Una rave tecno de récord en el desierto de los Monegros

Un avión reconvertido en discoteca; una catedral en cuyo altar, en vez de con agua bendita, se bautiza con tecno; y una muñeca gigante que se pasea por un páramo haciendo sentir a cualquiera que se cruce con ella como un liliputiense. Más de uno podría decir que estas descripciones son dignas de un relato fantástico o, incluso, de un sueño. Y para muchos sí es un sueño, pero es real. Es el Monegros Desert Festival, que este fin de semana ha juntado para su edición número 33 nada menos que a 60.000 personas, su récord histórico. Entre ellas, los hermanos Bayona, que quién sabe si ante este irreal escenario habrán hallado inspiración, uno para futuras películas y el otro para su siguiente producción musical.

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 Unas 60.000 personas disfrutaron de baile ininterrumpido este fin de semana  

Un avión reconvertido en discoteca; una catedral en cuyo altar, en vez de con agua bendita, se bautiza con tecno; y una muñeca gigante que se pasea por un páramo haciendo sentir a cualquiera que se cruce con ella como un liliputiense. Más de uno podría decir que estas descripciones son dignas de un relato fantástico o, incluso, de un sueño. Y para muchos sí es un sueño, pero es real. Es el Monegros Desert Festival, que este fin de semana ha juntado para su edición número 33 nada menos que a 60.000 personas, su récord histórico. Entre ellas, los hermanos Bayona, que quién sabe si ante este irreal escenario habrán hallado inspiración, uno para futuras películas y el otro para su siguiente producción musical.

Durante muchos años, Juan Arnau y su mujer, María Cruz Lasierra, quienes hicieron posible tan alocada idea de crear una pista de baile en el desierto, acudieron a raves ilegales de toda Europa: Alemania, Holanda, Inglaterra… Música electrónica, equipos de sonido masivos y largas horas de baile que solo se interrumpía si sonaban las sirenas. “La fiesta duraba hasta que llegaba la Policía”, recuerda el empresario, que por entonces no podía imaginar que tanto él como su familia estarían detrás de la que hoy está considerada una de las raves más legendarias del sur de Europa, título que año tras año se renueva, y esta edición con el plus de haber superado sus propias marcas.

Público de récord en la rave desértica de Los Monegros 
Público de récord en la rave desértica de Los Monegros Toni Villen

¿Puede haber influido en este éxito que Sirāt , el filme de Óliver Laxe que España llevó a los Oscar, tenga como protagonista la comunidad ravera? “No creo. Para mí, tiene más que ver con que la música electrónica se está democratizando gracias a los avances de la tecnología ya que ahora todo el mundo tiene herramientas para crear música y eso hace que nazcan nuevos estilos y que este género cada vez sea menos de nicho porque llega a más público”, asegura el aragonés, que tras la pandemia dejó al frente del negocio familiar a sus hijos, Juan y Cruz. Un negocio que además de este multitudinario festival incluye las fiestas itinerantes de Elrow, uno de los fenómenos del ocio nocturno más populares y rentables de España y del mundo, pues factura alrededor de los 33 millones de euros anuales. “La última se celebró en Nueva York el día que España ganó el Mundial”, recuerda Arnau.

Que esté retirado no quita que el patriarca de esta dinastía dedicada al entretenimiento quiera asegurarse de que todo vaya sobre ruedas. A lo largo de las 22 horas que duró el Monegros –de las 14 horas del sábado hasta el domingo la mediodía – no fue difícil verlo paseándose, “como usuario”, pues “me gusta mucho observar y tomar nota”, admite. “Tanto es así que, cuando termine esto, nos juntaremos con la familia para hacer una comida y hablar de qué se puede mejorar. Cada año lo hacemos”.

El Monegros Desert Festival, visto desde arriba, lo que ayuda a comprender su magnitud 
El Monegros Desert Festival, visto desde arriba, lo que ayuda a comprender su magnitud Toni Villen

Por ahora, al menos con la prensa, Arnau se muestra orgulloso de cómo está saliendo todo: diez escenarios, más de 120 artistas y un público conformado por 96 nacionalidades distintas que ha hecho este fin de semana de Fraga y los Monegros un epicentro mundial. No había más que ver la larga hilera de automóviles en la Nacional adyacente que esperaban pacientes a entrar al recinto. Entre los vehículos se encontraba la furgoneta de Víctor Gamarra, que lleva cuatro años sin faltar a esta cita: “Venimos toda la familia porque a la mayoría le flipa esta música. A mí personalmente no me llama tanto, pero Monegros es mucho más que los temas. Es el ambiente”.

“La puesta en escena es importante pero, para nosotros, si hay algo primordial es que innovemos”, dice Arnau

Para el DJ Richie Hawtin, uno de los máximos exponentes mundiales de la electrónica, encargado de cerrar el festival junto a Héctor Oaks en un doble cierre simultáneo, lo que hace este evento “único y especial” es que “se celebra en un lugar de difícil acceso”, dando a entender que pinchar en el desierto plantea muchos más retos que hacerlo en un club. “En el desierto puede pasar cualquier cosa. Además, cuando ha sido mi turno, el público llevaba horas despierto, en condiciones extremas, habiendo pasado calor, frío y otra vez calor. Así que tuve que procurar que la selección musical fuera especial y acertada. Algo que permitiera expandir sus mentes y ofrecerles una vía de escape de la vida cotidiana que, con suerte, quedará grabada en su memoria para siempre”, responde a La Vanguardia .

Los que seguro que tampoco olvidarán esta jornada son los que se animaron a darse el ‘sí, quiero’ mientras su artista favorito sonaba de fondo. Aunque no tenía validez legal, fueron cientos los que se prometieron amor eterno frente a un Elvis que se tomaba muy en serio su papel de casamentero y que pedía a los novios que se quitaran, aunque fuera por unos segundos, el pañuelo que les cubría gran parte del rostro, solución que adoptaron la mayoría de asistentes ante la gran cantidad de partículas de polvo que flotaban en el aire, fruto de horas de baile y de rachas de aire puntuales, que también provocaron que la noche fuera más gélida de lo esperado.

El festival de los Monegros y su catedral del tecno 
El festival de los Monegros y su catedral del tecno Danii Yellow

El frío, no obstante, no pareció ser un problema para los raveros, que aguantaron con buen ritmo hasta el amanecer al son de Amelie Lens, Capriati, Paco Osuna o Len Faki, entre otros grandes nombres de la escena nacional e internacional. Muchos de ellos pincharon en el Outworld , un escenario inmersivo de 360 grados que se presentó como la apuesta más ambiciosa de esta edición, pues, si algo lograba, era que la música poseyera hasta al cuerpo más agotado. “La puesta en escena es importante pero, para nosotros, si hay algo primordial es que cada año innovemos. Y lo de este año es realmente impactante”, adelantaba por teléfono Arnau a este diario horas antes de que empezara el show que, más allá de la música, consiste en crear una ciudad efímera de vastas dimensiones cuyo único fin no es otro que el disfrute de la gente, siempre con seguridad, por lo que, además de la Guardia Civil, han colaborado en estas tareas la Gendarmería francesa y los Carabinieri italianos.

“Si nos hubiéramos quedado en exclusiva con el tecno duro que surgió en Detroit, ya no nos harían caso. Hay que evolucionar con la gente, sin miedo a los cambios. Muchos pueden ser para bien. Al fin y al cabo, si lo que se inventa no es entretenido morirá, porque lo que la gente quiere y busca es pasárselo bien, hedonismo puro y duro. Si no es así, esa tendencia, por moderna que suene ahora, morirá”, reflexiona. Entonces, ¿qué opina de la inteligencia artificial? “No puedo saber el futuro, pero tendríamos que dejar a un lado el temor. Internet o el fax en su día también daban miedo y terminaron mejorando nuestras vidas”. El empresario asegura no imaginar un futuro en el que la IA sustituya a los DJ, pues eso “acabaría con todo rasgo de humanidad y, por tanto, de personalidad”. Ahora bien, “sí que me parece más posible asistir al concierto de un holograma de Richie Hawtin el día que no esté, dentro de muchos años, sin que sea tan evidente que lo que vemos en un holograma. Que parezca que esté vivo de verdad”.

No cabe duda de que los Arnau Lasierra, la nueva generación al mando, tratarán de surfear toda ola que se aproxime. Un ímpetu que se puede intuir tras conocer su historia, narrada en la novela Bailar en el desierto (Grijalbo, 2023), donde se explican todas las peripecias de un clan que dejó a un lado la tradición agricultora para dedicarse a hacer feliz a la gente. El primero en hacerlo, en el siglo XIX, fue Josep Satorres quien, tras pedir repetir la mili tres veces en Madrid porque quedó prendado de la ciudad y su fiesta, decidió levantar un café en su Fraga natal, el Josepet, para convertirlo en centro neurálgico de un municipio cuyos habitantes buscaban por entonces la diversión en otros lugares. Luego vinieron los cines, las salas para orquestas, las discotecas, como la icónica F lorida135, elRow y, por supuesto, los bailes en el desierto, que, en vista del éxito de convocatoria y del afán del público, prometen repetir, “como mínimo otras 33 ediciones más”. Hoy en el desierto vuelve a reinar el silencio, hasta el verano que viene.

El inicio de una aventura en los Monegros

Cuenta la leyenda que, en 1993, la familia Arnau Lasierra juntó a 200 amigos en la finca de Las Peñetas para supuestamente hacer una barbacoa. ¿La realidad? Fue algo más que una simple comida, pues sonó la música hasta más allá del amanecer. Año tras año, los “comensales” se incrementaron hasta una cifra que la Policía tuvo que intervenir. Las ganas de fiesta no cesaron, así que decidieron legalizar el encuentro, naciendo así el Monegros Desert Festival, que ya va por su edición número 33 y que emplea a más de 3.000 personas.

 Cultura

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