Le nozze di Figaro de Mozart ★★★✩✩
‘Le nozze di Figaro’ del Liceu: una experiencia estética y colorista pero también líquida en la lógica del consumo rápido
Le nozze di Figaro de Mozart ★★★✩✩
Intérpretes: Adriana González/Anett Fritsch, Andrè Schuen/Samuel Hasselhorn, Sara Blanch/Anna Prohaska, Luca Pisaroni/Alejandro Baliñas, Julia Lezhneva/Mercedes Gancedo, Roberto Scandiuzzi/Alejandro López, Mireia Pintó, Roger Padullés, Moisès Marín, Luis López Navarro, Lucia García, Oihane González y Cristina Tena/ Natàlia Perelló y Elisabeth Gillming. Orquestra i Cor de la Simfònica del Gran Teatre del Liceu
Dirección musical: Giovanni Antonini
Dirección de escena: Marta Pazos. Coproducción del Liceu con el Auditorio de Tenerife
Lugar y fecha: Gran Teatre del Liceu (5-7/VI/2026)
Sonrisas de Joker entre el público al final de este estreno, nueva producción del Liceu y penúltima ópera de la temporada, con un empacho visual camp, regado por un elenco variopinto donde sobresalieron nombres propios de casa. Una experiencia estética y colorista pero también líquida en la lógica del consumo rápido que el público recibió con discreta complacencia y algún silbido.
Los cantantes de ambos repartos combinaron con mayor o menor fortuna el metamorfosearse en los ingredientes de un pastel, como símbolo de la escala social, y sus variadas conexiones como receta social de una realidad crítica y fluctuante.
El imaginario Pazos de colores chillones, naïf y muy visual entretiene, pero también satura y se contradice con sus toques de humor zafio
El imaginario Pazos de colores chillones, naïf y muy visual entretiene, pero también satura y se contradice con sus toques de humor zafio (personaje de Cherubino), donde banaliza el amor y el deseo con feromonas más propias de un barriobajerismo ajeno al mundo aristocrático de la música mozartiana. La escenografía, dominada por un enorme pastel, es funcional y resuelta con efectismo en los movimientos y dirección de actores, pese a un vestuario a simple vista poco cómodo para alguno de cantantes.
La escena del aria del Conde de Almaviva, que se saca “los huevos” para cantar su venganza con una coreografía de huevos danzantes, resume a la perfección la producción, donde chulería y superficialidad se dan literalmente la mano con un toque cabaretero kitsch de gusto agridulce.
Que el Conde de Almaviva se saque “los huevos” para cantar su venganza con una coreografía de huevos danzantes, resume una producción en la que chulería y superficialidad se dan la mano
En el reparto del estreno destacó el tridente femenino. Melosa, dominadora del fiato y de emisión algodonada la Condesa de la soprano Adriana González, ajena a sus envoltorios de Mon Chéri y Ferrero Rocher que provocaron la hilaridad del público en la única risa espontánea de la ópera.
Sara Blanch debutó el rol de Susanna y mostró su madurez en el estilo, fraseo y dicción para un triunfo personal lleno de humanidad en el canto. Julia Lezhneva deslumbró como Cherubino: con sus variantes rococó y su gesticulación acaramelada, supo defender su vestido Chupa Chups y el público la premió como favorita.
Julia Lezhneva deslumbró como Cherubino: con sus variantes rococó y su gesticulación acaramelada, supo defender su vestido Chupa Chups
El debut liceísta del barítono tirolés André Schuen como Conde fue un triunfo a nivel vocal por tersura, color y un instrumento idóneo pese a su evidente incomodidad con el vestuario que provocó no pocos momentos de canto mozartiano alejado del teatro. Luca Pisaroni fue un Figaro de elegante fraseo y articulación en los numerosos recitativos, pero de escasa proyección y mermado de presencia en las arias y conjuntos.

En el cast alternativo dominaron los hombres, con el debut-rol y en el Liceu del bajo-barítono gallego Alejandro Baliñas, con un instrumento de presencia notable, canto fácil y acting resolutivo. A su lado, el Conde de Samuel Hasselhorn mostró nobleza de canto y un oscuro y atractivo timbre pero le faltó abrir la emisión para un Almaviva demasiado interiorizado. Anett Frisch fue una Condesa de metálico material que se fue diluyendo pese a la calidad interpretativa, mientras la irregular Susanna de Anna Prohaska solventó con profesionalidad su particella. El Cherubino de Mercedes Gancedo cerró con corrección el trío de voces femeninas.
Excelente el reparto de secundarios, señorial Marcellina de Mireia Pintó, recio Bartolo de Roberto Scandiuzzi, más apagado Alejandro López y divertidísimo el Don Curzio de Moises Marín, así como el efectivo Antonio de Luís López Navarro. Brilló con luz propia la Barbarina de Lucía García en su debut liceísta.
Giovanni Antonini insufló dinamismo mozartiano al que solo le faltó mayor teatralidad en su hedonista lectura
Antonini desde el foso insufló una visión donde los vientos-maderas sobresalieron con su colorido y matices por encima de unas cuerdas a las que les faltó mayor presencia. Dinamismo mozartiano al que solo le faltó mayor teatralidad en su hedonista lectura. Impecable la labor del coro y de Rodrigo de Vera al clave en los recitativos, para una obra maestra disfrazada con vestido almibarado con aires de volátil resultado.
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