Un cine de imágenes fijas

La obra de Minor White es, por fin, objeto de una gran exposición retrospectiva en Europa. Tiene lugar en Barcelona, en KBr Fundación Mapfre, hasta el 6 de septiembre, y su comisario, Carlos Gollonet, la presenta con una cita de William Blake que podrían suscribir los artistas más visionarios del vídeo y el cine experimental: “Si se limpiasen las puertas de la percepción, cada cosa le parecería al hombre lo que es: infinita”.

Seguir leyendo…

 KBr expone la primera gran retrospectiva de Minor White en Europa  

La obra de Minor White es, por fin, objeto de una gran exposición retrospectiva en Europa. Tiene lugar en Barcelona, en KBr Fundación Mapfre, hasta el 6 de septiembre, y su comisario, Carlos Gollonet, la presenta con una cita de William Blake que podrían suscribir los artistas más visionarios del vídeo y el cine experimental: “Si se limpiasen las puertas de la percepción, cada cosa le parecería al hombre lo que es: infinita”.

Minor White (Minneapolis, 1908-Massachusetts, 1976) no es un fotógrafo tan conocido como Edward Weston o Ansel Adams, con quienes coincide en algunos aspectos. Su obra tiene afinidades también con la de dos grandes de la fotografía abstracta: Aaron Siskind y Harry Callahan. Sin embargo, es un autor que desarrolló contribuciones propias al lenguaje fotográfico, especialmente una personal abstracción fantasmagórica y la noción de secuencia fotográfica como un cine de imágenes fijas. Lo hizo tras recibir la influencia del paisaje natural de las costas californianas y de la filosofía zen y el misticismo de Evelyn Underhill.

Mad Cool reunió las músicas y las figuras de Nick Cave and The Bad Seeds, David Byrne y Pulp

Sus paisajes de la costa y el océano fotografiados en los años cuarenta en lugares como Devil’s Slide, Matchstick Cove, San Pedro Point o Lands End son tan sublimes como los panoramas montañosos de Ansel Adams. Sus desnudos masculinos quizá no alcanzan la excelencia formal de los desnudos femeninos de Edward Weston, pero sus paisajes abstractos tomados y compuestos en Point Lobos en torno a 1950 son más sugestivos que los de su colega realizados en los mismos parajes.

White era poeta y sabía definir su poética fotográfica. Afirmaba que “todas las fotografías son autorretratos”, aunque puedan parecer paisajes y otras cosas. Y podía detallar su reflexión: “Aunque se fotografiaron rocas, el tema de la secuencia no son las rocas; aunque parecen emerger símbolos, estos no son más que indicios de significado. La secuencia remolinea en el estado de ánimo que despierta en el espectador; y su flujo se arremolina en el río de sus asociaciones a medida que pasa de una imagen a otra. Las rocas no son sino objetos sobre los que se extiende el sentido como sábanas tendidas al sol para secarse”.

Esta muestra de KBr tiene la virtud de saber presentar las sucesivas secuencias fotográficas, con momentos espléndidos de paisaje marino (Song without words, 1948), abstracción mineral (Fourth sequence, 1950), paisaje urbano (Intimations of disaster, 1952), o las culminaciones de su estilo que representan la abstracción fantasmagórica de Sound of one hand (1960) y Totemic sequence (1974). Sus secuencias urbanas anticipan la obra de autores como Friedlander y otros, pero seguramente su punto fuerte son las abstracciones sugestivas y subjetivas. Hay dos lemas de Minor White que me encantan. El primero: “Fotografiar las cosas no por lo que son, sino por aquello otro que son”. El segundo: “Sumergirme más allá de la razón”.

Y más allá de la razón nos transportó la gran noche del festival Mad Cool que reunió las músicas y las figuras de Nick Cave and The Bad Seeds, David Byrne y Pulp, un concierto tras otro. Nick Cave estaba exultante, salvaje, eufórico, desgarrado, y hasta estuvo a punto de llorar de emoción. No veía una catarsis semejante desde la presentación en Barcelona de Para los niños de ayer, de hoy y de mañana, de Pina Bausch. Cuando mejor iba la cosa, Nick soltaba sus mejores piropos punkies: “Fucking Spain!”, “Fucking Madrid!”. La misma energía que en 1985, cuando actuó en el 666 de Poblenou y para el programa Estoc de pop, pero ahora con más registros. Luego Byrne nos regaló una hora y pico de felicidad y lucidez, con mucho repertorio de Talking Heads, aunque más breve que en su memorable concierto de la gira American utopia, en el festival Cruïlla, junto al mar. Y Pulp firmó el final con su Common people. 

Y una buena noticia: la aparición de una nueva galería de arte en Barcelona. Premium Art debutó con Perico Pastor, ahora expone la pintura de Xano Armenter y, en agosto…, ¡Walt ­Disney!

Etiquetas

 Cultura

Te Puede Interesar