Tenebrismos (★★★✩✩) en ‘I Capuleti e i Montecchi’

I Capuleti e i Montecchi, de Bellini

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 Noche de belcantismo romántico servido por un reparto homogéneo donde primó la belleza de la partitura de Bellini por encima de las individualidades vocales  

I Capuleti e i Montecchi, de Bellini

★★★✩✩

Intérpretes: Lisette Oropesa, Raffaella Lupinacci, Iván Ayón Rivas, Alejandro López y Marko Mimica. Orq. y Coro del Liceu. Dir. coro: P. Assante.

Dirección musical: Riccardo Frizza

Dirección escénica: Allex Aguilera. Prod. Opéra Royal de Wallonie-Liège 

Lugar y fecha: Gran Teatre del Liceu (30-/X/26)

Noche de sentimientos encontrados por el contexto actual, con una función de belcantismo romántico servido por un reparto homogéneo donde primó la belleza de la partitura por encima de las individualidades vocales.

Destacó el resultado orquestal de una Orquesta del Liceu en un momento de forma óptimo. Enamoraron los hermosos solos de clarinete, arpa o trompa que cincelaron las evanescentes melodías bellinianas, delineadas por un Riccardo Frizza al foso, donde estilo, seguimiento idiomático de la ópera y cuidado de las voces fueron uno.

También destacó el coro masculino de la casa, en una línea de calidad ascendente de la mano de Pablo Assante, que augura albricias en el próximo Requiem de Verdi liceísta.

Lisette Oropesa mostró la finura de su técnica belcantista, sensibilidad expresiva y entrega teatral en la icónica aria ‘di sortita’ de Giulietta

Lisette Oropesa mostró la finura de su técnica belcantista, sensibilidad expresiva y entrega teatral en la icónica aria di sortita de Giulietta, O quante volte, cantada con un primor musical impoluto. El problema, a posteriori, es que la voz se fue diluyendo, con unos dúos ajustados, el gran concertante del primer acto, donde acabó tapada por la orquesta, y un encrespamiento vocal que veló una interpretación de la que se esperaba un mayor triunfo personal.

El debut liceísta de la mezzo italiana Raffaella Lupinacci fue meritorio. La voz, emitida con solvencia y buena proyección, aunó tersura tímbrica y control de los reguladores. La química vocal con Oropesa empastó con corrección, pero faltó esa magia expresiva con la que Bellini escanció a los amantes de Verona.

La química vocal de Lupinacci con Oropesa empastó con corrección, pero faltó esa magia expresiva con la que Bellini escanció a los amantes de Verona

El Tebaldo del tenor peruano Iván Ayón Rivas fue el solista masculino más brillante, por su canto expresivo, generoso fraseo y timbre acaramelado y squillante. Su dúo con el Romeo de Lupinacci en el acto segundo fue el mejor de la ópera.

En los comprimarios contrastaron la emisión irregular del Capellio de Alejandro López con la sonora nobleza del Lorenzo del bajo croata Marko Mimica.

La producción de Allex Aguilera, en su debut liceísta, tuvo la virtud de centrarse en las voces, con una escenografía genérica, de cuidada iluminación y proyecciones oníricas, para un trabajo de poética corrección.

Una función donde la hermosura belliniana surgió entre la estética tenebrista de la producción, en una realidad necesitada, más que nunca, de la cultura como asidero de esperanza existencial.

 Cultura

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