Desde que interpretaron Paraules encadenades, de Jordi Galceran, en el Romea (1997-1998), Emma Vilarasau y Jordi Boixaderas se van encontrando por los escenarios, a menudo como pareja teatral. Después de Els fills, que se pudo ver en La Villarroel el pasado febrero y marzo, donde eran amantes, ahora estrenan en el Poliorama La truita, de Baptiste Amann, dirigida por Ferran Utzet. “Quien levanta los espectáculos es ella –se apresura a decir el actor–, porque es quien tiene las ideas, la que vende las entradas. Y tengo la suerte de que ella me coloca amablemente en muchas cosas que hace”.
Emma Vilarasau y Jordi Boixaderas interpretan a los padres de tres hijas en ‘La truita’, un drama intergeneracional que se estrena en el Poliorama
Desde que interpretaron Paraules encadenades, de Jordi Galceran, en el Romea (1997-1998), Emma Vilarasau y Jordi Boixaderas se van encontrando por los escenarios, a menudo como pareja teatral. Después de Els fills, que se pudo ver en La Villarroel el pasado febrero y marzo, donde eran amantes, ahora estrenan en el Poliorama La truita, de Baptiste Amann, dirigida por Ferran Utzet. “Quien levanta los espectáculos es ella –se apresura a decir el actor–, porque es quien tiene las ideas, la que vende las entradas. Y tengo la suerte de que ella me coloca amablemente en muchas cosas que hace”.
Vilarasau replica: “De mi quinta, no es que podamos escoger a muchos hombres, ni tampoco a muchas mujeres. Hace muchos años que trabajamos juntos y me entiendo muy bien con Jordi. Tanto podemos hacer de enemigos, como de amigos o de lo que sea. Recuerdo que en Victòria, de Pau Miró, interpretaba un personaje detestable, pero también nos entendíamos bien”.
“Cada generación se subleva contra la anterior y yo me sublevé mucho contra mis padres”, dice la actriz
En cuanto al argumento, Boixaderas explica: “Es un matrimonio de unos 60 años, la edad en que hay gente que se jubilaría y ellos todavía tienen energía para montar una panadería ecológica muy lejos de Barcelona. Siempre han sido así, con ganas de un proyecto vital. Y han educado a sus tres hijas con estos principios. Lo que mamas en casa evidentemente te condiciona de por vida, a veces a favor y a veces en contra. Y aquí vemos el resultado con tres hijas que reaccionan de formas diferentes”.
“Ellos dos son currantes, bastante de izquierdas, y tienen una visión amplia de la vida –ilustra Vilarasau–. De eso se esperaría que las hijas reaccionaran bien, pero a unas no les gusta lo que heredan o quizá no les sirve en el mundo que les ha tocado vivir. Y se produce un enfrentamiento generacional. Cada generación se subleva un poco contra la anterior, y yo recuerdo que me sublevé mucho contra mis padres”.
“Como no se trata de una familia desestructurada –sigue Boixaderas–, la obra puede centrarse en explicar la personalidad de las tres hijas y la relación con sus padres. Primero hay una óptica general de comedia, cuando están de celebración. Y después está la óptica de primer plano de cada uno, donde vemos la tragedia que puede representar eso de las generaciones. A partir de aquí el lenguaje saca chispas, ya casi no hay manera de hablar sin ofenderse, sin ponerse en duda. Y estos monólogos están escritos en un lenguaje poético, muy diferente de los diálogos familiares”.
“Como madre puedes haber hecho algo con la intención de que la recuerden toda su vida y resulta que ni se acuerdan. Y en cambio te hablan de algo que hiciste tú que ni te acuerdas y eso sí los marcó”, declara Vilarasau. “Dicen que a los hijos los amas y los odias con la misma intensidad. Todos tienen cosas preciosas y todos tienen cosas horribles. Ahora bien, la obra no pretende dar ninguna lección moral, y eso también es bonito”, concluye la actriz.
Ocho inérpretes en el escenario
El teatro privado hace lo imposible para poder montar producciones vistosas, y en esta ocasión, gracias a la apuesta de Bitò, el Poliorama y el Festival Grec, La truita sube a ocho intérpretes al escenario: los padres (Emma Vilarasau y Jordi Boixaderas), sus tres hijas (Sara Espígul, Miranda Gas y Júlia Bonjoch) y las parejas respectivas (Arnau Puig, Marc Bosch y Tai Fati). Hay que buscar alianzas que permitan contratar un reparto tan nutrido y es por eso que Josep Domènech, productor de Bitò, confiesa que “estas apuestas dan mucho respeto, pero hay que sacarlas adelante”. Para acabar de entenderlo, Vilarasau cuenta que Domènech se enamoró de este texto y que, aunque es de un autor poco conocido, ha luchado por que se pueda hacer realidad.
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