De la cima de las grandes fortunas chinas a pasar el resto de su vida entre rejas. Un tribunal de Shenzhen ha condenado este jueves a cadena perpetua a Xu Jiayin, fundador de Evergrande y uno de los empresarios que mejor ha representado el vertiginoso boom inmobiliario de China. Lo hace por una larga lista de delitos financieros cometidos durante los años de expansión del grupo. La sentencia, dictada en primera instancia, contempla además la pérdida de sus derechos políticos de por vida y la confiscación de todos sus bienes.
Xu Jiayin, que llegó a ser el hombre más rico del país, pierde además todo su patrimonio por el fraude que acompañó al ascenso del gigante inmobiliario
De la cima de las grandes fortunas chinas a pasar el resto de su vida entre rejas. Un tribunal de Shenzhen ha condenado este jueves a cadena perpetua a Xu Jiayin, fundador de Evergrande y uno de los empresarios que mejor ha representado el vertiginoso boom inmobiliario de China. Lo hace por una larga lista de delitos financieros cometidos durante los años de expansión del grupo. La sentencia, dictada en primera instancia, contempla además la pérdida de sus derechos políticos de por vida y la confiscación de todos sus bienes.
Xu, de 67 años y conocido internacionalmente también como Hui Ka Yan, se había declarado culpable y mostrado su arrepentimiento durante el juicio celebrado el pasado abril. El tribunal considera probado que entre 2016 y 2021 el empresario y las sociedades que controlaba recurrieron de forma continuada a una falsificación financiera a gran escala para inflar activos y ocultar pasivos. Los delitos cometidos no tienen fin: captación ilegal de depósitos, fraude en la obtención de fondos y emisión de valores, apropiación indebida, sobornos para obtener el control de instituciones financieras y desviar créditos y fondos de aseguradoras hacia el conglomerado, entre otros.

La condena alcanza también a las empresas que levantaron el imperio. Evergrande deberá afrontar una multa de 8.820 millones de yuanes, unos 1.120 millones de euros, mientras que su principal filial inmobiliaria, Evergrande Real Estate, ha sido sancionada con otros 7.000 millones de yuanes, cerca de 890 millones de euros. Otras 56 personas vinculadas al grupo han recibido penas de prisión de entre un año y diez meses y 18 años, entre ellos al menos cinco antiguos altos directivos del grupo.
La sentencia pone el punto final a una trayectoria empresarial que durante años fue presentada como ejemplo del milagro económico chino. Xu había nacido en 1958 en una familia humilde de la provincia rural de Henan, perdió a su madre siendo todavía un bebé y fue criado por su abuela. Estudió metalurgia y trabajó durante una década en una siderúrgica estatal antes de abandonar la seguridad del empleo público para probar fortuna en el sur del país, entonces epicentro de las reformas económicas.
En 1996 fundó Evergrande y encontró en la acelerada urbanización de China el combustible perfecto para crecer. La compañía construía y vendía rápidamente, utilizaba las preventas para financiar nuevos proyectos y recurría abundantemente al crédito. El sistema funcionó mientras los precios de la vivienda subían y la financiación fluía. Evergrande acabó convirtiéndose en uno de los mayores promotores del país y Xu, en uno de los hombres más poderosos de China.

Xu extendió su imperio mucho más allá del ladrillo, con inversiones en turismo, sanidad, consumo y vehículos eléctricos. Una de las inversiones más llamativas fue el fútbol: en 2010 Evergrande compró el club de Cantón y lo convirtió en una potencia asiática, contratando a figuras internacionales y a Marcello Lippi como entrenador.
Su ascenso alcanzó la cumbre en 2017. Forbes estimó entonces la fortuna de Xu en 45.300 millones de dólares (unos 38.800 millones de euros), convirtiéndolo en el hombre más rico de Asia.
Pero el imperio levantado por Xu descansaba sobre una montaña de deuda. El endurecimiento del crédito en China en 2020 terminó por hacer saltar por los aires el modelo y Evergrande entró en impago en el 2021 con más de 300.000 millones de dólares en pasivos (unos 257.000 millones de euros). Dos años después, Xu quedó bajo custodia y, en 2024, un tribunal de Hong Kong ordenó la liquidación del grupo. Una caída desde lo más alto que este jueves ha alcanzado finalmente el suelo.
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