No hay verano sin música en el Poble Espanyol, aunque su nombre cambie periódicamente, la última vez este domingo. Barts, nombre vinculado a la actual sala Paral·lel 62, encabeza desde este año la propuesta musical veraniega en el histórico espacio de Montjuïc como nuevo festival con 20 fechas. Anoche emprendió su andadura con Beat, un proyecto vinculado a King Crimson difícil de asociar a lo esperable en un ciclo veraniego, y a pesar de ello –o tal vez gracias a ello– con un plus de interés, sobre todo para el selecto grupo de aficionados al rock progresivo.
La guitarra de Steve Vai y el buen hacer de Belew, Levin y Carey resucitaron los temas de King Crimson
No hay verano sin música en el Poble Espanyol, aunque su nombre cambie periódicamente, la última vez este domingo. Barts, nombre vinculado a la actual sala Paral·lel 62, encabeza desde este año la propuesta musical veraniega en el histórico espacio de Montjuïc como nuevo festival con 20 fechas. Anoche emprendió su andadura con Beat, un proyecto vinculado a King Crimson difícil de asociar a lo esperable en un ciclo veraniego, y a pesar de ello –o tal vez gracias a ello– con un plus de interés, sobre todo para el selecto grupo de aficionados al rock progresivo.
Veteranos de cien guerras guitarreras se congregaron anoche hasta casi llenar el aforo (3.600 personas) para asistir, más que a un revival, a la reconstrucción de un pasado muy concreto que atañe a los tres discos facturados por King Crimson en su segunda etapa a comienzos de los ochenta: Discipline, Beat y Three of a perfect pair.
Concierto principalmente instrumental, bouquet selecto, no apto para todos los paladares, pero impagable para quienes aprecian la trayectoria del rey carmesí y el buen hacer de un cuarteto creado para la ocasión, donde se combinan dos miembros de la formación original, un jovial Adrian Belew a la voz y guitarra, y Tony Levin al bajo y teclados, con dos genios de lo suyo como Danny Carey, batería de los también progresivos Tool, y Steve Vai, guitarrista con mayúsculas.
El veterano cuarteto (juntos suman casi 300 años) exhibió una solidez casi perfecta
Con el rigor de un concierto sinfónico y la alegría de una banda de rock juvenil, el cuarteto revisitó los tres discos comenzando por las complejidades de Beat, segundo cronológicamente, seguido por Three of a perfect pair para concluir en Discipline, primero de la tríada.
La complejidad de las iniciales Neurotica y Neal and Jack and Me, inspiradas como el resto de Beat en Kerouac y los beatniks, dejaron claro que al Poble Espanyol no se venía a jugar sino a escuchar música con atención y ganas de fijarse en el detalle. Así lo atestiguaba el silencio del público, solamente roto en los cambios de temas y la celebración de los solos del camaleónico Vai y su colección de pedales –onírico en Sartori in Tangier, salvaje en Elephant talk– lo que reforzaba el trabajo rítmico de Carey en los timbales y Levin, que combinó el bajo tradicional con el Chapman Stick 10 cuerdas. También facilitó el trabajo vocal de Belew, quien con 76 años y además de crear ambientes siderales con la guitarra sabe gestionar su instrumento y saca de él los matices exigidos por las piezas de Crimson, como demostró en la cacofónica Dig me.
El veterano cuarteto (juntos suman casi 300 años) exhibió una solidez casi perfecta incluso en piezas como la instrumental The sheltering sky, de casi un cuarto de hora de duración. Savia nueva a temas con casi medio siglo de antigüedad que lograron resucitar piezas tan arriesgadas como la experimental Industry a base de retazo de guitarras y batería difusa. Un camino, el del retorno del pasado, por el que puede pasar mucha música a medida que los dinosaurios del rock perezcan a manos del terrible meteorito llamado tiempo.
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