La familia como lugar siniestro, como sistema de lealtades inmerecidas e incomprensiones varias, es un tema común de la literatura porque es un hecho en la realidad, y una experiencia con la cual, creo, muchos podemos identificarnos. Más difícil es describir el refugio que sí existe en la familia inesperada, en las personas que lo acogen a uno cuando no hay lazos de sangre ni jerarquías engañosas.
La familia como lugar siniestro, como sistema de lealtades inmerecidas e incomprensiones varias, es un tema común de la literatura porque es un hecho en la realidad, y una experiencia con la cual, creo, muchos podemos identificarnos. Más difícil es describir el refugio que sí existe en la familia inesperada, en las personas que lo acogen a uno cuando no hay lazos de sangre ni jerarquías engañosas.Seguir leyendo…
La familia como lugar siniestro, como sistema de lealtades inmerecidas e incomprensiones varias, es un tema común de la literatura porque es un hecho en la realidad, y una experiencia con la cual, creo, muchos podemos identificarnos. Más difícil es describir el refugio que sí existe en la familia inesperada, en las personas que lo acogen a uno cuando no hay lazos de sangre ni jerarquías engañosas.
Mi experiencia con la editorial Anagrama le ha quitado ese halo siniestro o incluso mafioso a la noción de casa o familia que, lo confieso, siempre había tenido para mí cualquier idea cercana al clan, a la pertenencia. Anagrama es una editorial histórica que no hace más que crecer, pero la manera en que trabajan sus editoras acaba resultando, para mí, en una sensación de anclaje, de profunda comprensión, que no he experimentado en ningún otro grupo.
Tu lugar en el mundo es allí donde eres aceptado y apreciado por lo que verdaderamente eres
En mi adolescencia, tras un episodio familiar complejo, de pronto me vi viviendo en Barcelona. Aunque a esa edad una se las ingenia para pertenece r a todo tipo de grupos, mi desubicación en la ciudad duró hasta que, años después, escritura tras escritura, Anagrama publicó mi primera novela: entonces yo no sabía que este hecho iba a proporcionarme amigos, escritores también, en quienes me iba a ver espejada y comprendida; libreros y libreras que valoraban las mismas cosas que yo; desconocidos que de pronto leían mis libros y, sobre todo, un equipo editorial que me tenía presente y se hacía presente cuando importaba.
Una, con suerte, tiene padre, madre y amigos de la infancia. Pero encontrar una familia profesional en la edad adulta no es cosa fácil, ni tampoco sentir que tiene un lugar en el mundo. Es una sensación que va mucho más allá del reconocimiento público que pueda venir del hecho de publicar un libro: es el reconocimiento en un sentido más íntimo y esencial.
Tu lugar en el mundo es allí donde eres aceptado y apreciado por lo que verdaderamente eres, donde te celebran y acogen a partes iguales, donde no depende tu valor de nada más que de tu existencia y lo que se derive de ella de manera natural.
No sé si me identifico con la idea del escritor como criatura huérfana que encuentra un hogar en la escritura. Más bien, me parece que los editores, correctores y diseñadores le permiten al escritor construir con sus libros una casa para sí mismo y los demás. Años más tarde, cuando me mudé a Nueva York, fue gracias a otros autores de Anagrama que creé una comunidad y encontré un piso en esta nueva ciudad, una de las más hostiles del mundo. Paradójicamente, contar con una verdadera familia significa que desarrollas autonomía, voluntad propia, que te sientes acompañado desde lejos en lugar de ver tus movimientos limitados. Aunque la literatura a menudo refleje a la familia como una cárcel, una buena editorial puede devolverle a la familia su mejor significado: ser ventana.
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