Curiosity halla, por primera vez, las ‘semillas’ del ADN en Marte

Marte no deja de hacernos guiños de que alguna vez tuvo vida. Cuando aún no nos hemos recuperado del asombro tras los recientes hallazgos del rover Perseverance en el antiguo delta del cráter Jezero, o de las enigmáticas fluctuaciones de gas metano que el propio Curiosity lleva años ‘olfateando’, el planeta vecino acaba de lanzar un nuevo órdago. Y es que la superficie marciana, hoy aparentemente estéril, congelada y bombardeada sin piedad por la radiación cósmica, escondía bajo su fino polvo naranja un tesoro químico incalculable: un cóctel diverso de moléculas orgánicas entre las que figuran, ni más ni menos, que los mismísimos ‘ladrillos’ que sirvieron para construir la vida en nuestro propio mundo.El hallazgo, que proviene de un nuevo análisis de un experimento químico llevado a cabo en 2020 (fue la primera vez que se realizaba en otro mundo), revela que la superficie marciana es capaz de preservar los tipos de moléculas que pudieron dar lugar a vida antigua. Sin embargo, aquel experimento no podía distinguir entre compuestos orgánicos de posibles formas de vida pasada en Marte y aquellos formados por procesos geológicos o entregados por meteoritos. El estudio se acaba de publicar en ‘ Nature Communications ‘, y gracias a él ha sido posible ‘destapar’ más de una veintena de compuestos químicos complejos en el planeta rojo.Los investigadores creen que han observado materia orgánica que se ha preservado de forma intacta en Marte durante 3.500 millones de añosEntre esta variopinta familia de moléculas halladas por el rover Curiosity, que lleva rodando por Marte desde el 6 de agosto de 2012, los autores del nuevo estudio han identificado una que contiene nitrógeno y cuya estructura es asombrosamente similar a los precursores del ADN terrestre. Hablamos, para entendernos, del ‘esqueleto’ mismo del rompecabezas genético, las semillas químicas a partir de las cuales se puede codificar la biología. Jamás, en décadas de exploración, se había detectado algo semejante en la superficie de Marte. Y por si fuera poco, los sensores del vehículo robótico también captaron benzotiofeno, un compuesto sulfuroso de gran tamaño, estructurado en forma de doble anillo, que los meteoritos suelen repartir a discreción por todo el cosmos.El ‘tupperware’ geológicoDurante décadas, la comunidad científica ha vivido obsesionada con encontrar estas escurridizas moléculas. Los compuestos orgánicos, basados principalmente en el carbono, son la firma innegable de la biología (aunque también pueden formarse por procesos geológicos puros o llover literalmente del cielo a bordo de rocas espaciales).En 1976, las históricas sondas gemelas Viking de la NASA aterrizaron en Marte con la misión expresa de buscar vida. Sus resultados fueron confusos y, durante cuarenta años, se pensó que el planeta era un desierto yermo a nivel químico. Sin embargo, estudios recientes demostraron una realidad casi trágica: las Viking sí encontraron materia orgánica , pero al calentar las muestras en sus hornos de a bordo para analizarlas, una sal marciana muy reactiva (el perclorato) actuó como combustible y quemó accidentalmente las valiosas moléculas antes de que pudieran ser identificadas correctamente.Noticia relacionada general No No Adiós a la ‘niebla’ que nos impedía ver los confines del Universo José Manuel NievesPor eso este nuevo enfoque cambia las reglas del juego. La doctora Amy Williams, profesora de ciencias geológicas en la Universidad de Florida, científica de las misiones Curiosity y Perseverance, y líder de la nueva investigación, subraya la profunda importancia del hallazgo: «Creemos que estamos observando materia orgánica que se ha preservado en Marte durante 3.500 millones de años».Acceder a esa antiquísima información no ha sido una tarea sencilla. Desde su aterrizaje en 2012, el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA dirigió al Curiosity hacia la región de Glen Torridon, en las faldas del monte central del cráter Gale. Hace miles de millones de años, todo este inmenso cráter (de más de 150 km de diámetro) era el lecho de un lago profundo y rebosante de agua. Hoy, la zona de Glen Torridon destaca por ser un terreno excepcionalmente rico en minerales arcillosos.Y resulta que esas arcillas marcianas actúan como si fueran diminutos ‘tupperwares’, o minúsculas cajas fuertes de roca. Al formarse en presencia de agua, atraparon herméticamente estas delicadas sustancias químicas en su interior, protegiéndolas durante milenios del poder corrosivo de los percloratos y de la brutal radiación ultravioleta que arrasa la superficie del planeta rojo, que carece de la protección de una densa atmósfera.Un experimento novedosoPara extraer el contenido orgánico de estas rocas sin cometer el mismo error que las sondas Viking, el equipo de la misión, en el que desempeñó un papel fundamental la astrobióloga Jennifer Eigenbrode, del Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA y coautora del presente estudio, utilizó el conjunto de instrumentos SAM (Sample Analysis at Mars).A diferencia de las históricas misiones Viking en los años 70, esta nueva técnica de ‘química húmeda’ ha evitado calcinar las valiosas muestras orgánicas antes de poder analizarlasPara el experimento, los investigadores emplearon una técnica de ‘química húmeda’. Es decir, que en lugar de simplemente hornear la roca, introdujeron en la muestra una sustancia química líquida conocida como TMAH que, en la práctica, funciona como unas ‘tijeras moleculares’ capaces de romper y desmenuzar las moléculas orgánicas más grandes y rebeldes para que los instrumentos de a bordo del rover puedan ‘leer’ sus componentes de forma individual, sin necesidad de aplicar temperaturas extremas que las destruyan.El problema era que Curiosity, tras largos años de viaje, en aquel momento solo llevaba consigo el equivalente a dos pequeñas tazas de este preciado reactivo químico. Eigenbrode y sus colegas se lo jugaban todo a una carta. Había que estudiar la topografía milímetro a milímetro y elegir el lugar exacto y el momento perfecto para perforar y tomar la muestra. El éxito requería una planificación milimétrica; no se podía fallar el tiro.Y acertaron. «Realmente es útil tener evidencias de que la antigua materia orgánica se conserva, porque esa es una forma de evaluar la habitabilidad de un entorno -explica Williams- .Y si queremos buscar evidencia de vida en forma de carbono orgánico conservado, esto demuestra que es técnica y físicamente posible».¿Bacterias fósiles o química espacial?Llegados a este punto, surge la pregunta inevitable: ¿Significa esto que por fin hemos encontrado vida extraterrestre? La respuesta es que todavía no. El experimento, aunque muy esperanzador para la astrobiología, tiene un límite tecnológico claro. Porque a día de hoy, ningún robot puede distinguir de forma inequívoca y definitiva si estos compuestos orgánicos provienen de un pasado biológico rebosante de bacterias marcianas, o si, por el contrario, fueron originados por la mera actividad hidrotermal del planeta y la incesante caída de meteoritos. Sobre este último punto, Williams hace hincapié en una conexión directa con nuestros propios y remotos orígenes terrestres. Es lo que los científicos llaman ‘panspermia suave’: «El mismo material que llovió sobre Marte procedente de meteoritos es el que llovió sobre la Tierra, y probablemente proporcionó los componentes básicos para la vida tal y como la conocemos en nuestro planeta». Es decir, el cosmos es una fábrica incesante de ingredientes prebióticos, y Marte nos está permitiendo ver cómo era ese material primigenio antes de que la vida (como ocurrió en la Tierra) lo consumiera y transformara por completo.Para zanjar de una vez el debate de las biofirmas y comprobar si realmente hubo microorganismos nadando en aquel antiguo lago del cráter Gale, sería necesario traer muestras de rocas marcianas a la Tierra para estudiarlas con los potentes microscopios electrónicos y sincrotrones de los laboratorios más avanzados del mundo. Una pena que la misión programada para ello, la Mars Sample Return, haya sido aplazada ‘sine die’ tras el recorte de presupuestos a la NASA por parte de la administración Trump.Así que, por ahora, no queda más remedio que conformarse con esta técnica de ‘química húmeda’, que ha allanado el camino para la próxima generación de exploradores robóticos. Futuras misiones que, por cierto, ya están calentando motores, como el rover europeo Rosalind Franklin (diseñado para perforar hasta dos metros de profundidad y escapar por fin de la radiación superficial) o la audaz sonda Dragonfly, un dron de propulsión nuclear que sobrevolará los densos cielos de Titán (la gigantesca y misteriosa luna de Saturno), ya planean incorporar a bordo este mismo test químico para rastrear las escurridizas moléculas de la vida.MÁS INFORMACIÓN noticia Si El loro con discapacidad que ahora es macho alfa noticia Si Un experimento halla que los salmones drogados con cocaína nadan hasta 12 kilómetros más«Ahora sabemos que hay grandes y complejos compuestos orgánicos preservados en el subsuelo superficial de Marte -concluye Williams-, y eso resulta muy prometedor para preservar grandes sustancias orgánicas complejas que podrían ser diagnósticas de vida». El planeta rojo sigue guardando celosamente su mayor secreto, y lo defiende con monstruosas tormentas de polvo y un frío extremo, pero es indudable que, paso a paso, perforación a perforación, cada vez le van quedando menos escondites. Marte no deja de hacernos guiños de que alguna vez tuvo vida. Cuando aún no nos hemos recuperado del asombro tras los recientes hallazgos del rover Perseverance en el antiguo delta del cráter Jezero, o de las enigmáticas fluctuaciones de gas metano que el propio Curiosity lleva años ‘olfateando’, el planeta vecino acaba de lanzar un nuevo órdago. Y es que la superficie marciana, hoy aparentemente estéril, congelada y bombardeada sin piedad por la radiación cósmica, escondía bajo su fino polvo naranja un tesoro químico incalculable: un cóctel diverso de moléculas orgánicas entre las que figuran, ni más ni menos, que los mismísimos ‘ladrillos’ que sirvieron para construir la vida en nuestro propio mundo.El hallazgo, que proviene de un nuevo análisis de un experimento químico llevado a cabo en 2020 (fue la primera vez que se realizaba en otro mundo), revela que la superficie marciana es capaz de preservar los tipos de moléculas que pudieron dar lugar a vida antigua. Sin embargo, aquel experimento no podía distinguir entre compuestos orgánicos de posibles formas de vida pasada en Marte y aquellos formados por procesos geológicos o entregados por meteoritos. El estudio se acaba de publicar en ‘ Nature Communications ‘, y gracias a él ha sido posible ‘destapar’ más de una veintena de compuestos químicos complejos en el planeta rojo.Los investigadores creen que han observado materia orgánica que se ha preservado de forma intacta en Marte durante 3.500 millones de añosEntre esta variopinta familia de moléculas halladas por el rover Curiosity, que lleva rodando por Marte desde el 6 de agosto de 2012, los autores del nuevo estudio han identificado una que contiene nitrógeno y cuya estructura es asombrosamente similar a los precursores del ADN terrestre. Hablamos, para entendernos, del ‘esqueleto’ mismo del rompecabezas genético, las semillas químicas a partir de las cuales se puede codificar la biología. Jamás, en décadas de exploración, se había detectado algo semejante en la superficie de Marte. Y por si fuera poco, los sensores del vehículo robótico también captaron benzotiofeno, un compuesto sulfuroso de gran tamaño, estructurado en forma de doble anillo, que los meteoritos suelen repartir a discreción por todo el cosmos.El ‘tupperware’ geológicoDurante décadas, la comunidad científica ha vivido obsesionada con encontrar estas escurridizas moléculas. Los compuestos orgánicos, basados principalmente en el carbono, son la firma innegable de la biología (aunque también pueden formarse por procesos geológicos puros o llover literalmente del cielo a bordo de rocas espaciales).En 1976, las históricas sondas gemelas Viking de la NASA aterrizaron en Marte con la misión expresa de buscar vida. Sus resultados fueron confusos y, durante cuarenta años, se pensó que el planeta era un desierto yermo a nivel químico. Sin embargo, estudios recientes demostraron una realidad casi trágica: las Viking sí encontraron materia orgánica , pero al calentar las muestras en sus hornos de a bordo para analizarlas, una sal marciana muy reactiva (el perclorato) actuó como combustible y quemó accidentalmente las valiosas moléculas antes de que pudieran ser identificadas correctamente.Noticia relacionada general No No Adiós a la ‘niebla’ que nos impedía ver los confines del Universo José Manuel NievesPor eso este nuevo enfoque cambia las reglas del juego. La doctora Amy Williams, profesora de ciencias geológicas en la Universidad de Florida, científica de las misiones Curiosity y Perseverance, y líder de la nueva investigación, subraya la profunda importancia del hallazgo: «Creemos que estamos observando materia orgánica que se ha preservado en Marte durante 3.500 millones de años».Acceder a esa antiquísima información no ha sido una tarea sencilla. Desde su aterrizaje en 2012, el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA dirigió al Curiosity hacia la región de Glen Torridon, en las faldas del monte central del cráter Gale. Hace miles de millones de años, todo este inmenso cráter (de más de 150 km de diámetro) era el lecho de un lago profundo y rebosante de agua. Hoy, la zona de Glen Torridon destaca por ser un terreno excepcionalmente rico en minerales arcillosos.Y resulta que esas arcillas marcianas actúan como si fueran diminutos ‘tupperwares’, o minúsculas cajas fuertes de roca. Al formarse en presencia de agua, atraparon herméticamente estas delicadas sustancias químicas en su interior, protegiéndolas durante milenios del poder corrosivo de los percloratos y de la brutal radiación ultravioleta que arrasa la superficie del planeta rojo, que carece de la protección de una densa atmósfera.Un experimento novedosoPara extraer el contenido orgánico de estas rocas sin cometer el mismo error que las sondas Viking, el equipo de la misión, en el que desempeñó un papel fundamental la astrobióloga Jennifer Eigenbrode, del Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA y coautora del presente estudio, utilizó el conjunto de instrumentos SAM (Sample Analysis at Mars).A diferencia de las históricas misiones Viking en los años 70, esta nueva técnica de ‘química húmeda’ ha evitado calcinar las valiosas muestras orgánicas antes de poder analizarlasPara el experimento, los investigadores emplearon una técnica de ‘química húmeda’. Es decir, que en lugar de simplemente hornear la roca, introdujeron en la muestra una sustancia química líquida conocida como TMAH que, en la práctica, funciona como unas ‘tijeras moleculares’ capaces de romper y desmenuzar las moléculas orgánicas más grandes y rebeldes para que los instrumentos de a bordo del rover puedan ‘leer’ sus componentes de forma individual, sin necesidad de aplicar temperaturas extremas que las destruyan.El problema era que Curiosity, tras largos años de viaje, en aquel momento solo llevaba consigo el equivalente a dos pequeñas tazas de este preciado reactivo químico. Eigenbrode y sus colegas se lo jugaban todo a una carta. Había que estudiar la topografía milímetro a milímetro y elegir el lugar exacto y el momento perfecto para perforar y tomar la muestra. El éxito requería una planificación milimétrica; no se podía fallar el tiro.Y acertaron. «Realmente es útil tener evidencias de que la antigua materia orgánica se conserva, porque esa es una forma de evaluar la habitabilidad de un entorno -explica Williams- .Y si queremos buscar evidencia de vida en forma de carbono orgánico conservado, esto demuestra que es técnica y físicamente posible».¿Bacterias fósiles o química espacial?Llegados a este punto, surge la pregunta inevitable: ¿Significa esto que por fin hemos encontrado vida extraterrestre? La respuesta es que todavía no. El experimento, aunque muy esperanzador para la astrobiología, tiene un límite tecnológico claro. Porque a día de hoy, ningún robot puede distinguir de forma inequívoca y definitiva si estos compuestos orgánicos provienen de un pasado biológico rebosante de bacterias marcianas, o si, por el contrario, fueron originados por la mera actividad hidrotermal del planeta y la incesante caída de meteoritos. Sobre este último punto, Williams hace hincapié en una conexión directa con nuestros propios y remotos orígenes terrestres. Es lo que los científicos llaman ‘panspermia suave’: «El mismo material que llovió sobre Marte procedente de meteoritos es el que llovió sobre la Tierra, y probablemente proporcionó los componentes básicos para la vida tal y como la conocemos en nuestro planeta». Es decir, el cosmos es una fábrica incesante de ingredientes prebióticos, y Marte nos está permitiendo ver cómo era ese material primigenio antes de que la vida (como ocurrió en la Tierra) lo consumiera y transformara por completo.Para zanjar de una vez el debate de las biofirmas y comprobar si realmente hubo microorganismos nadando en aquel antiguo lago del cráter Gale, sería necesario traer muestras de rocas marcianas a la Tierra para estudiarlas con los potentes microscopios electrónicos y sincrotrones de los laboratorios más avanzados del mundo. Una pena que la misión programada para ello, la Mars Sample Return, haya sido aplazada ‘sine die’ tras el recorte de presupuestos a la NASA por parte de la administración Trump.Así que, por ahora, no queda más remedio que conformarse con esta técnica de ‘química húmeda’, que ha allanado el camino para la próxima generación de exploradores robóticos. Futuras misiones que, por cierto, ya están calentando motores, como el rover europeo Rosalind Franklin (diseñado para perforar hasta dos metros de profundidad y escapar por fin de la radiación superficial) o la audaz sonda Dragonfly, un dron de propulsión nuclear que sobrevolará los densos cielos de Titán (la gigantesca y misteriosa luna de Saturno), ya planean incorporar a bordo este mismo test químico para rastrear las escurridizas moléculas de la vida.MÁS INFORMACIÓN noticia Si El loro con discapacidad que ahora es macho alfa noticia Si Un experimento halla que los salmones drogados con cocaína nadan hasta 12 kilómetros más«Ahora sabemos que hay grandes y complejos compuestos orgánicos preservados en el subsuelo superficial de Marte -concluye Williams-, y eso resulta muy prometedor para preservar grandes sustancias orgánicas complejas que podrían ser diagnósticas de vida». El planeta rojo sigue guardando celosamente su mayor secreto, y lo defiende con monstruosas tormentas de polvo y un frío extremo, pero es indudable que, paso a paso, perforación a perforación, cada vez le van quedando menos escondites.  

Marte no deja de hacernos guiños de que alguna vez tuvo vida. Cuando aún no nos hemos recuperado del asombro tras los recientes hallazgos del rover Perseverance en el antiguo delta del cráter Jezero, o de las enigmáticas fluctuaciones de gas metano que … el propio Curiosity lleva años ‘olfateando’, el planeta vecino acaba de lanzar un nuevo órdago.

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