Desde que La Mula reivindicó el asombro con Thauma , esta reacción entre la inocencia, la curiosidad y la maravilla se ha convertido en un indicador top para medir el disfrute de cualquier espectáculo. Sobre esta variable subjetiva destacan algunas funciones de este Grec. Es el asombro operístico que comparten Ophelia’s got talent de Florentina Holzinger y Theater of dreams de Hofesh Shechter. Grandeur para que la austriaca transforme la Teoría King Kong de Despentes en un manifiesto maximalista y el israelí nos sumerja en un viaje onírico entre telones colgados por Lynch.
Desde que La Mula reivindicó el asombro con Thauma , esta reacción entre la inocencia, la curiosidad y la maravilla se ha convertido en un indicador top para medir el disfrute de cualquier espectáculo. Sobre esta variable subjetiva destacan algunas funciones de este Grec. Es el asombro operístico que comparten Ophelia’s got talent de Florentina Holzinger y Theater of dreams de Hofesh Shechter. Grandeur para que la austriaca transforme la Teoría King Kong de Despentes en un manifiesto maximalista y el israelí nos sumerja en un viaje onírico entre telones colgados por Lynch.Seguir leyendo…
Desde que La Mula reivindicó el asombro con Thauma , esta reacción entre la inocencia, la curiosidad y la maravilla se ha convertido en un indicador top para medir el disfrute de cualquier espectáculo. Sobre esta variable subjetiva destacan algunas funciones de este Grec. Es el asombro operístico que comparten Ophelia’s got talent de Florentina Holzinger y Theater of dreams de Hofesh Shechter. Grandeur para que la austriaca transforme la Teoría King Kong de Despentes en un manifiesto maximalista y el israelí nos sumerja en un viaje onírico entre telones colgados por Lynch.
También es la esencia de la Factory que ha resucitado Àlex Rigola en su sala. Una experiencia lisérgica y híbrida de las diversas formas que el director entiende su papel para acompañar a cuatro amantes maduros. Es la sensación que causa presenciar cómo la compañía leridana Amaga juega con Qui hi ha a ser Peeping Tom como niños fascinados y acaban por descubrir mundos propios. En la misma Fundació Brossa, Ntando Cele y Julian Hetzel generaron un estado de valle inquietante (declinación oscura del asombro) con Spafrica y el escurridizo rol de artistas y públicos de países colonizados y colonizadores.
Este estado abducido se despertó igualmente en la performance del colectivo coreano Elephants Laugh: Muljil , la cotidianidad suspendida en tanques de agua. Y para asombro, descubrir con L’última entrevista de Mar Monegal que hubo un tiempo en que la inteligencia era un atributo atractivo, y mujeres como Montserrat Roig o Maria Aurèlia Capmany la explotaron en toda su intensidad política e intelectual. Un asombro que no acaba de instalarse en la trama urbana de la ciudad, con la excepción del Parnaso del Teatre Grec.
Cultura
