Alicia Rueda, alumna de autoescuela: “Prefiero conducir un coche automático a uno manual, es como subir una montaña a pie pudiéndolo hacer en un teleférico”

Roger Omar Morales pensó que nunca volvería a apuntarse en una autoescuela. Tiene el carnet desde hace cinco décadas y ha conducido por carreteras de Venezuela, Colombia, Ecuador y Estados Unidos. Pero emigrar a Barcelona le ha obligado, a sus 72 años, a ponerse de nuevo a prueba: necesita obtener el permiso español si quiere seguir al volante. Lo hará, además, con un coche automático, una opción que durante años tuvo una presencia muy reducida en las autoescuelas y que ahora empieza a ganar espacio entre quienes se preparan para obtener la licencia.

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 Roger Omar Morales pensó que nunca volvería a apuntarse en una autoescuela. Tiene el carnet desde hace cinco décadas y ha conducido por carreteras de Venezuela, Colombia, Ecuador y Estados Unidos. Pero emigrar a Barcelona le ha obligado, a sus 72 años, a ponerse de nuevo a prueba: necesita obtener el permiso español si quiere seguir al volante. Lo hará, además, con un coche automático, una opción que durante años tuvo una presencia muy reducida en las autoescuelas y que ahora empieza a ganar espacio entre quienes se preparan para obtener la licencia.Seguir leyendo…  

Roger Omar Morales pensó que nunca volvería a apuntarse en una autoescuela. Tiene el carnet desde hace cinco décadas y ha conducido por carreteras de Venezuela, Colombia, Ecuador y Estados Unidos. Pero emigrar a Barcelona le ha obligado, a sus 72 años, a ponerse de nuevo a prueba: necesita obtener el permiso español si quiere seguir al volante. Lo hará, además, con un coche automático, una opción que durante años tuvo una presencia muy reducida en las autoescuelas y que ahora empieza a ganar espacio entre quienes se preparan para obtener la licencia.

Su caso refleja un cambio que los centros formativos de conductores empiezan a notar en sus aulas. Aunque la inmensa mayoría de los aspirantes continúa realizando el examen práctico con un vehículo manual, cada vez llegan más alumnos que optan por aprender y examinarse con uno automático. Algunos buscan una conducción más cómoda; otros llevan años acostumbrados a este tipo de vehículos; y también hay quienes consideran que el embrague ha dejado de ser imprescindible para ponerse al volante.

La opción elegida por Roger Omar corresponde al permiso B con código 78, una autorización que permite realizar las prácticas y el examen con un coche automático. La principal diferencia respecto al permiso convencional aparece después: quienes obtienen esta licencia no pueden conducir vehículos con cambio manual, salvo que vuelvan a examinarse. Pese a esta limitación, la presencia de automóviles automáticos en las carreteras (especialmente por la proliferación de modelos híbridos y eléctricos) ha hecho que esta alternativa gane protagonismo en las autoescuelas.

Roger Omar Morales, de 72 años, durante una de sus prácticas en Barcelona (Hoy Voy Autoescuela), donde se prepara para obtener el permiso de conducir español 
Roger Omar Morales, de 72 años, durante una de sus prácticas en Barcelona (Hoy Voy Autoescuela), donde se prepara para obtener el permiso de conducir español Cedida

El cambio también está sobre la mesa de la Dirección General de Tráfico (DGT). Su director, Pere Navarro, reconoció recientemente que el organismo trabaja en una fórmula para impulsar la formación y los exámenes con cambio automático. “Buscamos una fórmula para promover la formación y los exámenes de conducir con cambio automático”, afirmó durante una comparecencia en el Congreso, donde recordó que el 98% de las pruebas prácticas todavía se realizan con vehículos manuales.

Uno cree que por llevar tantos años conduciendo ya lo sabe todo, pero no es verdad; cada país tiene sus normas y hay que adaptarse

Roger Omar aprendió a conducir siendo muy joven en una zona rural de Venezuela. Desde entonces nunca ha dejado de hacerlo. Sin embargo, al instalarse definitivamente en España descubrió que debía obtener el permiso español si quería volver a ponerse al volante. “Uno cree que por llevar tantos años conduciendo ya lo sabe todo, pero no es verdad; cada país tiene sus normas y hay que adaptarse”, explica en conversación con La Vanguardia.

Durante los cuatro años que vivió en Houston se acostumbró por completo al cambio automático. Cuando empezó sus prácticas en Barcelona probó inicialmente el vehículo manual, pero pronto entendió que volver al embrague no tenía sentido para él. Acabó decantándose por el automático, un terreno que ya conocía y en el que podía centrarse en lo realmente importante: adaptarse a la circulación y a las normas españolas. “No es que me enseñen a conducir otra vez; me están ayudando a quitar costumbres adquiridas en otros países y eso también forma parte de aprender”, reconoce.

La DGT reconoce que quiere impulsar esta modalidad, favorecida por el auge de los coches híbridos y eléctricos 
La DGT reconoce que quiere impulsar esta modalidad, favorecida por el auge de los coches híbridos y eléctricos Alexandr Lupin/iStock

Esa es precisamente la actitud con la que afronta este nuevo examen. Quiere recuperar el permiso para ganar autonomía, ayudar a su yerno en los viajes largos y poder llevar algún día a sus nietos a conocer nuevos lugares. “Conducir también es seguir siendo independiente, pero el día que vea que ya no estoy en condiciones, seré el primero en dejarlo; la responsabilidad está por encima de todo”, señala.

Otra forma de conducir

La historia de Alicia Rueda es muy distinta a la de Roger Omar, aunque ambos han llegado a la misma conclusión. Aunque ella había sufrido una lesión que hacía especialmente incómodo utilizar el embrague, comenzó sus prácticas con un coche manual. Solo necesitó hacer dos clases para cambiar de opinión. “Hice dos prácticas y mandé el coche manual a la porra”, recuerda también para La Vanguardia. No lo cuenta como una renuncia, sino como el momento en el que descubrió una forma de conducir que encajaba mejor con sus necesidades. “Después de probar un automático no quise volver atrás”, asegura. “Para mí no hay comparación. Es como subir una montaña a pie pudiendo hacerlo en un teleférico: llegas al mismo sitio, pero disfrutas mucho más del camino”.

Con el automático termino las prácticas relajada; con el manual acababa agotada, física y mentalmente

Alicia cuestiona uno de los argumentos más extendidos entre quienes critican los automóviles con transmisión automática y defienden el cambio manual: “Conducir de verdad es prestar atención a la carretera, no cambiar de marchas”. Para ella, la diferencia va mucho más allá del esfuerzo físico que exige el embrague. También cambia la manera de enfrentarse a la conducción. “Con el automático termino las prácticas relajada; con el manual acababa agotada, física y mentalmente”, confiesa. Por eso tiene claro qué respondería a cualquiera que hoy estuviera dudando entre ambas opciones: “Que pruebe un automático antes de decidir y luego que elija, pero que lo pruebe”.

Un perfil que empieza a cambiar

Ese cambio también se percibe desde el otro lado del asiento. Ana Calvo, profesora de Exit Autoescola, asegura que hace unos años la mayoría de quienes escogían esta modalidad lo hacían por circunstancias muy concretas. Ahora cada vez llegan más alumnos preguntando directamente por el coche automático. “También hay quienes empiezan con un manual y acaban cambiándose por recomendación del profesor, porque eliminando el cambio de marchas consiguen concentrarse mucho mejor en lo realmente importante: la circulación”, explica.

El coche no se cala, no retrocede en una pendiente y el alumno puede centrar toda su atención en el tráfico y en tomar decisiones

La profesora destaca que prescindir del embrague elimina algunas de las dificultades iniciales del aprendizaje. “El coche no se cala, no retrocede en una pendiente y el alumno puede centrar toda su atención en el tráfico y en tomar decisiones”, añade. Aunque el perfil más habitual continúa siendo el de personas mayores de 30 años, con una mayor presencia femenina según su experiencia, Calvo observa que el interés empieza a llegar a perfiles cada vez más variados.

Ana Calvo, directora y profesora de Exit Autoescola 
Ana Calvo, directora y profesora de Exit Autoescola Cedida

En definitiva, la principal limitación del permiso B con código 78 sigue estando en la posibilidad de conducir únicamente vehículos automáticos: quienes obtienen esta autorización no pueden ponerse al volante de un coche manual salvo que vuelvan a examinarse. Pero esta situación podría cambiar en los próximos años. La Unión Europea ha aprobado una directiva que permitirá ampliar las posibilidades de este permiso mediante una formación específica en circulación, sin necesidad de repetir la prueba práctica. Los Estados miembros deberán adaptar la normativa antes de 2029, y la DGT ya trabaja en su aplicación en España.

Mientras esa posible modificación llega, conductores como Roger Omar afrontan el camino actual con otra perspectiva. Para él, elegir un coche automático no significa renunciar a conducir, sino encontrar la forma de seguir haciéndolo. Después de más de cincuenta años al volante, solo quiere recuperar una libertad que siempre ha acompañado su vida: recorrer las carreteras de España, descubrir nuevos lugares y poder compartir esos viajes con su familia. “Mientras tenga las condiciones y la responsabilidad para hacerlo, seguiré disfrutando de la carretera”, concluye.  

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