Ahora que todo el mundo sabe que La Odisea de Christopher Nolan no es del todo la de Homero, tal vez es el momento de recordar, para seguir el currículum, que su visión de la guerra de Troya se asemeja mucho a la Tucídides y que su Odiseo tiene un fuerte aire de familia con el que aparece en las tragedias de Sófocles y Eurípides.
Ahora que todo el mundo sabe que La Odisea de Christopher Nolan no es del todo la de Homero, tal vez es el momento de recordar, para seguir el currículum, que su visión de la guerra de Troya se asemeja mucho a la Tucídides y que su Odiseo tiene un fuerte aire de familia con el que aparece en las tragedias de Sófocles y Eurípides.Seguir leyendo…
Ahora que todo el mundo sabe que La Odisea de Christopher Nolan no es del todo la de Homero, tal vez es el momento de recordar, para seguir el currículum, que su visión de la guerra de Troya se asemeja mucho a la Tucídides y que su Odiseo tiene un fuerte aire de familia con el que aparece en las tragedias de Sófocles y Eurípides.

En la Historia de la guerra del Peloponeso , Tucídides ya presentó el “rapto de Helena” como un pretexto honorable para una expedición que tenía como causa real el interés de Agamenón, su cuñado, rey de Micenas, para hacerse con las rutas comerciales que controlaban los troyanos.
Y en Sófocles y Eurípides Odiseo aparece como un manipulador sin escrúpulos que, durante la guerra y la represión que la sigue, protagoniza o recomienda acciones particularmente abyectas. En el Filoctetes, el primero lo pinta como un frío estratega a quien no le importa maquinar actos inmorales si llevan a la victoria. En las Troyanas , estrenada por el segundo cuando los atenienses acababan de perpetrar la masacre de Milo, Hécuba, una de sus víctimas, lo retrata como un hombre innoble que siempre vulnera la justicia.
En la literatura griega posthomérica, Odiseo simboliza a menudo la perversidad y crueldad del pragmatismo sin límites. Y esta es la imagen que se reencuentra en la Eneida de Virgilio, donde la destrucción de Troya se caracteriza como un acto criminal en que el cruel Ulises, “inventor de crímenes”, tiene un papel decisivo.
Para que hablara de la actualidad, a Nolan le ha bastado con leer un clásico como lo leían los clásicos
Ni el admirable Ulises de Homero es el único Ulises de la tradición clásica ni su argumento es el único. Y lo que hace Nolan es reescribir las aventuras y el material mitológico ofrecidos por la Odisea homérica como el viaje de retorno a Ítaca de un Odiseo que, como el de los poetas trágicos, lleva a sus espaldas, como protagonista de hechos decisivos, la responsabilidad de los males de una guerra que, desde su inicio, había convertido los principios (la “ley de Zeus”) en meros instrumentos que podían esgrimirse o transgredir en función del interés del momento.
Es desde esta perspectiva que puede entenderse el papel de los rumores (ausentes en Homero) sobre los “pueblos del mar” que amenazan la civilización. Tirando del hilo que une los males de Troya con los de las ciudades que participaron en su destrucción, el Odiseo de Nolan acaba comprendiendo (“Los pueblos del mar somos nosotros”) que lo que realmente amenaza la vida civilizada no es una hipotética invasión extranjera, sino el socavamiento de los valores que la hacen posible por parte de quienes (como los caudillos que destruyeron Troya, entre los que se contaba) consideran que puede prescindirse de ellos cuando conviene o convierten las palabras que los denominan en falsa moneda. Una lección no muy distinta, por cierto, de las que enseña Tucídides. A Nolan, no le ha sido necesario modernizar a Homero para hacerle hablar de la actualidad. Le ha bastado con leer un clásico como lo leían los clásicos.
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