En el lenguaje tertuliano triunfó una expresión que se usaba para subrayar que algo era evidente, muy claro, que era de un modo determinado y punto: “Blanco y en botella”. Era una referencia directa a la leche, en el sentido de que si se comercializaba dentro de una botella es porque era un líquido, y si era de color blanco, ese líquido solo podía ser leche.
En el lenguaje tertuliano triunfó una expresión que se usaba para subrayar que algo era evidente, muy claro, que era de un modo determinado y punto: “Blanco y en botella”. Era una referencia directa a la leche, en el sentido de que si se comercializaba dentro de una botella es porque era un líquido, y si era de color blanco, ese líquido solo podía ser leche.Seguir leyendo…
En el lenguaje tertuliano triunfó una expresión que se usaba para subrayar que algo era evidente, muy claro, que era de un modo determinado y punto: “Blanco y en botella”. Era una referencia directa a la leche, en el sentido de que si se comercializaba dentro de una botella es porque era un líquido, y si era de color blanco, ese líquido solo podía ser leche.
Pero en todas partes hay quien cuestiona lo que se vende como verdad absoluta y cuando alguien suelta esa expresión del tertulianés, el primero responde: “¡Horchata!”. Además, hoy en día este tipo de regla de tres del cuñadismo se tambalea aún más porque la leche se distribuye cada vez menos dentro de botellas de cristal transparente.
Esta regla de tres se tambalea porque la leche se distribuye cada vez más en briks
Vivimos el momento del brik, a partir del envasado en cajas de cartón impermeabilizado que cada vez tienen tamaños y formas más variopintas. Primero fue el Tetra Pak, que era una pirámide de cuatro caras. Después se creó el Tetra Brik, con este brik que recuerda la palabra inglesa brick (ladrillo), porque tiene seis caras y una forma similar.
Los briks se han popularizado tanto que las empresas juegan con sus formas y colores para conseguir la huella de marca. Pero cuando aparecieron se usaron para envasar leche, una leche que, entonces, solo era de vaca.
También existían otras leches, como la de almendra, que se comercializaba en botes de cristal o latas y tenía una textura densa, de crema, para ser diluida en agua. Gracias a este producto no lácteo, los diccionarios introdujeron más acepciones en la palabra leche, de modo que se ampliaron las definiciones más allá de la leche que segregan las hembras mamíferas. En este sentido, la puerta ya estaba abierta para cobijar bajo la palabra leche todos los productos similares que han llegado después, como la leche de soja, de avena, de arroz, etcétera.
Si regresamos al principio, de leche de vaca solo se comercializaba una: la entera. Cuando se dio vía a la desnatada, los envases se diferenciaron con colores rosados y siluetas femeninas delgadas y ágiles, que contrastaban con las vacas de los briks de leche entera de color azul. Triplicando la apuesta, aún se ideó otro producto: la leche semidesnatada, diferenciada con el color verde.
Hasta entonces todo era claro: si era un brik de color azul, verde o rosa, el comprador sabía que estaba adquiriendo leche entera, semi o descremada, aunque no supiera leer. Ahora, en cambio, con todo el despliegue de leches vegetales, o establecemos un código de colores, o habrá que leer atentamente las etiquetas.
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