Situémonos en el año 130 d.C. El patricio Lucio Minicio Natal Quadronio Vero, nacido en Barcino, es un hombre de éxito en su treintena. Como su nombre es más largo que el de los galanes sudamericanos de telenovela, le llamaremos a partir de ahora Minicius valiéndonos del latín original (Lucius Minicius Natalis Quadronius Verus) o, ya puestos, Minicius júnior, porque al parecer su padre ya fue un célebre senador.
“Un estudio matemático indica que hay un 47% de posibilidades de que seamos una simulación hecha por la inteligencia artificial de otra civilización”, según Hervé le Tellier, matemático y escritor, premio Goncourt 2020
En el capítulo anterior…
En el año 2091, dos empleados tirando a gilipollas de una empresa en declive que almacena las vidas de todas las personas que han habitado la tierra desde el año I d.C en un hangar solitario de las afueras de Barcelona rompen con el código ético de la compañía y abren un archivo para juguetear con el destino de una persona con un nombre larguísimo.
Situémonos en el año 130 d.C. El patricio Lucio Minicio Natal Quadronio Vero, nacido en Barcino, es un hombre de éxito en su treintena. Como su nombre es más largo que el de los galanes sudamericanos de telenovela, le llamaremos a partir de ahora Minicius valiéndonos del latín original (Lucius Minicius Natalis Quadronius Verus) o, ya puestos, Minicius júnior, porque al parecer su padre ya fue un célebre senador.
Minicius jr., además de un tipo influyente que se codea con el emperador Adriano de Roma, es un crack de las carreras de cuadrigas (carro individual de dos ruedas tirado por cuatro caballos, de ahí la palabra CUAdriga ). Tanto es así, que viene de ganar hace unos meses los Juegos Olímpicos en Olimpia, valga la redundancia, lo que le reservará un lugar en la historia como el primer hispano en conseguir tal hazaña. Senador como su papá y militar de gran reputación por sus campañas en Britania aniquilando borrachos blancos de piel (los descendientes de aquellos seguirán bebiendo siglos más tarde en Lloret de Mar y localidades colindantes), la vida le sonríe tanto que, en un ataque de ego muy barcelonés, se hace grabar en piedra parte de sus logros en una columna que se conservará hasta el siglo XXI en el Museo Arqueológico de la ciudad.
Lucio Minicio Natal Quadronio Vero es un hombre de éxito en su treintena
Hombre admirado y envidiado, para lo que no está preparado Minicius jr., como ningún otro ser humano, por otra parte, es para ser utilizado como una marioneta por dos sujetos inclasificables de finales del siglo XXI, que están a punto de juguetear de mala manera con su destino, con su fatum , para ser más exactos.
Pero regresemos de nuevo al año 2091. Andrew Smith III se despierta y sorprende a Lucas Johnson IV toqueteando los nichos de una de las paredes. Corre (hay que remontarse al 2089 para recordarle haciendo un esprint, concretamente para aplastar a una cucaracha) y empuja hacia atrás a su compañero, que está intentando sin éxito abrir el cajón que le ha llamado más la atención. Al lado, una nota adhesiva advierte: “No tocar bajo ningún concepto”.
“¿Pero qué haces? ¿Estás loco? Estos archivos no se pueden abrir sin autorización y si los fuerzas se enviará una señal a la central y estaremos jodidos”, dice nervioso Andrew.
“Venga, Andrew, tú trabajaste en el proyecto, sabrás cómo abrirlo”, insiste Lucas, cada vez más excitado.
Andrew respira hondo, separa aún más a Lucas de la pared, lo acompaña al centro del almacén, sitúa las dos sillas una delante de otra, toma asiento y cede el otro a su colega, convertido de repente en un tipo incómodo y audaz al que frenar. No lo logra.
El diálogo entre las partes se alarga unas tres horas y media con un final inesperado. Lucas el cagado ha dejado de serlo y se ha mostrado tan convincente que Andrew va a liberar uno de los archivos, no sin antes bloquear la alarma conectada con la central. Siempre fue un hacha en esas habilidades, aunque nunca se lo valoraran; quizás ahí se escondía un deseo hasta ahora dormido de venganza. Desactivada la principal amenaza para ser descubiertos, tan solo le queda a Andrew rescatar de su memoria los dos pasos que en su día fueron un procedimiento rutinario para él. Se acercan los dos al nicho elegido y asienten sin mediar palabra antes de leer la ficha para sus adentros:
“Lucius Minicius Natalis Quadronius Verus; nacido en Barcino en el año 96 d.C. Militar de complexión fuerte, adinerado, influyente y un fenómeno en las carreras de cuadrigas. Primer campeón olímpico de origen hispano”.
Andrew teclea un número clave de 19 dígitos que oculta a Lucas y suelta la contraseña de viva voz, el segundo y último requisito indispensable: “La selección de Francia juega al fútbol sin franceses”, dice de forma aséptica. La caja se abre a la vez que emite un suave ruido de electrodoméstico futurista y Lucas se queda boquiabierto, no se sabe muy bien si por el absurdo sentido de la frase en clave o por la escena que se configura frente a él, suspendida en el aire. Probablemente es una mezcla de las dos cosas.
Ante sus ojos aparece una imagen flotante en movimiento de Minicius jr. haciendo vida normal hace 2.000 años. En estos momentos está cagando, ya es mala suerte.
“¿Y a este hombre yo lo puedo mover en el tiempo?”, pregunta Lucas, tan nervioso que la voz se le entrecorta.
“Sí, siempre que el viaje sea temporal y no excesivamente geográfico. Es decir, no lo saques de Barcino ni de Barcelona. Es la manera de no llamar la atención a la central”.
Minicius júnior acaba de evacuar y se viste con una túnica y unas sandalias romanas, de dónde si no. Cierra los ojos y cuando los abre no da crédito a lo que ve.
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