El presidente del Teatre Nacional de Catalunya (TNC), Joan Francesc Marco, lleva un tiempo ilusionado con la idea de crear una compañía nacional de danza con sede en este gran equipamiento de Les Glòries y está firmemente decidido a llevarla a cabo. Se trataría, comentaba de manera informal al inicio de la actual temporada, de una formación estable de danza contemporánea de unos 12 o 16 bailarines y con coreógrafos al frente que irían sucediéndose cada varios años. Marcos Morau, de La Veronal, encabezaba la lista de creadores que el ex director del Inaem y del Liceu tenía en mente.
El sector reacciona al proyecto de crear una compañía pública de danza en el teatro barcelonés
El presidente del Teatre Nacional de Catalunya (TNC), Joan Francesc Marco, lleva un tiempo ilusionado con la idea de crear una compañía nacional de danza con sede en este gran equipamiento de Les Glòries y está firmemente decidido a llevarla a cabo. Se trataría, comentaba de manera informal al inicio de la actual temporada, de una formación estable de danza contemporánea de unos 12 o 16 bailarines y con coreógrafos al frente que irían sucediéndose cada varios años. Marcos Morau, de La Veronal, encabezaba la lista de creadores que el ex director del Inaem y del Liceu tenía en mente.
Ahora ha trascendido la noticia de que el Govern está trabajando para que en el contrato programa 2027-2030 del TNC –debería aprobarse a finales de este año– se incluya la idea de fundar esa compañía nacional, tal y como avanzó El Periódico. Lo cual ha generado revuelo entre agentes y artistas del sector, que ven lo excepcional de la apuesta en esa Catalunya espartana con la danza.
Marco ha declinado hacer declaraciones y la conselleria de Cultura dice estar en conversaciones con la comunidad dancística y se ha apresurado a matizar que “de momento no hay nada negro sobre blanco, pero el proyecto se acabará haciendo”. Además, ha corrido a redactar un informe sobre su compromiso con la danza detallando el apoyo que ya le dedica. En él reconoce al Mercat de les Flors como el “equipamiento nacional de referencia de la danza”, que facilita la circulación de sus producciones por los municipios del país.
Parte del mundo de la danza habría entendido mejor un proyecto así en el Liceu o el Mercat de les Flors
Hay que recordar que nunca antes ha existido una compañía pública de danza en Catalunya, a excepción del proyecto pedagógico de postgrado del Institut del Teatre, IT Dansa, que financia la Diputació de Barcelona y que lleva sus tres décadas de vida dirigido por Catherine Allard. Lo más cerca que se ha estado de conseguir un Ballet Nacional fue con Santi Vila como conseller de Cultura y de la mano del ahora conseller de Empresa i Treball, Miquel Sàmper, que creyeron en el proyecto de Leo Sorribes y Elías García.
“Tuvimos varias reuniones en el Parlament para crear un consorcio con la Fundación del Ballet de Catalunya, la Generalitat y el Ayuntamiento de Terrassa. Pero la compañía arrancaba… el 1-O. Al caer el Govern tuve que decidir si seguía adelante o no. Y seguí por mi propio pie”, dice Sorribes. En esta década, el Ballet de Catalunya ha sumado “20.000 euros de ayudas del Institut Ramon Llull para giras internacionales”. En Catalunya las compañías profesionales son privadas e independientes, o asociadas ocasionalmente a centros como el Mercat. Y con suerte tienen alguna subvención.
Por otra parte, recuperar el Ballet que el Liceu perdió en 1988 cuando el teatro había ido reduciendo su presupuesto y cambiando la orientación artística, no ha sido una prioridad. El Ballet dependía de la taquilla y de la iniciativa privada, y se disolvió por la progresiva falta de significación y apoyo institucional.
“La compañía necesitará un coreógrafo que diseñe la compañía en lo ético, lo estético y lo artístico”
El actual director general del coliseo lírico, Valentí Oviedo, visualizaba para el plan de Liceu Mar la creación de una compañía propia que obrara con la misma excelencia que se espera de la orquesta o el coro del coliseo. Pero ha visto cómo Marco se le anticipa desde el TNC. ¿Supone eso una pérdida de oportunidad para recuperar lo que sí tienen la mayoría de casas de ópera europeas? ¿Tendría más visos de perdurar el proyecto de Companyia Nacional bajo el paraguas del Liceu y sin depender del ciclo político?
“Como institución e instrumento cultural de país, el Liceu siempre se pondrá al servicio de iniciativas que favorezcan el sector de la danza y su desarrollo de públicos –se limita a responder Oviedo–. Este teatro siempre estará al lado de las políticas culturales propuestas por el departamento y trabajadas con el sector”.
Está muy claro que Catalunya necesita desde hace décadas una estructura pública de producción estable comparable a la de otros países de Europa. Algunas voces del mundo dancístico habrían entendido mejor que la inversión de la Generalitat se dedicara a una compañía del Liceu preparada para servir todos los estilos y repertorios, una decisión que creen que habría sido incontestable, mientras que la relación del TNC con la danza ha sido sobre todo la danza-teatro (Pina Bausch, Peeping Tom, La Veronal). Y también creen que se podría haber potenciado esa posibilidad en el Mercat de les Flors.
La conselleria de Cultura matiza que “de momento no hay nada negro sobre blanco, pero se hará”
En ese sentido, ¿en qué posición deja la nueva compañía al Mercat, la casa de la danza barcelonesa? Y, ¿qué efecto puede tener sobre el tejido existente? La Associació de Professionals de la Dansa no ha emitido ningún comunicado pero algunos gestores alertan de que “esa nueva estructura ha de sumar financiación y oportunidades, no sustituir líneas de apoyo a compañías consolidadas, festivales o circuitos”.
De hecho, Àngels Margarit, anterior directora del Mercat, ideó el proyecto Cèl·lula de producciones de gran formato como alternativa a una compañía. “Era –razona– un intento de compañía pública rotatoria, ya que no hay tradición de compañías públicas en este país. Que cada 4 o 6 años se renovaran los bailarines y los coreógrafos asociados. Pero ninguna institución decidió invertir ni favorecer las condiciones, así que solo logramos hacer producciones, y sudando, debido a que administrativamente es difícil crear un consorcio con el Ayuntamiento sin ser fundación”.
Lo recomendable para el proyecto del TNC, propone Margarit, es “un director artístico/coreógrafo que diseñe el funcionamiento a nivel artístico, ético y estético, a la vez que crea y propone coreógrafos asociados. Un compañía fuerte, versátil y capaz ha de forjar a sus bailarines bajo una identidad determinada, como Marina Mascarell en el Danish Dance Theater”.
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