Manuel de Falla, el artesano de la magia sonora

Hoy en día, por mucho menos se le habría diagnosticado a Manuel de Falla un Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC). Porque se ha hablado –y exagerado– en abundancia de las facetas extremas de su compleja psicología, de sus fobias o su obsesión por la higiene y la salud. Que si era neurasténico e hipocondríaco, que si vivía con pánico a los gérmenes y desinfectaba con alcohol cada una de las teclas del piano antes de tocar, o incluso los muebles y picaportes que iba a utilizar. Luego estaba la dieta de los caldos, que le llevó a una desnutrición severa. Y el tema de las corrientes de aire, su peor enemigo, por lo que en su casa se sellaban las ventanas y se obligaba a las visitas a mantenerse lejos de puertas o ventanas mal cerradas.

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 Hoy en día, por mucho menos se le habría diagnosticado a Manuel de Falla un Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC). Porque se ha hablado –y exagerado– en abundancia de las facetas extremas de su compleja psicología, de sus fobias o su obsesión por la higiene y la salud. Que si era neurasténico e hipocondríaco, que si vivía con pánico a los gérmenes y desinfectaba con alcohol cada una de las teclas del piano antes de tocar, o incluso los muebles y picaportes que iba a utilizar. Luego estaba la dieta de los caldos, que le llevó a una desnutrición severa. Y el tema de las corrientes de aire, su peor enemigo, por lo que en su casa se sellaban las ventanas y se obligaba a las visitas a mantenerse lejos de puertas o ventanas mal cerradas.Seguir leyendo…  

Hoy en día, por mucho menos se le habría diagnosticado a Manuel de Falla un Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC). Porque se ha hablado –y exagerado– en abundancia de las facetas extremas de su compleja psicología, de sus fobias o su obsesión por la higiene y la salud. Que si era neurasténico e hipocondríaco, que si vivía con pánico a los gérmenes y desinfectaba con alcohol cada una de las teclas del piano antes de tocar, o incluso los muebles y picaportes que iba a utilizar. Luego estaba la dieta de los caldos, que le llevó a una desnutrición severa. Y el tema de las corrientes de aire, su peor enemigo, por lo que en su casa se sellaban las ventanas y se obligaba a las visitas a mantenerse lejos de puertas o ventanas mal cerradas.

“Eso de las corrientes creo que viene de familia, porque a mí también me sucede”, confiesa al teléfono Elena García de Paredes Falla (Madrid, 1961), la sobrina-nieta del compositor, que desde 2024, al morir su madre, Isabel de Falla, pasó de gerente a presidenta de la Fundación Archivo Manuel de Falla. Allí, en Granada, , la ciudad que entre 1920 y 1939 fue refugio creativo del músico, se conservan incluso fotos de las medicinas que tomaba o dibujos de los ejercicios que hacía a diario.

Los medicamentos que tomaban Manuel de Falla se conservan en la Casa-Museo de Granada 
Los medicamentos que tomaban Manuel de Falla se conservan en la Casa-Museo de Granada Archivo Manuel de Falla

Una rareza. En este país, el legado de los compositores, incluso de los más relevantes, tiene más posibilidades de sobrevivir y de divulgarse si hay herederos que se involucran en su conservación. La Fundación de Falla, por ejemplo, se creó hace cuatro décadas con el impulso de la sobrina y ahijada del compositor gaditano de quien este 23 de noviembre se cumple el 150.º aniversario. Isabel de Falla, única hija de su hermano Germán, vio claro que había que concentrar en un único lugar el monumental archivo que había heredado y custodiado para contribuir al entendimiento de la obra de este referente absoluto de las vanguardias musicales europeas.

Se le debe mucho a mi madre, porque he sabido después que quiso haber sido archivista”

“Yo tuve la fortuna de estar muy cerca de mi madre y de compartir esa responsabilidad –apunta Elena–. Aprendí muchísimo de ella. Además se le debe mucho. Porque he sabido después que quiso haber sido archivista. Alguien con ese legado podía perfectamente haber empezado a vender pinturas y cualquier otra cosa. Y no, no, ella tuvo ese empeño en un archivo. Era vocacional y nada habitual. No hay más que ver cómo están otros archivos”.

Licenciada en Filología Hispánica, Elena lleva vinculada al archivo familiar desde que tenía 22 o 23 años. Ahí estaba cuando en 1987 se constituyó en fundación privada. Y dirigió el definitivo traslado de la documentación de Madrid a Granada en 1991, gracias al acuerdo institucional que impulsó el Ayuntamiento de Granada. Solo a partir de ahí se sumaron el Ministerio de Cultura, la junta de Andalucía, la Universidad de Granada… y ahora el Ayuntamiento de Cádiz. Ya es casi un organismo público.

Una imagen del compositor en 1937
Una imagen del compositor en 1937Archivo Manuel de Falla

 Allí, junto a la Alhambra, en el barrio de Antequeruela Alta, se conserva también –y no es fácil que sea así; basta el contraste con lo que ocurre con Robert Gerhard en Valls– la casa-museo de Falla, en la que el artista vivió con su hermana María del Carmen hasta que se exilió a Argentina, preocupado por el avance de los fascismos, y en la que compuso El retablo de maese Pedro o el Concierto para clave . Este último se estrenó en el Palau de la Música: el día 5 hace un siglo y Benjamin Allard lo tocará allí mismo.

El hogar de Falla en Granada fue punto de reunión para músicos, pintores y escritores… figuras de la Edad de Plata como Federico García Lorca, Hermenegildo Lanz y Manuel Ángeles Ortiz. Por la correspondencia con José María Pemán y Fernando de los Ríos se conoce que Falla trató de ver a Lorca mientras estuvo detenido antes de su asesinato, o que intercedió por el dibujante Lanz. También que su salud se deterioró ante la barbarie de la Guerra Civil.

Falla era un católico devoto cuyo ideal era escribir una Misa, pero no creía haber dado con la fórmula de una música religiosa que fuera digna de ser ofrecida a Dios. Y no estaba dispuesto a hacer un pastiche imitando el gregoriano.

“El misticismo de Falla es una seña de identidad suya –prosigue la sobrina-nieta–. Él estaba muy vinculado a los carmelitas, pero no era misticismo de poca monta, sino una espiritualidad muy responsable, muy construida y que además a él le marca su vida. Falla tiene actuaciones muy valientes que creo que le vienen de ahí, como la voluntad de ayudar a tanta gente durante la Guerra Civil. El asesinato de Lorca lo vive de manera terrible. No es que fuera para él como un hijo, pero había diferencia de edad, y ver a un chico joven con esa personalidad arrolladora, al que quería tantísimo, con quien había colaborado y tenía una amistad grande… Pero no le gustaba hablar de ello. Ya en Argentina, cuando le preguntaban por Lorca le cambiaba la cara”.

Elena se declara entusiasta de la música de Falla. “Soy una fan. Está la espiritualidad de La Atlántida ; está la fuerza del Sombrero de tres picos ; está la profundidad trágica de La vida breve , o lo sugerente que es Noches de los Jardines de España , además de la delicadeza de las obras de juventud…”.

La relación que tuvo la España de Franco con Falla, por ser católico y figura amable y reivindicable, no le hizo mucho bien ante otras personas”

Elena tenía tópicos que derribar, como el del folclore, para devolver a Falla a la consideración que le correspondía en España. “Sorprende que una persona que tampoco viajaba tanto, estuviera en contacto con tantísimas personas de toda Europa. Era una figura central en el continente. Pero la relación que tuvo la España de Franco con Falla, por ser católico, figura para ellos amable, fácil y que podía reivindicarse, no le hizo mucho bien de cara a otro tipo de personas”. Y eso que él nunca cedió a la presiones del régimen para que regresara de Argentina. Una tensión que llevó su salud al límite.

Era un artista de una inteligencia metódica, austera y exigente que no creía en la magia de las musas. Y que a diferencia de otros no copiaba el folclore, lo desnudaba para quedarse con la esencia, lo estudiaba a fondo (sobre todo el cante jondo) y comprendía su estructura interna, sus modos griegos y sus intervalos. De imaginación desbordante –de niño prefería la literatura y creaba mundos ficticios, como la ciudad de Colón–, su arte es una combinación del espíritu y el ritmo de lo andalusí, el rigor conceptual y el color del impresionismo francés que aprendió de Debussy y de Ravel en París, y el neoclasicismo de vanguardia. Y como asegura el crítico Jorge de Persia, el primer director del Archivo Manuel de Falla, si no hubiera estallado la Segunda Guerra Mundial, aquel movimiento habría tenido una continuidad en la composición actual.

“A Falla le hunden definitivamente la Guerra Civil y la Segunda Guerra Mundial. Cuando se meten como vencedores los Estados Unidos, buscan imprimir carácter y recuperan el pensamiento alemán, por delante del surrealismo y gente como Cocteau. Potencian a Stockhausen y a los que, como Gerhard, comienzan a trabajar con la electrónica y los ruiditos, y se abandona un camino de vanguardias. Reniegan de la tradición y en lugar de profundizar, van a la superficie. Porque hay dos ideas de la tradición: la conservadora y la progresistas, que es la que propulsaban Falla, Ravel, Debussy o Messiaen. Occidente se apartó de un elemento fundamental, los componentes de la música, el ritmo, la melodía, la modalidad, para lanzarse a la universalidad. Y así estamos ahora”, concluye el crítico.

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