Perelada luce su legado en una velada con ópera, danza, alta cocina… y la payasa Rossy de Palma

Cuatro décadas persiguiendo la excelencia artística y una sola velada para celebrar todo su legado. El Festival de Peralada convocó este sábado a un centenar y medio de invitados en su Mirador del Castell para una cena-espectáculo con la que  justamente se quería mantener viva la llama que prendió por primera vez en 1987, cuando Montserrat Caballé cantó junto a la orquesta y coro del Liceu en el exterior del castillo un Réquiem de Mozart dirigido por Antoni Ros-Marbà. Desde entonces, el certamen ampurdanés puede vanagloriarse de haber ofrecido medio centenar de óperas entre producciones propias y creaciones contemporáneas para las que pusieron todos los mimbres.

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 Paco Pérez firma la gastronomía para un centenar y medio de invitados entre políticos, amigos y artistas  

Cuatro décadas persiguiendo la excelencia artística y una sola velada para celebrar todo su legado. El Festival de Peralada convocó este sábado a un centenar y medio de invitados en su Mirador del Castell para una cena-espectáculo con la que  justamente se quería mantener viva la llama que prendió por primera vez en 1987, cuando Montserrat Caballé cantó junto a la orquesta y coro del Liceu en el exterior del castillo un Réquiem de Mozart dirigido por Antoni Ros-Marbà. Desde entonces, el certamen ampurdanés puede vanagloriarse de haber ofrecido medio centenar de óperas entre producciones propias y creaciones contemporáneas para las que pusieron todos los mimbres.

Algunas de sus propuestas marcaron un hito en la historia del festival y propiciaron su despegue internacional. Empezando por aquel último lustro del siglo XX, cuando a una Pepita Jiménez con montaje de Lluís Homar y dirección musical de Josep Pons y la Orquestra del Teatre Lliure le siguió la producción de El martirio de San Sebastián que levantó La Fura dels Baus, seguida de La flauta mágica de Lindsay Kemp -con múltiples papagenos pequeñitos en escena-, y de la apoteósica Carmen de Calixto Bieito que luego adquirió el Liceu y que se ha convertido en la producción operística catalana más vista y exportada aún hoy.

“Me desintegro” de emoción, decía Rossy de Palma deambulando entre las 23 mesas e improvisando sobre el guion de Joan Anton Rechi

De todo ello y más se acordaban los comensales de este sábado mientras daban cuenta del tartar de wagyu o el pop moruno que proponía Paco Pérez, y al tiempo que en el escenario deambulaban artistas como el contratenor Xavier Sabata, un clásico de la última etapa peraladense,  en conchave con la actriz Rossy de Palma, que sacó su vis más payasa e, improvisando sobre el guion que había armado Joan Anton Rechi para la ocasión, se paseó por las 23 mesas dispuestas alrededor del escenario lanzando mensajes… “Me desintegro de emoción”, decía hablando de la Turandot que había montado Mario Gas.

Julia Reger suqué brinda con Salvador Illa en la mesa dedicada a la 'Carmen' de Bizet
Julia Reger suqué brinda con Salvador Illa en la mesa dedicada a la ‘Carmen’ de BizetToti Ferrer

Cada mesa llevaba el nombre de una producción… Il barbiere di Siviglia, La verbena de la paloma, Coppelia... “Fa molts d’anys de tot això”, decía en su mallorquín la de Palma. La artista plástica Pi Piquer se había pasado doce días sin dormir decorando hasta 25 jarrones de cerámica fabricados en Vallfogona con la temática de los diversos títulos para presidir las distintas mesas. Así, el president de la Generalitat, Salvador Illa, compartía la mesa Carmen -por la ópera de Bizet y por la fundadora del festival, Carmen Mateu- con el director artístico del festival, Oriol Aguilà, y con la hija de Isabel Suqué y Ed Reger, Julia Reger Suqué, quien asumió las labores de representación del festival en lugar de su madre. 

“Cogemos el relevo de futuro con mucha ilusión”, dijo  Julia Reger Suqué, que junto a su hermano Matthew y sus primos Borja y Arturo Suqué Camín representa la cuarta generación familiar en el castillo

“Cogemos el relevo de futuro con mucha ilusión”, dijo en catalán antes de pasar la palabra a Illa, quien, como manda el protocolo, cerró los parlamentos que había iniciado Aguilà, no sin agradecer la dedicación de esos 40 años “favoreciendo la cultura y recibiendo inputs culturales, en una muestra de generosidad y de voluntad de compartir con el conjunto de la sociedad”, aseguró, antes de desear 40 años más de éxitos y garantizar el apoyo del Govern. En la mesa de al lado, la de La flauta mágica, un rejuvenecido Artur Mas representaba a esa Catalunya convergente que desde un principio tendió la mano para que en el Castell de Peralada la cultura tuviera un lugar también,  entre los viñedos y el casino. 

Rossy de Palma, desatada
Rossy de Palma, desatadaToti Ferrer

Julia Reger Suqué, que junto a su hermano Matthew y sus primos Borja y Arturo Suqué Camín representa la cuarta generación familiar propietaria del castillo, se ha formada en Estados Unidos ya desde la secundaria, cursando luego estudios de Bellas Artes y Psicología. Ahora ha estado trabajando en Sotheby’s, tras lo cual parece tener la voluntad de instalarse en su tierra natal. Las riendas del Festival Perelada (con ‘e’ si se cita la marca) o Festival Castell de Peralada (si se habla de la localidad) podrían quedar en sus manos. 

La foto final con los artistas, invitados y políticos
La foto final con los artistas, invitados y políticosTOTI FERRER

Ya es cosa de estos cuatro jóvenes que el sábado se distribuyeron por distintas mesas -Arturo, por ejemplo, se sentaba entre  Joaquim Nadal y Miquel Roca Junyent, al que salió a saludar el propio Paco Pérez- la decisión de recuperar el escenario principal en los jardines del castillo para seguir camino en la senda que marcó su abuela Carmen Mateu. Un escenario en el que se vio en su día a una joven Ainhoa Arteta en el papel de Violetta… como sugiere el hecho de que haya una mesa dedicada a La Traviata de Verdi, y que alberga al president del Palau de la Música, Joaquim Uriach, o al del Teatre Nacional de Catalunya, Joan Francesc Marco, además del hasta ahora presidente de Cercle del Liceu, Francisco Gaudier, y de Mercedes Arnús.

Montserrat Seró cantando 'Ruslaka' de Antonin Dvorák
Montserrat Seró cantando ‘Ruslaka’ de Antonin DvorákTOTI FERRER

En las pantallas transitan imágenes que evocan la llegada a Peralada de grandes de la danza como Rudolf Nuréyev o Mijaíl Barishníkov,  y momentos gloriosos como el estreno de La pantera imperial de Carlos Santos o de Dalidance, por el centenario del nacimiento de Salvador Dalí, con un ambicioso espectáculo del coreógrafo catalán Ramon Oller para su compañía Metros, que recuperaba cuatro de los telones que Dalí creó para los ballets Bacchanale, Labyrith y Mad Tristan, estrenados en Nueva York entre 1939 y 1944 por los Ballets Rusos de Montecarlo con coreografía de Leónidas Massine. ¡Increíble!

La cuarta generación familiar en el castillo de Peralada, Julia y Matthew Reger Suqué, hijos de Isabel Suqué y Ed Reger, flanquean a sus primos, Borja y Arturo Suqué Camín, hijos de Javier Suqué y Blanca Camín
La cuarta generación familiar en el castillo de Peralada, Julia y Matthew Reger Suqué, hijos de Isabel Suqué y Ed Reger, flanquean a sus primos, Borja y Arturo Suqué Camín, hijos de Javier Suqué y Blanca CamínTOTI FERRER

“Y yo hacía de Gala”, recordaba De Palma, evocando la visita a la casa de Dalí donde les aseguraban que había el fantasma de su esposa. A aquel Peralada de Luis Polanco y de Luis López Lamadrid le siguió otro más teatral de Joan Maria Gual, hasta llegar a este festival que de la mano de Aguilà ha capeado el vendaval mainstream y no se ha dejado arrastrar por las propuestas de músicas modernas, sino que se ha distinguido por ser la gran apuesta lírica del verano del sur de Europa.

Al piano, como si de un piano bar se tratara, está sentado todo un Dani Espasa, que tantos títulos barrocos ha dirigido en este festival –Il combattimento di Tancredi e Clorinda, My fairy queen…-, y entre los actuantes está ese bailarín llamado Botis Sevas, de raíces congoleñas pero de marcado acento británico en sus creaciones, que a parte de ser premio Lawrence Olivier a la mejor creación de danza, ha sido también merecedor del Carmen Mateu European Young Artists. Montserrat Seró, soprano leridana de nueva generación, aparece cantando el aria de la luna de Rusalka, bellísima. Y también interviene el propio Sabata o el barítono británico Mark Milhofer. Todo ello con una inteligente iluminación de Alberto Rodríguez…. hasta que finalmente se da paso al huevo de chocolate que romperán entre todos y que descubrirá un rutilante pastel de 40.º aniversario.

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