Cuatro galardonados con el premio Pritzker –Ramón Vilalta, Carme Pigem y Rafael Aranda, los tres integrantes de la firma olotense RCR, y la japonesa Kazuyo Sejima, que dirige en Tokio el despacho Sanaa con Ryue Nishizawa– se reunieron el sábado por la tarde en la Sagrada Família para rendir homenaje a su proyectista, Antoni Gaudí. Pasados cien años desde su muerte, el arquitecto catalán más singular, activo a inicios del siglo XX, recibió así la pleitesía de destacadas figuras de la escena arquitectónica global del siglo XXI.
Los miembros de RCR y Kazuyo Sejima se reunieron para celebrar la vigencia de la obra del arquitecto catalán a cien años de su muerte
Cuatro galardonados con el premio Pritzker –Ramón Vilalta, Carme Pigem y Rafael Aranda, los tres integrantes de la firma olotense RCR, y la japonesa Kazuyo Sejima, que dirige en Tokio el despacho Sanaa con Ryue Nishizawa– se reunieron el sábado por la tarde en la Sagrada Família para rendir homenaje a su proyectista, Antoni Gaudí. Pasados cien años desde su muerte, el arquitecto catalán más singular, activo a inicios del siglo XX, recibió así la pleitesía de destacadas figuras de la escena arquitectónica global del siglo XXI.
También recibió el tributo del gremio arquitectónico local, ampliamente representado en la nave central de la basílica, donde coincidiendo con el arranque de los actos del congreso mundial de la UIA la Junta Constructora organizó este diálogo o “conferencia coral”. De hecho, un conjunto de cuatro ponencias sobre el monumento barcelonés, el quinto más visitado de Europa, tras la torre Eiffel, el Louvre, el Coliseo y la basílica de San Pedro, según recordó Pigem.
La arquitecta japonesa señaló que al subir por una de las torres había sentido acercarse al universo
Aunque la radical esencialidad de la arquitectura de RCR y la ligereza de la de Sanaa han generado edificios muy distintos de los de Gaudí, los cuatro arquitectos convocados hallaron y glosaron puntos de contactos en el estrado montado tras la fachada de la Glòria.
Después de escuchar unas palabras de Jordi Faulí, arquitecto director de la Sagrada Família, que subrayó los esfuerzos de Gaudí para definir la obra de tal manera que pudiera terminarse tras su muerte, y del también arquitecto y miembro de la Junta Juan Trias de Bes, llegó el turno de Carme Pigem, que principió recordando la frase con la que Gaudí despedía a sus colaboradores al acabar la jornada: “Demà veniu d’hora, que farem coses boniques”. Luego habló sobre el esfuerzo colectivo, el deseo gaudiniano de hacer bien las cosas y la importancia del buen liderazgo, concluyendo que fue precisamente el hecho de compartir, así como la inspiración natural, la combinación de piedra y luz, de presencia y ausencia, de vacío y lleno, lo que hizo posible este templo único.

Rafael Aranda, que habló de naturaleza, materialidad y experiencia sensorial, subrayó las reflexiones de Gaudí sobre arte, verdad y naturaleza, señaló que no buscaba la imitación de las formas orgánicas sino la comprensión de los sistemas estructurales que las rigen, y abordó luego líneas de trabajo arquitectónicas contemporáneas que buscan la relación con la naturaleza por otra vía, a través de la abstracción y en la relación con el contexto, apuntando ahí a un nexo con la obra de RCR.
Kazuyo Sejima planteó reflexiones “desde lejos”. La primera, presentando la Sagrada Família como prueba de que seguimos siendo capaces de construir grandes edificios “con las manos”. La segunda, refiriéndose a que los 140 años largos de construcción prueban que “este templo nunca ha dejado de respirar” ni de “evolucionar al ritmo de las personas”. Sejima, que halló vínculos en la Sagrada Família con su idea de la arquitectura concebida como un parque en el que personas diversas entran en contacto, señaló que al subir a una de las nuevas torres sintió que se acercaba al universo.
Por último, Ramon Vilalta abrió su charla sobre la Sagrada Família y la trascendencia preguntándose si una obra como esta puede “llevar a la experiencia de Dios”. Reflexionó sobre el hecho de que, en esencia, todo responde a la evolución del aliento, del impulso; sobre el camino de la consciencia y sobre la vida como experiencia. Su parlamento, el de mayor vocación espiritual y filosófica, acabó definiendo la Sagrada Família como “una obra puente entre la tierra y el cielo, con una capacidad de trascendencia y misterio difícilmente alcanzable sin una experiencia profunda, desde del interior, desde Dios”.
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