El futuro según Elon Musk

Elon Musk, según su propio relato, es una moderna Casandra: mejor que la mayoría a la hora de predecir el futuro, pero condenado a que no le crean. “La gente no se da cuenta de que lo que digo terminará ocurriendo”, afirma en una entrevista de 90 minutos concedida a The Economist para The Insider, realizada en una gigantesca fábrica de Tesla en Texas donde los coches eléctricos salen por sí solos de la cadena de montaje. Puede que esto se deba a que sus predicciones sobre el futuro van desde lo inquietante hasta lo directamente extraño. Musk vaticina que, en menos de cinco años, los sistemas de inteligencia artificial podrían superar la suma de toda la inteligencia humana. En menos de diez años, los robots en el trabajo contribuirán a inaugurar una era de “abundancia asombrosa” en la que el dinero dejará de tener sentido. Y en unos veinte años, Reino Unido —un país que no visita desde hace años— se verá envuelto en una guerra civil.

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 El hombre más rico del mundo vaticina que la IA convertirá el trabajo en algo opcional y el dinero, en irrelevante  

Elon Musk, según su propio relato, es una moderna Casandra: mejor que la mayoría a la hora de predecir el futuro, pero condenado a que no le crean. “La gente no se da cuenta de que lo que digo terminará ocurriendo”, afirma en una entrevista de 90 minutos concedida a The Economist para The Insider, realizada en una gigantesca fábrica de Tesla en Texas donde los coches eléctricos salen por sí solos de la cadena de montaje. Puede que esto se deba a que sus predicciones sobre el futuro van desde lo inquietante hasta lo directamente extraño. Musk vaticina que, en menos de cinco años, los sistemas de inteligencia artificial podrían superar la suma de toda la inteligencia humana. En menos de diez años, los robots en el trabajo contribuirán a inaugurar una era de “abundancia asombrosa” en la que el dinero dejará de tener sentido. Y en unos veinte años, Reino Unido —un país que no visita desde hace años— se verá envuelto en una guerra civil.

Créanlo o no, las predicciones de Musk, que el mes pasado se convirtió brevemente en el primer billonario del mundo, merecen ser tomadas en serio. La fuerza motriz detrás de Tesla y SpaceX, una empresa de cohetes transformada en conglomerado de inteligencia artificial, está haciendo más que ningún otro emprendedor para moldear el futuro. Su influencia —impulsada por el dinero y hazañas de genialidad ingenieril— se extiende desde la Casa Blanca hasta focos de conflicto global como Ucrania. Con 240 millones de seguidores en X, su plataforma de redes sociales, las opiniones de Musk, especialmente las más controvertidas, tienen importantes repercusiones.

Con botas negras y una chaqueta de cuero con el logotipo de Grok, su chatbot, en la espalda, dejó entrever destellos de la determinación férrea que le ayudó a liderar la producción en masa de vehículos eléctricos y a enviar cohetes reutilizables al espacio contra todo pronóstico. También dejó claro hasta qué punto está empeñado en imponer su propia visión de la realidad, llegando incluso a la intransigencia en cuestiones ajenas a su ámbito de conocimiento.

Fue la primera entrevista en profundidad de Musk desde la salida a bolsa de SpaceX, que alcanzó un valor de 2,6 billones de dólares en los días posteriores al inicio de la cotización, pero que desde entonces ha caído hasta 1,6 billones, un 20% menos que su primer precio en el mercado. El tema principal de la conversación fue la inteligencia artificial. Según él, es una tecnología capaz de hacerle pasar de la euforia al terror en un solo día. Por ahora, su “conclusión filosófica” es intentar ver el lado positivo.

El fundador de SpaceX cree que será necesaria una redistribución de la riqueza para lograr una “renta alta universal” para las personas

Es una decisión que le beneficia de forma conveniente. Musk cree que, con el tiempo, los sistemas de IA y los robots asumirán la mayoría de trabajos digitales y físicos, haciendo que el trabajo humano sea “opcional”. Con ese objetivo, xAI (ahora denominada SpaceXAI) está desarrollando sistemas capaces de realizar tareas cognitivas como la programación de software, mientras que Tesla fabrica humanoides. Musk planea alimentar todo este entramado de inteligencia artificial con centros de datos en el espacio.

Sin empleo, sugiere que quizá sea necesario realizar una redistribución de la riqueza a gran escala para lograr una “renta alta universal” para las personas. Sin embargo, aunque el hombre más rico del mundo afirma estar dispuesto a pagar “billones en impuestos”, también sostiene que el dinero será irrelevante dentro de una década. Por eso defiende que los gobiernos deberían simplemente “dar cheques a la gente”, ya que, ante una oferta infinita de bienes y servicios producidos por máquinas, la deflación será un problema mayor que la inflación.

Musk reconoce que existen riesgos inminentes asociados a los sistemas de IA cada vez más potentes. Al señalar que las capacidades de los modelos más avanzados están mejorando a gran velocidad, detalla una propuesta reciente de Demis Hassabis, cofundador de Google DeepMind, para que el gobierno de Estados Unidos cree un organismo de autorregulación a través del cual la propia industria pueda evaluar sus modelos en busca de posibles peligros. Musk defiende que este esfuerzo debería ampliarse a China y que los principales laboratorios de IA, incluidos los chinos, deberían disponer de una o dos semanas para inspeccionar los modelos más recientes del resto antes de que salgan al mercado, informando a los gobiernos de Washington y Pekín si detectan riesgos. “La competencia puede servir para que todos sean honestos”.

Elon Musk, durante la entrevista con 'The Economist' 
Elon Musk, durante la entrevista con ‘The Economist’ The Economist / YouTube

Llega a sugerir Musk que, para garantizar la seguridad de los modelos, incluso podría estar dispuesto a hacer las paces con Sam Altman, director de OpenAI, con quien ha mantenido una batalla judicial perdida por reproches derivados de los tiempos en los que fundaron juntos el laboratorio de inteligencia artificial. “Al final, si tenemos que hablar, hablaremos”, afirma, añadiendo que ambos podrían tener que “dejar a un lado nuestras diferencias personales por el bien del mundo”.

Musk parece mucho menos preocupado por el auge de los laboratorios chinos que otros directivos de la inteligencia artificial, como Dario Amodei, de Anthropic. Está impresionado por lanzamientos recientes como Kimi K3, presentado este mes por Moonshot AI, y considera que hay “muchas posibilidades” de que las empresas chinas de IA acaben “liderando en algún momento”, señalando el suministro eléctrico del país, que supera con creces al de Estados Unidos, y su capacidad para fabricar robots en masa. (Añade que le parecen “bastante graciosos” los vídeos de robots chinos dándose golpes en la cabeza entre sí).

Musk se opone a los intentos de algunos funcionarios de la administración Trump de prohibir a las empresas estadounidenses utilizar modelos chinos, ya que considera que esto no haría mucho por evitar que sus fabricantes ganen la carrera de la IA. Prevé que China acabará superando su escasez de chips de última generación, consecuencia de las restricciones de exportación estadounidenses, mediante la creación de sus propias máquinas de litografía, cuya ausencia le impide actualmente fabricar suficientes cantidades de procesadores avanzados. Actualmente ASML, una empresa neerlandesa, tiene el monopolio de la venta de la clase más avanzada de herramientas de litografía, y tiene prohibido vender dichas herramientas al principal rival de Estados Unidos. Pero China está “más cerca de lo que la mayoría piensa de resolver el problema de la litografía”, afirma Musk.

El empresario en serie no esconde el poder que ostenta. Sostiene que la inteligencia artificial acabará controlando casi todo y que su dominio sobre SpaceX, donde posee más del 80% de los derechos de voto, tiene como objetivo garantizar que se cumpla el propósito a largo plazo de convertir a la humanidad en una especie multiplanetaria con una colonia en Marte, incluso si eso perjudica los beneficios a corto plazo. En cuanto a su influencia en la política estadounidense, donde su dinero y poder contribuyeron a que Trump recuperara la presidencia en 2025 (y le permitió, por un breve periodo, encargarse de desmantelar la burocracia federal), reconoce que se implicó demasiado. “La verdad, me dejé llevar”.

Aun así, no da señales de querer abandonar su posición de influencia en la geopolítica. Aunque los satélites Starlink de SpaceX, que ofrecen conexión a internet en lugares remotos, se han utilizado para ayudar a Ucrania a hacer frente a la invasión rusa, Musk sigue defendiendo con firmeza que cualquier acuerdo de paz debe incluir concesiones territoriales al agresor. Afirma que la forma en la que los medios describen a la extrema derecha europea es “falsa, engañosa y absurda”, y sostiene que está formada por “gente normal” que busca ciudades seguras, fronteras protegidas y un gasto sensato.

Sus lamentos sobre una posible guerra civil en Reino Unido parten de la idea de que la llegada de personas con ideas “antitéticas a las creencias occidentales” llevará a un enfrentamiento. Cuando se le pregunta si es antimusulmán, responde: “Estoy en contra de la violación y el asesinato. Estoy en contra de la imposición de normas y leyes que van en contra de lo que hemos aceptado en Occidente, y es una auténtica vergüenza que los medios de comunicación tradicionales, como vosotros, no reconozcáis esto”.

No está claro cómo encaja su visión oscura del futuro fuera de Estados Unidos con su utopismo sobre la inteligencia artificial. Pero incluso Musk se pregunta si todo esto tiene sentido. A veces, dice, cree en una teoría según la cual el universo es una simulación informática creada por extraterrestres. “Las cosas que estoy haciendo son tan disparatadas que cuesta creer que sean reales.”

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