El poder del no

Aprender a decir que no es hoy una competencia de supervivencia y también de liderazgo. En un mundo hiperconectado, que confunde disponibilidad con generosidad, el sí automático se ha convertido en una fuga silenciosa: de tiempo, de energía y, al final, de salud. El problema es que decir que no cuesta especialmente a quien quiere quedar bien con todo el mundo. Pero hay una verdad incómoda que nos libera: es imposible caer bien a todo el mundo y es imposible complacer a todo el mundo. Aceptarlo es recuperar las riendas de nuestra propia vida.

Seguir leyendo…

 Aprender a decir que no es hoy una competencia de supervivencia y también de liderazgo. En un mundo hiperconectado, que confunde disponibilidad con generosidad, el sí automático se ha convertido en una fuga silenciosa: de tiempo, de energía y, al final, de salud. El problema es que decir que no cuesta especialmente a quien quiere quedar bien con todo el mundo. Pero hay una verdad incómoda que nos libera: es imposible caer bien a todo el mundo y es imposible complacer a todo el mundo. Aceptarlo es recuperar las riendas de nuestra propia vida.Seguir leyendo…  

Aprender a decir que no es hoy una competencia de supervivencia y también de liderazgo. En un mundo hiperconectado, que confunde disponibilidad con generosidad, el sí automático se ha convertido en una fuga silenciosa: de tiempo, de energía y, al final, de salud. El problema es que decir que no cuesta especialmente a quien quiere quedar bien con todo el mundo. Pero hay una verdad incómoda que nos libera: es imposible caer bien a todo el mundo y es imposible complacer a todo el mundo. Aceptarlo es recuperar las riendas de nuestra propia vida.

Hace años, un amigo me explicó que se había hecho un Plan Estratégico de Amigos. Me hizo sonreír… y me hizo pensar. En las empresas planificamos porque los recursos son escasos. Pues el tiempo libre también lo es, quizás el más escaso de todos. Y, sin embargo, lo gestionamos como si fuera infinito: cenas por inercia, fines de semana “por compromiso”, invitaciones que aceptamos para
no desagradar. El resultado: una agenda muy llena pero poca vida.

Cada sí que damos tiene uno coste de oportunidad: siempre es un no a algo que importa

Este plan no es elitismo. Se trata de priorizar encuentros con personas que nos aportan algo esencial. ¿Y qué significa “esencial”? Pues compartir valores, estilo de vida, prioridades. ¿Cuántas veces salimos de una cena y decimos: “Son encantadores, pero no coincidimos en lo que es importante”? Entonces, ¿por qué invertimos nuestro bien más limitado y más preciado? Como decía mi madre, conoceremos a mucha gente pero a pocas personas.

La priorización, inevitablemente, nos obliga a decir que no. A decir no a cenas entre semana que nos desmontan el día siguiente. A acontecimientos que prometen conexiones pero roban descanso. A fines de semana que, en realidad, nos alejan de lo que nos recarga. Decir no no es ofender a nadie: es ordenar nuestro tiempo y nuestras prioridades. Cada sí tiene un coste de oportunidad: siempre es uno no a algo que importa. Si no lo hacemos, el cuerpo pone límites por sus medios: estrés, irritabilidad, cansancio crónico, problemas de salud. Y hay otra consecuencia a largo plazo: podemos acabar dedicando nuestro tiempo a relaciones que desaparecen cuando cambia el viento. Conozco el caso de un gran empresario que ha caído en depresión por una constatación devastadora: cuando el poder y la influencia se desvanecen, muchos “amigos” también lo hacen. Es duro, pero es una gran lección: la agenda no es capital social; la lealtad sí. La vida, al final, no es lo que planificamos: es lo que pasa mientras planificamos. Podemos prepararnos, pero la salud, la suerte y los imprevistos juegan su partida. Por eso conviene disfrutar del día a día y de los pequeños momentos, los que no salen a las fotos de las redes sociales.

A veces vivimos atrapados entre recuerdos y futuros, y nos perdemos el ahora. Somos el tiempo que nos queda… y no sabemos la cantidad. Eduard Punset decía que no estaba demostrado que nos tuviéramos que morir; la realidad, tozuda, acabó demostrando lo contrario. Precisamente por eso, decir que no es una manera de decir sí: sí a la calma, sí a la gente auténtica, sí a una vida menos llena de compromisos y más llena de sentido.

 Economía

Te Puede Interesar

  • De la macro a la micro

  • Inmigrantes en el paro

  • De Sunzi a Ashoka

  • Los alquileres en Catalunya vuelven a subir pese al tope de precios