómo? ¿Durmiendo más?—La recuperación de las funciones cognitivas tras periodos prolongados de un mal descanso es posible, pero no es inmediata ni lineal, y depende de múltiples factores como duración de la privación, la edad y la presencia de otros factores de riesgo, entre otros. No siempre basta con ‘dormir más’, el exceso de sueño desorganizado no compensa completamente los déficits acumulados. Se trata de reconstruir patrones de sueño estables y de calidad. Cuando el insomnio ha sido prolongado, pueden persistir déficits residuales, especialmente en funciones ejecutivas, lo que hace recomendable intervenir mediante estrategias de higiene del sueño e incluso abordajes clínicos como la terapia cognitivo-conductual para el insomnio. —¿Qué papel juega el sueño en el aprendizaje y la memoria?—El sueño desempeña un papel activo y esencial en el aprendizaje: consolida la información adquirida, la reorganiza y la hace más accesible. La falta de sueño interfiere tanto en la fase de codificación como en la consolidación, reduciendo significativamente la eficacia del aprendizaje. —¿Qué es preferible: que un alumno repase su examen del día siguiente hasta la madrugada o que se acueste antes de cara a obtener buenos resultados?—Aunque el repaso intensivo puede generar una sensación subjetiva de mayor preparación, la privación de sueño compromete la consolidación de la información y repercute en la capacidad de recuperarla al día siguiente, lo que puede traducirse en bloqueos o dificultades durante el examen. Dormir adecuadamente permite consolidar lo aprendido y optimizar el estado cognitivo y emocional necesario para afrontar el examen con mayor eficacia.—¿Existen grandes diferencias en el impacto del sueño según la edad o la etapa vital de la persona?—La arquitectura del sueño varía significativamente según la etapa vital: en la infancia y adolescencia predomina una mayor necesidad de sueño profundo para el neurodesarrollo, la plasticidad cerebral y el aprendizaje. En la adultez, el sueño tiende a estabilizarse, aunque factores como el estrés pueden alterarlo, y en adultos mayores se observa una fragmentación del sueño que puede influir en el rendimiento cognitivo y aumentar la vulnerabilidad a procesos neurodegenerativos. —¿Qué señales indican que el descanso no está siendo reparador, aunque se duerman varias horas?—El sueño no reparador puede identificarse a través de múltiples indicadores: somnolencia diurna excesiva, fatiga persistente, sensación subjetiva de no haber descansado, dificultades de concentración, fallos de memoria, irritabilidad y disminución del rendimiento. También pueden aparecer síntomas fisiológicos como dolores de cabeza en la mañana o sensación de pesadez corporal. Estos signos sugieren una alteración en la calidad del sueño o en su arquitectura, más allá de la cantidad total de horas que durmamos.«La regularidad en los horarios de sueño es incluso más determinante que el número total de horas dormidas, ya que asegura una adecuada sincronización circadiana»—¿Qué hábitos diarios pueden favorecer un sueño de calidad y, con ello, un mejor funcionamiento cognitivo?—Para optimizar la calidad del sueño, se recomiendan hábitos de higiene del sueño como la regularidad horaria (mantener horarios regulares de sueño y vigilia), la exposición adecuada a la luz natural, la reducción de estímulos digitales antes de dormir y la práctica de ejercicio físico moderado (evitar en horas cercanas al descanso), así como una alimentación equilibrada que evite estimulantes en las horas previas a dormir. Crear un entorno adecuado (oscuro, silencioso y con temperatura confortable) también favorece la conciliación y mantenimiento del sueño.—¿Qué relación hay entre el estrés, la ansiedad y las alteraciones del sueño?—El estrés y la ansiedad influyen de manera directa en la calidad del sueño a través de la activación de sistemas neuroendocrinos y cognitivos. La activación del eje hipotálamo-hipófiso-adrenal incrementa la liberación de cortisol, dificultando la conciliación del sueño y favoreciendo despertares nocturnos. Además, la hiperactivación cognitiva característica de la ansiedad (rumiación y preocupación anticipatoria) interfieren en el inicio del sueño. —¿Puede considerarse que dormir bien es una herramienta preventiva frente al deterioro cognitivo o enfermedades neurodegenerativas?—El sueño de calidad actúa como factor protector clave frente al deterioro cognitivo. Durante el sueño, especialmente en fases profundas, se activa el sistema glinfático, responsable de la eliminación de proteínas potencialmente neurotóxicas como el beta-amiloide y la proteína tau, cuya acumulación se asocia a enfermedades como el Alzheimer. Además, el sueño favorece la neuroplasticidad, la integridad sináptica y la regulación emocional, todos ellos elementos fundamentales para el mantenimiento de la salud. —¿Qué importancia tiene la regularidad en los horarios de sueño frente al número total de horas dormidas?—La regularidad en los horarios de sueño es incluso más determinante que el número total de horas dormidas, ya que asegura una adecuada sincronización circadiana. Dormir de forma irregular puede alterar la arquitectura del sueño y reducir su calidad. La consistencia en los horarios favorece una liberación óptima de melatonina y una mejor organización de las fases del sueño, lo que se traduce en un descanso más reparador y un mejor rendimiento cognitivo.MÁS INFORMACIÓN noticia Si Dormir bien, el ‘entrenamiento silencioso’ que marca la diferencia entre rendir o lesionarse noticia Si «Parar la centrifugadora en la que vivimos es la clave para recuperar la ilusión» noticia Si La ‘regla ABCDE’ para explorar tus lunares —¿De qué manera influye la alimentación y el ejercicio físico en la calidad del sueño y el rendimiento mental?—La alimentación y el ejercicio físico desempeñan un papel fundamental en el sueño y el rendimiento cognitivo. Una dieta equilibrada, rica en nutrientes como triptófano, magnesio y vitaminas del grupo B favorece la síntesis de neurotransmisores implicados en la regulación del sueño, como la serotonina y la melatonina. El ejercicio físico regular contribuye a mejorar la eficiencia del sueño, aumentar el tiempo en fases profundas y reducir los niveles de estrés. Ambos factores promueven un mejor equilibrio neurofisiológico, un óptimo rendimiento mental y una mayor estabilidad emocional.
Cansancio, apatía, disminución en la memoria de trabajo, aumento de lapsos atencionales, alteración en la toma de decisiones… ¿Le suena? Cuando la calidad del sueño es deficiente, lo expertos en el asunto aseguran que se reduce la actividad prefrontal y favorece mayor peso de sistemas … límbicos, lo que se traduce en decisiones más impulsivas e inconscientes, con mayor sesgo hacia respuestas inmediatas. «Dormir bien es un pilar clave para el correcto funcionamiento de las funciones cognitivas superiores -puntualiza Elena Martín Ferrer, neuropsicóloga clínica de Yees!-. Favorece la eficiencia de redes frontoparietales implicadas en la atención sostenida y selectiva, así como la integridad funcional del eje hipocampo–corteza prefrontal, clave en los procesos de codificación, consolidación y recuperación de la memoria.
—¿Qué ocurre en el cerebro mientras dormimos para que sea tan necesario este descanso para un correcto desarrollo cognitivo?
—El cerebro despliega una intensa actividad neurobiológica esencial para la homeostasis cerebral y el desarrollo cognitivo. En las fases de sueño de ondas lentas (NREM) se produce la consolidación de la memoria declarativa a través de la reactivación neuronal. Favorece la estabilización y reorganización de la información adquirida durante el día (vigilia), integrándola en redes neocorticales más amplias. Simultáneamente, mecanismos como la homeostasis sináptica permiten una ‘poda’ eficiente de conexiones irrelevantes, optimizando la eficiencia neuronal. En la fase del sueño REM se integran aspectos emocionales y se favorece la creatividad y la flexibilidad cognitiva. A su vez, el sistema glinfático incrementa su actividad, facilitando la eliminación de metabolitos neurotóxicos como el beta-amiloide, lo que resulta clave para el mantenimiento de la salud cerebral.
—¿Cómo afecta la falta de sueño de forma sostenida al rendimiento intelectual y emocional de una persona?
—Las funciones ejecutivas son especialmente vulnerables a la privación sostenida de sueño. Disminuye la capacidad de planificación, la toma de decisiones, la memoria de trabajo y la velocidad de procesamiento. Esto se relaciona con una hipofuncionalidad de la corteza prefrontal dorsolateral y una alteración en la conectividad con otras áreas. Además, se observa una mayor activación de la amígdala y una menor regulación cortical, lo que aumenta la reactividad emocional y disminuye la capacidad de regularnos. Favoreciendo así la aparición de irritabilidad, impulsividad, ansiedad y una mayor vulnerabilidad al estrés.
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Psiconeuroinmunología
Laura Peraita
—¿Se pueden recuperar las funciones cognitivas tras periodos prolongados de mal descanso o insomnio? ¿Cómo? ¿Durmiendo más?
—La recuperación de las funciones cognitivas tras periodos prolongados de un mal descanso es posible, pero no es inmediata ni lineal, y depende de múltiples factores como duración de la privación, la edad y la presencia de otros factores de riesgo, entre otros. No siempre basta con ‘dormir más’, el exceso de sueño desorganizado no compensa completamente los déficits acumulados. Se trata de reconstruir patrones de sueño estables y de calidad. Cuando el insomnio ha sido prolongado, pueden persistir déficits residuales, especialmente en funciones ejecutivas, lo que hace recomendable intervenir mediante estrategias de higiene del sueño e incluso abordajes clínicos como la terapia cognitivo-conductual para el insomnio.
—¿Qué papel juega el sueño en el aprendizaje y la memoria?
—El sueño desempeña un papel activo y esencial en el aprendizaje: consolida la información adquirida, la reorganiza y la hace más accesible. La falta de sueño interfiere tanto en la fase de codificación como en la consolidación, reduciendo significativamente la eficacia del aprendizaje.
—¿Es preferible que un alumno repase su examen del día siguiente hasta la madrugada o que se acueste antes de cara a obtener buenos resultados?
—Aunque el repaso intensivo puede generar una sensación subjetiva de mayor preparación, la privación de sueño compromete la consolidación de la información y repercute en la capacidad de recuperarla al día siguiente, lo que puede traducirse en bloqueos o dificultades durante el examen. Dormir adecuadamente permite consolidar lo aprendido y optimizar el estado cognitivo y emocional necesario para afrontar el examen con mayor eficacia.
—¿Existen grandes diferencias en el impacto del sueño según la edad o la etapa vital de la persona?
—La arquitectura del sueño varía significativamente según la etapa vital: en la infancia y adolescencia predomina una mayor necesidad de sueño profundo para el neurodesarrollo, la plasticidad cerebral y el aprendizaje. En la adultez, el sueño tiende a estabilizarse, aunque factores como el estrés pueden alterarlo, y en adultos mayores se observa una fragmentación del sueño que puede influir en el rendimiento cognitivo y aumentar la vulnerabilidad a procesos neurodegenerativos.
—¿Qué señales indican que el descanso no está siendo reparador, aunque se duerman varias horas?
—El sueño no reparador puede identificarse a través de múltiples indicadores: somnolencia diurna excesiva, fatiga persistente, sensación subjetiva de no haber descansado, dificultades de concentración, fallos de memoria, irritabilidad y disminución del rendimiento. También pueden aparecer síntomas fisiológicos como dolores de cabeza en la mañana o sensación de pesadez corporal. Estos signos sugieren una alteración en la calidad del sueño o en su arquitectura, más allá de la cantidad total de horas que durmamos.
«La regularidad en los horarios de sueño es incluso más determinante que el número total de horas dormidas, ya que asegura una adecuada sincronización circadiana»
—¿Qué hábitos diarios pueden favorecer un sueño de calidad y, con ello, un mejor funcionamiento cognitivo?
—Para optimizar la calidad del sueño, se recomiendan hábitos de higiene del sueño como la regularidad horaria (mantener horarios regulares de sueño y vigilia), la exposición adecuada a la luz natural, la reducción de estímulos digitales antes de dormir y la práctica de ejercicio físico moderado (evitar en horas cercanas al descanso), así como una alimentación equilibrada que evite estimulantes en las horas previas a dormir. Crear un entorno adecuado (oscuro, silencioso y con temperatura confortable) también favorece la conciliación y mantenimiento del sueño.
—¿Qué relación hay entre el estrés, la ansiedad y las alteraciones del sueño?
—El estrés y la ansiedad influyen de manera directa en la calidad del sueño a través de la activación de sistemas neuroendocrinos y cognitivos. La activación del eje hipotálamo-hipófiso-adrenal incrementa la liberación de cortisol, dificultando la conciliación del sueño y favoreciendo despertares nocturnos. Además, la hiperactivación cognitiva característica de la ansiedad (rumiación y preocupación anticipatoria) interfieren en el inicio del sueño.
—¿Puede considerarse que dormir bien esuna herramienta preventiva frente al deterioro cognitivo o enfermedades neurodegenerativas?
—El sueño de calidad actúa como factor protector clave frente al deterioro cognitivo. Durante el sueño, especialmente en fases profundas, se activa el sistema glinfático, responsable de la eliminación de proteínas potencialmente neurotóxicas como el beta-amiloide y la proteína tau, cuya acumulación se asocia a enfermedades como el Alzheimer. Además, el sueño favorece la neuroplasticidad, la integridad sináptica y la regulación emocional, todos ellos elementos fundamentales para el mantenimiento de la salud.
—¿Qué importancia tiene la regularidad en los horarios de sueño frente al número total de horas dormidas?
—La regularidad en los horarios de sueño es incluso más determinante que el número total de horas dormidas, ya que asegura una adecuada sincronización circadiana. Dormir de forma irregular puede alterar la arquitectura del sueño y reducir su calidad. La consistencia en los horarios favorece una liberación óptima de melatonina y una mejor organización de las fases del sueño, lo que se traduce en un descanso más reparador y un mejor rendimiento cognitivo.
—¿Cómo influye la alimentación y el ejercicio físico en la calidad del sueño y el rendimiento mental?
—La alimentación y el ejercicio físico desempeñan un papel fundamental en el sueño y el rendimiento cognitivo. Una dieta equilibrada, rica en nutrientes como triptófano, magnesio y vitaminas del grupo B favorece la síntesis de neurotransmisores implicados en la regulación del sueño, como la serotonina y la melatonina. El ejercicio físico regular contribuye a mejorar la eficiencia del sueño, aumentar el tiempo en fases profundas y reducir los niveles de estrés. Ambos factores promueven un mejor equilibrio neurofisiológico, un óptimo rendimiento mental y una mayor estabilidad emocional.
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