Henri Quillé (1928-2018) no está en Wikipedia, pero sí en el núcleo duro de la memoria patrimonial de Formentera. Lo certificas al entrar en su librería más emblemática, la Tur Ferrer de Sant Francesc, con sus más de seis décadas de existencia: en la intersección de todos los ejes visuales destacan las portadas de varios ejemplares de Henri Quillé: Formentera . Se trata de un volumen bilingüe, publicado recientemente por la editorial francesa Norma, con cerca de 250 fotografías y textos de Guy Bloch-Champfort, Sophie Cambrillat y Tanit Quillé, que explican y documentan un conjunto extraordinario. El de las 35 casas que el arquitecto construyó durante medio siglo en esta isla, diez de las cuales autosuficientes o energéticamente autónomas, en una época en que esas ideas no tenían todavía nombre.
Un libro recuerda al arquitecto francés, pionero de las construcciones sostenibles, convertidas hoy en sello de identidad
Henri Quillé (1928-2018) no está en Wikipedia, pero sí en el núcleo duro de la memoria patrimonial de Formentera. Lo certificas al entrar en su librería más emblemática, la Tur Ferrer de Sant Francesc, con sus más de seis décadas de existencia: en la intersección de todos los ejes visuales destacan las portadas de varios ejemplares de Henri Quillé: Formentera . Se trata de un volumen bilingüe, publicado recientemente por la editorial francesa Norma, con cerca de 250 fotografías y textos de Guy Bloch-Champfort, Sophie Cambrillat y Tanit Quillé, que explican y documentan un conjunto extraordinario. El de las 35 casas que el arquitecto construyó durante medio siglo en esta isla, diez de las cuales autosuficientes o energéticamente autónomas, en una época en que esas ideas no tenían todavía nombre.
“Es una locura lo que se vende ese libro”, me dice Joan, el librero. A través la hija de Quillé, se han vuelto los distribuidores de la publicación en las islas Baleares: “Se ha descubierto un mundo y ahora mucha gente me pregunta dónde están las casas, porque quieren visitarlas”. No es fácil convertir la lectura en una experiencia geográfica: por estar en manos privadas y en la isla más exclusiva del Mediterráneo, las direcciones no son públicas. Sólo encuentro en internet las coordenadas de Ferró, la primera casa que construyó aquí.
Las islas son laboratorios naturales del futuro, sobre todo en momentos de crisis
Tras estudiar arquitectura e ingeniería en París, colaboró en el taller de arquitectura de Le Corbusier y descubrió este paraíso balear en 1962; se mudó aquí seis años después; y en 1971 hizo realidad su primer edificio. En una cala de Es Carnatge, una fotógrafa, vestida sólo con una falda, retrata al atardecer a una modelo negra que parece bailar con el brillo dorado de una manta isotérmica. Pervive el espíritu fundacional, por tanto: ese edificio color arena, que parece una fortaleza árabe, fue la casa y el taller de Erró, seudónimo del artista islandés Guðmundur Guðmundsson, ahora nonagenario, que ha pasado la vida entre París, Tailandia y Formentera, y además de la pintura y la escultura cultivó la performance .
Como carece de puertas que discriminen entre el exterior y el interior, enseguida llegas a una enramada –o cobertizo tradicional– que da sombra a una mesa, un jardín seco y un mural inspirado en Joan Miró, que Erró pintó hace más de medio siglo. En la torre se mece una gran hamaca blanca, con vistas a la abrupta Costa de Tramuntana.

Siguiendo pistas que hay en el libro y gracias a una gramática con elementos como la bóveda catalana, la ausencia de puertas principales, los materiales locales y una sutil elegancia, encuentro otras casas, en los alrededores y también cerca de Cala Saona. Algunas tienen cortinas blancas en los huecos de los portales y están alquiladas a turistas. Otras son de propietarios italianos o franceses.
Annie Poirot –parisina aficionada a la pintura– y su marido me enseñan el porche abierto al bosque de pinos; los techos altos del interior con chimenea; la piscina que añadieron hace quince años. Rememoran el incendio de hace diez; me muestran el libro como un tesoro; y me piden que no escriba aquí el nombre ni la dirección de la casa.
La única que encuentro en Google Maps, en cambio, no aparece en Henri Quillé. Formentera. A la Casa Brisa del Mar llego desde la playa, siguiendo las huellas de pies desnudos que se dirigen hacia una estructura en lo alto, camuflada entre la arboleda. “Lo mejor es el panorama”, concuerda el matrimonio italiano que juega a cartas bajo su hermosa bóveda, que encuadra al fondo las dunas, el mar y el cielo de Casa Saona. “Lo peor, que las paredes son muy gruesas, si en vez de 60 centímetros, tuvieran 30, las habitaciones no serían tan pequeñas”. Me enseñan también el libro: “No aparecemos porque no quisimos contribuir económicamente a su publicación”, me dicen antes de seguir con la partida.

En la misma época en que Quillé fue pionero de la arquitectura sostenible a partir de los modelos payeses que encontró al llegar a Formentera, el artista canario César Manrique trabajó en la documentación de los edificios tradicionales de su isla para el proyecto Lanzarote. Arquitectura inédita, que se publicó también en forma de libro en 1974 y fue la base intelectual de su revolución estética y ecológica, cuando nacía el turismo de masas.
Las islas son laboratorios naturales del futuro, sobre todo en momentos de crisis. Con el debate de fondo sobre la saturación y el auge de los precios, la conciencia del legado de Quillé coincide con un momento fuerte de la cultura y el arte contemporáneos en las Islas Baleares. Y crucial.
Es Baluard, Casal Solleric y la Fundación Miró Mallorca lideran el esfuerzo institucional; Hauser & Wirth ha impulsado el boom de las galerías en Menorca; Atlàntida, Cranc o Trobades & Premis Mediterranis Albert Camus son algunos de los festivales que marcan el calendario. Según el comisario internacional Bartomeu Marí –que después de dirigir el Museo Nacional de Corea reside entre Madrid e Ibiza–: “El necesario cambio de paradigma económico pasa obligatoriamente por la creatividad; como la materia prima del turismo se agota, las nuevas profesiones creativas en muchos campos deben tomar el relevo”.
En 2027 iniciará la actividad pública Gra de Sal, la iniciativa sin ánimo de lucro que ha impulsado, dedicada a la producción y exposición de nuevas obras de arte vinculadas a las islas y con voluntad de impacto global, con la implicación y la formación de agentes locales, para apoyar su carrera creativa y profesional.
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