Arcos de las Salinas, el pueblo turolense que teme desbordarse de turistas por el eclipse: “Vamos a morir de éxito”

Estudiantes de la Universidad Normal de Pekín junto al coordinador del centro de divulgación Galáctica, Stylianos Pyrzas, en Teruel, el 27 de julio.

Las cervezas y los vecinos se multiplican bajo los toldos amarillos del único bar de Arcos de las Salinas. Todos saben que se acerca un eclipse solar. La mayoría está al tanto de que en Galáctica, el mayor centro de divulgación astronómica de Europa, que se encuentra sierra arriba, habrá un evento para 1.000 espectadores. Solo unos pocos conocen que, todavía más arriba, desde el Observatorio Astrofísico de Javalambre, la Agencia Espacial Europea (ESA) retransmitirá al resto del mundo esos 90 segundos en los que la Luna cubrirá al Sol por completo. Lo que nadie puede calcular en este pueblo al sur de Teruel —ni siquiera el Gobierno de Aragón— es cuántas personas inundarán la zona para admirar el fenómeno astronómico bajo uno de los cielos más nítidos de España. Y no lo sabrán hasta ese 12 de agosto.

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José Luis Alvir, alcalde de Arcos de las Salinas (Teruel), el 27 de julio de 2026.Inma Alvir, en el bar de Arcos de las Salinas, el 27 de julio de 2026.Arcos de las Salinas (Teruel), el 27 de julio de 2026.

¿Y tú, cómo vivirás el eclipse?

dpatop - 29 March 2025, Spain, Inca: Adrian, Maria, and Sandra observe the sun during the partial solar eclipse. The Institute of Astronomy and Space of Mallorca had previously distributed glasses and installed telescopes for observation. Photo: Clara Margais/dpa (Photo by Clara Margais/picture alliance via Getty Images)

En EL PAÍS, queremos saber cómo se preparan ustedes, nuestros lectores, para el fenómeno astronómico del 12 de agosto. Envíanos a participacion@elpais.es tu testimonio de cómo te preparas o cómo recibirá tu pueblo o ciudad el eclipse. Puedes incluir fotos si quieres. El próximo lunes, 10 de agosto, publicaremos algunas de las historias del eclipse de nuestros lectores.

 El municipio de 80 habitantes está a las faldas del cerro que alberga el mayor centro de divulgación astronómica de Europa, pero no cuenta con plazas hoteleras ni servicios  

Las cervezas y los vecinos se multiplican bajo los toldos amarillos del único bar de Arcos de las Salinas. Todos saben que se acerca un eclipse solar. La mayoría está al tanto de que en Galáctica, el mayor centro de divulgación astronómica de Europa, que se encuentra sierra arriba, habrá un evento para 1.000 espectadores. Solo unos pocos conocen que, todavía más arriba, desde el Observatorio Astrofísico de Javalambre, la Agencia Espacial Europea (ESA) retransmitirá al resto del mundo esos 90 segundos en los que la Luna cubrirá al Sol por completo. Lo que nadie puede calcular en este pueblo al sur de Teruel —ni siquiera el Gobierno de Aragón— es cuántas personas inundarán la zona para admirar el fenómeno astronómico bajo uno de los cielos más nítidos de España. Y no lo sabrán hasta ese 12 de agosto.

“Hemos pedido tres médicos, que nos traigan alguna ambulancia y si no, nos la traeremos nosotros”, reclama el presidente de la comarca y alcalde José Luis Alvir, de 50 años, que también es diputado provincial de Teruel por el PP. Está ilusionado, pero como todos los que están cerca de la organización, también preocupado. Es probable que se acerquen visitantes de la capital provincial, que queda a 70 kilómetros, y de Valencia, que está a 100. “Va a ser un descontrol”, augura Alvir.

La villa pasa de 80 habitantes en invierno a 2.000 en verano, con la llegada de los hijos y nietos de los nacidos en esas callejuelas angostas y puertas con cortinas trenzadas. Suman tantos que en esta época siempre se cae la cobertura móvil y el internet. Pasa igual en toda la comarca de Gúdar-Javalambre, que durante el año tiene tres residentes por kilómetro cuadrado y poblados que se atraviesan por completo en coche en lo que dura el estribillo de una canción. Como si fuera poco, el evento astronómico coincide con las fiestas de verano.

Una llamada del 112 interrumpe al alcalde para alertarle de que hay varios avisos de humo. Son falsas alarmas, pero el riesgo de incendios es uno de los mayores temores en esta época, avivado por la población que subirá a espacios naturales para ver el eclipse. Por eso Aragón ha habilitado cuatro puntos de observación oficiales para condensar a las personas en sitios equipados con los servicios necesarios, como la estación de esquí de Javalambre, con un aforo de 10.000 espectadores.

Los extranjeros son un caso aparte. “Se han puesto a la venta habitaciones a precios estratosféricos y los han pagado. Unos 1.000 euros la noche”, asegura el dirigente. Los alquileres para esa fecha en la provincia han subido más de un 200% respecto de la semana anterior, según un análisis de datos de EL PAÍS. Ser un polo astronómico los vuelve un imán de visitas, pero están buscando desalentarlo. No tienen carnicería ni supermercado. “Nos hacen falta más plazas hoteleras y más hostelería. Si no, vamos a morir de éxito”, admite Alvir.

El único hotel lleva más de dos años reservado por completo para esas fechas. Las dos casas rurales también están alquiladas. Pero es una incógnita si les dejará mayor derrama económica. Con fe en que sí, exhiben en el mostrador del bar llaveros y camisetas temáticas. Lo regenta Inma, hermana del alcalde, que confiesa que no sabe cuántos bocadillos calcular para esos días. “Improvisaremos y estaremos preparados para lo que nos pueda venir, pero acertar no vamos a acertar”, asegura la mujer de 43 años. Lo suyo es la Luna. Rara es la noche que no le hace un retrato al salir del trabajo y lo sube a su estado.

El único evento con el que lo pueden comparar es con el final de las vueltas ciclistas de España de 2019 y 2023, que terminaron en el Pico del Buitre, el cerro donde está el observatorio, y se acercó una multitud al pueblo. Había tantos clientes que cerraban a las 3.00 y volvían a abrir a las 6.00. La Vuelta les pasó por delante, pero el eclipse se ve solo en altura, sin garantías de que el público baje a cenar.

La comarca tiene una calidad de cielo fuera de serie, que la ha posicionado entre los principales destinos de turismo astronómico. Desde que se inauguró hace tres años, Galáctica, el museo de difusión y práctica de la astronomía, ha recibido 30.000 visitantes. Hace unos días, un grupo de 11 estudiantes de Física y Astronomía de la Universidad Normal de Pekín viajó desde la tercera ciudad más poblada de China a la segunda provincia menos poblada de España para mirar hacia arriba. Quien los pastorea es el coordinador de Galáctica, Stylianos Pyrzas, que por la noche guía la observación mientras apunta a las estrellas con un láser verde.

El astrónomo griego de 43 años está acostumbrado a trasnochar y a aguantar el frío bajo el firmamento. Se doctoró en Inglaterra y después hizo estancias en La Palma, Teruel, Chile y Qatar. Nunca ha presenciado un eclipse solar total. Mientras las chicharras cantan a cámara lenta, los alumnos se turnan para recibir por el telescopio la luz que llega desde los astros después de atravesar el espacio durante miles de millones de años. Están en segundo año de carrera, todavía no saben en qué se especializarán, pero Yu Kechen comenta que lo que más le atrae de esta ciencia son “sus misterios”.

El edificio blanco cilíndrico del museo es como un platillo volante estacionado al lado del cementerio. Alrededor todo es páramo de tierras color hierro, cardos azules y pastos secos que tiemblan con la brisa. En la entrada hay una esfera, del tamaño de una pelota de baloncesto, que representa el Sol. En esa misma escala, están replicados cuesta abajo los planetas del sistema solar. Si se mantuviera la proporción real, la estrella más cercana quedaría en Canadá.

Neptuno queda al lado del bar. Allí un grupo de amigos de Valencia comenta que algunos ya han comprobado que el eclipse se verá desde sus balcones. Los más espabilados han pasado a retirar las gafas de protección que reparte el ayuntamiento: gratis entre los empadronados y por 0,50 euros al resto. “Habrá que comprar un jamón”, propone uno de ellos de aperitivo para el espectáculo astronómico.

Quien se quede al ras del suelo no lo verá, esa es la única certeza. El fenómeno se dará sobre las 20.30, cuando el Sol esté por ponerse y cualquier montaña o edificio puede taparlo al estar tan cerca del horizonte. Y eso que Arcos está a unos 1.080 metros de altura, pero rodeado de sierras. Emilio Alegre, de 75 años y cocinero de toda la vida, ha planificado subir al monte con sus hijos y sus cuatro nietos. Sin embargo, las pistas de tierra estarán cerradas por decreto en toda la comunidad autónoma. Cuando él iba al colegio, en el pueblo eran unos 40 alumnos. Ahora que él tiene el bigote blanco, son solo seis los niños que van a la escuela.

A 1.870 metros de altura está el escenario que ha elegido la ESA para transmitir el momento en vivo al resto del planeta. Está previsto que en el observatorio se congreguen, entre otros, el premio Nobel de Física de 2022, Alain Aspect, el presidente del Gobierno de Aragón, Jorge Azcón, y un equipo de investigadores italianos. Incluso se barajó la posibilidad, ya descartada, de que asistieran los Reyes.

El centro está mayoritariamente bajo tierra. Hay túneles que conectan las tres cúpulas que sobresalen como setas y que guardan los telescopios y la maquinaria. Su responsable, y subdirector del Centro de Estudios de Física del Cosmos de Aragón (Cefca) que está detrás del observatorio y Galáctica, Antonio Marín-Franch, tampoco ha visto un eclipse total. Para él, es un gancho para despertar curiosidad por su campo de estudio y también una posibilidad en un presente “rodeado de ruido, de información incorrecta, incluso de movimientos que van en contra de la ciencia”.

Todas las noches del año en el Pico del Buitre hacen un mapa tridimensional del cielo, una cartografía para registrar la estructura del universo, que aprovechan unos 300 investigadores de todo el mundo. Además, están probando uno de los dos telescopios que lanzará al espacio en 2030 en la misión Arrakihs, la primera de la Agencia Espacial Europea liderada por España para estudiar el proceso de formación de galaxias y la energía oscura, que es un 68% del universo y de la que se sabe casi nada.

Parece a años luz de los helados y el pollo en escabeche del bar, pero todo sucede bajo el mismo cielo y, en parte, gracias a él. Los arqueños saben que su techo de toda la vida es especial; disfrutaban las lluvias de estrellas de chicos cuando todavía no sabían que se llamaban Perseidas y que verán, como cada año, este 12 de agosto, pero esta vez después de la experiencia única de vivir un eclipse solar total. “En mi pueblo se tocan las estrellas con la mano”, dicen con orgullo, y en un par de días, también se tocarán la Luna y el Sol.

¿Y tú, cómo vivirás el eclipse?

En EL PAÍS, queremos saber cómo se preparan ustedes, nuestros lectores, para el fenómeno astronómico del 12 de agosto. Envíanos a participacion@elpais.es tu testimonio de cómo te preparas o cómo recibirá tu pueblo o ciudad el eclipse. Puedes incluir fotos si quieres. El próximo lunes, 10 de agosto, publicaremos algunas de las historias del eclipse de nuestros lectores.

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