Huelga indefinida de bibliotecas también en agosto: “Disculpe, ¿hoy sí abrirán?”

El teléfono de la biblioteca Jaume Fuster, en la plaza de Lesseps de Barcelona, no deja de sonar. “Buenos días. Sí, esta mañana estamos abiertos. Para saber si también lo estamos por la tarde, vuelva a llamar más tarde”. La cantinela se repite cada dos, tres minutos. “Es la única forma real que el usuario tiene de saber si esta o cualquier otra biblioteca de la ciudad está operativa. Los horarios oficiales no tienen por qué cumplirse”, explica a La Vanguardia una de las administrativas del centro. 

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 El paro convierte en aleatoria e imprevisible la apertura de unos centros de estudio que además son refugio climático  

El teléfono de la biblioteca Jaume Fuster, en la plaza de Lesseps de Barcelona, no deja de sonar. “Buenos días. Sí, esta mañana estamos abiertos. Para saber si también lo estamos por la tarde, vuelva a llamar más tarde”. La cantinela se repite cada dos, tres minutos. “Es la única forma real que el usuario tiene de saber si esta o cualquier otra biblioteca de la ciudad está operativa. Los horarios oficiales no tienen por qué cumplirse”, explica a La Vanguardia una de las administrativas del centro. 

La situación se repite desde el pasado 26 de mayo, cuando los trabajadores del Consorci de Biblioteques de Barcelona (CBB) iniciaron una huelga indefinida que se extiende por ahora y que, por el momento, no tiene previsión de finalizar. Meses antes, ya habían tenido lugar parones puntuales, como el que duró 24 horas el pasado 21 de abril, o los cierres de algunos sábados. Escenarios que llegaron como protesta ante la falta de progresos en el proceso negociador con el Ayuntamiento sobre las condiciones laborales del personal.

Una llamada es la forma más efectiva de saber este verano si una biblioteca está o no abierta

Lo que alarma ahora en agosto es que la ciudad pueda contar con menos bibliotecas de las esperadas teniendo en cuenta especialmente su preciada condición de refugio climático, como avisa un cartel a su entrada. Cada verano, son varias las que cierran, por motivos diversos, entre ellos las vacaciones del personal, y este 2026 la cifra es similar a la del pasado año: 19 permanecerán abiertas de las 41 que hay en la ciudad. Pero la diferencia esta vez es que, debido al proceso de huelga, la práctica no siempre sigue a la teoría y más de uno puede acercarse a cualquiera de los centros y encontrar que este no esté abierto pese a que estaba previsto.

Es lo que le ocurrió ayer a Romina Di Sante en la biblioteca Mercè Rodoreda, en Horta-Guinardó. “No es la primera vez que me pasa. Estoy estudiando para la selectividad de septiembre y necesito un lugar en el que poder repasar los apuntes. Se estudia mucho mejor aquí que en casa, pero no puedo ir llamando cada día a todas para ver si abren o no. O ir y arriesgarme a que por la tarde luego no sigan”, lamenta. 

Con el mismo panorama se han topado dos usuarios más que han explicado a este diario que habitualmente teletrabajan desde allí, entre otras cosas, por el silencio y por el aire acondicionado. “¿Y la de la Sagrada Familia estará abierta?”, se preguntaban mientras trataban de hallar el teléfono en internet para iniciar la ronda de llamadas que parece haberse convertido en la nueva normalidad.

Uno de los bibliotecarios de la Mercè Rodoreda es Pau Solsona, quien además es delegado del comité del CBB y uno de los portavoces. Cuando ha comenzado la entrevista con este diario no tenía idea de que la biblioteca no iba a abrir esa mañana. Es más, él mismo ha atendido desde allí todas las preguntas antes de entrar a su puesto de trabajo. “Al terminar, he visto que no éramos suficiente gente y hemos tenido que cerrar. Por la mañana deberíamos ser al menos cuatro personas, y somos solo tres, y por la tarde el mínimo para abrir son cinco personas. Si todas ellas vienen, se abrirá, pero no es algo que pueda saber a primera hora”, admite.

El Comité de Empresa, la representación del Consorci de Biblioteques de Barcelona y el Ayuntamiento de Barcelona han mantenido hasta 13 reuniones de negociación

Solsona cuenta que hoy eran otros compañeros los que secundaban la huelga, pero que otro día puede ser él. Una estrategia de paros que lleva a que cada día se decida si abrir o no las puertas. El bibliotecario recuerda que las principales reivindicaciones tienen que ver con el salario y con horarios y conciliación. “Es cierto que se han puesto algunas medidas sobre la mesa, pero no las consideramos suficientes ya que no benefician al grueso de la plantilla. Pedimos horarios dignos y otros aspectos, como el reconocimiento, también retributivo, pero que actualmente es mínimo si se compara con otros trabajadores municipales. Lo que pedimos es equiparación”. 

El trabajador admite que, aunque cierren centros, el cese de la actividad no es tan evidente como en junio, pues gran parte del personal está este mes de vacaciones y muchos de los efectivos no cuentan con un contrato fijo, por lo que resulta más difícil que hagan huelga. “Eso sí, en septiembre volveremos a hacer más ruido, si es que no se ha hallado una solución antes, aunque parece que estamos lejos de que eso ocurra”.

Desde febrero, la comisión negociadora integrada por la representación social del Comité de Empresa, la representación del Consorci de Biblioteques de Barcelona y el Ayuntamiento de Barcelona ha mantenido hasta 13 reuniones de negociación con el objetivo de alcanzar un nuevo acuerdo de adhesión al Acuerdo de condiciones del Ayuntamiento de Barcelona 2025-2028.

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