El 12 de agosto, alrededor de las ocho y media de la tarde, millones de personas elevarán sus ojos al cielo en una comunión con el universo que, en la península ibérica, no se producía desde hace más de 120 años. Contemplarán un eclipse total de Sol, visible casi exclusivamente desde España, cuya franja de totalidad cruzará el norte peninsular de oeste a este, desde La Coruña a Baleares . La experiencia será breve, pero promete ser intensa. Según Pedro García Lario, astrónomo de la Agencia Espacial Europea (ESA) y miembro de la Comisión de Asesoramiento del Eclipse, los afortunados que la disfruten jamás la olvidarán: «Son unos cien segundos que recordaremos para el resto de nuestra vida», asegura. El investigador ha ofrecido, a través de un encuentro con los medios organizado por la ESA, una serie de consejos para aprovechar al máximo el primero de la triada de eclipses que se verán desde nuestro país; el segundo, también total, se producirá el 2 de agosto de 2027, y otro anular se espera para el 26 de enero de 2028. Para empezar, advierte de que la hora a la que la Luna se paseará por delante del Sol supondrá «un desafío» para la elección de nuestro lugar de observación. Ocurrirá al atardecer, sobre las 20.30 horas -la fase de parcialidad, cuando el disco solar empiece a menguar, se iniciará más o menos una hora antes y terminará una hora después, sobre las 21.30 horas-, lo que significa que el Sol estará muy bajo en el horizonte (10 º en Galicia, solo 2º en Baleares). Por ese motivo, «es imprescindible comprobar que no hay ninguna barrera, como montañas o edificios» que impidan la observación. DesplazamientosGarcía Lario advierte, para que después nadie se lleve un chasco, de que no será lo mismo observar el eclipse en la franja de totalidad que en la parcial, «incluso aunque el disco solar esté oculto al 99% o más». En la franja de totalidad, «prácticamente se hace de noche, mientras que con el 99% sigue siendo de día. Hay una especie de iluminación diferente, más tenue, como si estuviera nublado».Igualmente, recuerda que las autoridades prevén más de 10 millones de desplazamientos el día del eclipse, por lo que se esperan «flujos de tráfico que serán difíciles de manejar». Le preocupan especialmente los que se produzcan desde Madrid y Barcelona, ciudades que quedan fuera de la franja de totalidad, a las zonas que sí lo están. Y todo eso «en plena canícula del mes de agosto, probablemente a temperaturas altas, con riesgo extremo de incendios. Todos esos aspectos deben ser considerados». Por ello, recomienda no dejar el desplazamiento para el día del eclipse. Es conveniente adelantarlo para evitar incidencias e, igualmente, aprovechar la noche del eclipse para permanecer en el lugar elegido y aprovechar para observar la lluvia de estrellas de las Perseidas, con el fin de escalonar la vuelta a casa. «Proteger la vista es fundamental: tras los últimos eclipses, el término más buscado en internet ha sido ‘dolor de ojos’»De igual forma, el investigador también cree que el eclipse de agosto es una buena ocasión para divulgar conocimientos astronómicos y, en particular, para la astrofotografía: «Que el Sol se sitúe a una altura tan baja sobre el horizonte permitirá obtener las mejores fotos de un eclipse solar en mucho tiempo. Con nuestro patrimonio natural e histórico será posible conseguir imágenes icónicas». Imágenes, asegura, que supondrán una ventana de atracción hacia la España vacía , sobre todo para el turismo astronómico.El eclipse puede removernos por dentro de una forma inesperada. Quizás nos embargue «un sentimiento de pertenencia al cosmos» porque este fenómeno «nos habla de nuestra fragilidad, del deseo de conocer, de explorar, inherente a la especie humana». Para el astrónomo, la experiencia no es solo visual, «sino también sensorial, porque la temperatura baja drásticamente unos cuantos grados casi de repente. Como consecuencia, se produce una brisa un poco fantasmagórica que podemos sentir en nuestro cuerpo. No es extraño que a la gente se le pongan los pelos de punta e incluso hay muchos que no pueden reprimir el llanto por la emoción».En este sentido, García Larios aconseja «enfocar toda nuestra atención en sentir el eclipse, ver lo que sucede a nuestro alrededor: por ejemplo, los pájaros dejan de cantar, las gallinas se van a su gallinero y las vacas al establo y pocos minutos después todo vuelve a la normalidad».Una oportunidad para la España vacía y las vocaciones El investigador también cree que el eclipse de agosto es una buena ocasión para divulgar conocimientos astronómicos y, en particular, para la astrofotografía: «Que el Sol se sitúe a una altura tan baja sobre el horizonte permitirá obtener las mejores fotos de un eclipse solar en mucho tiempo. Con nuestro patrimonio natural e histórico será posible conseguir imágenes icónicas». Imágenes, asegura, que supondrán una ventana de atracción hacia la España vacía, sobre todo para el turismo astronómico. Pero el eclipse no solo es un desafío, «también es una oportunidad para el desarrollo de vocaciones científicas. Por ejemplo, Santiago Ramón y Cajal despertó la suya como consecuencia de la observación del eclipse total de Sol que hubo en España el 18 de julio de 1860. Esperamos que esto suceda también con muchos de nuestros jóvenes».Recuerda además la importancia de proteger la vista y no mirar al Sol directamente. Es fundamental, porque nos jugamos una desagradable retinopatía. «Solo podemos utilizar gafas homologadas (normativa ISO 12312-2-2015). No valen ni gafas de sol normales, ni radiografías , ni cristales ahumados de soldador». Una precaución a tener en cuenta que quizás algunos no conozcan: las gafas homologadas «hay que colocárselas mirando hacia el suelo, y solamente cuando estén bien colocadas, mirar hacia el disco solar». La única excepción es la fase de totalidad, cuando la Luna cubre completamente el disco del Sol. Solo entonces es seguro mirar el eclipse a simple vista. En cuanto reaparece cualquier parte del Sol, hay que volver a usar protección.«Si vamos a desplazarnos, mejor hacerlo un día antes. Y después quedarnos a disfrutar de las Perseidas, para no volver todos a la vez»Igualmente, si utilizamos telescopios o prismáticos, se debe colocar un filtro solar en el objetivo o en la zona de entrada de la luz, «porque la instrumentación de un telescopio o de unos prismáticos hace un efecto lupa, y por lo tanto podemos dañar nuestra retina de forma irreversible». En los eclipses de los últimos años, «el término más buscado en internet al día siguiente era dolor de ojos». Y si vamos a fotografiarlo con el móvil, «hay que poner el mismo filtro de las gafas en la entrada de la óptica. ¡Pero con mucho cuidado! Sin una protección adecuada, nos podemos cargar el móvil». Con todo, «si no somos expertos en astrofotografía, mi recomendación es disfrutar del eclipse sin estar preocupados de manejar un instrumento».Para los más prudentes, sobre todo con niños pequeños, recuerda que existen métodos de observación indirecta que no son peligrosos como, por ejemplo, mirar la imagen proyectada del Sol.MÁS INFORMACIÓN noticia Si Betelgeuse no está sola: captan la mejor imagen de la escurridiza compañera de la estrella más famosa noticia Si El asteroide de los dinosaurios levantó una nube de polvo que incendió la Tierra y asó la vida en horasPorque, al final, como sostiene García Lario, el mayor recuerdo del eclipse no será la fotografía ni el vídeo que grabemos con el móvil, sino la sensación de haber presenciado uno de los espectáculos más extraordinarios de la naturaleza. Esos cien segundos escasos que nunca se olvidan. El 12 de agosto, alrededor de las ocho y media de la tarde, millones de personas elevarán sus ojos al cielo en una comunión con el universo que, en la península ibérica, no se producía desde hace más de 120 años. Contemplarán un eclipse total de Sol, visible casi exclusivamente desde España, cuya franja de totalidad cruzará el norte peninsular de oeste a este, desde La Coruña a Baleares . La experiencia será breve, pero promete ser intensa. Según Pedro García Lario, astrónomo de la Agencia Espacial Europea (ESA) y miembro de la Comisión de Asesoramiento del Eclipse, los afortunados que la disfruten jamás la olvidarán: «Son unos cien segundos que recordaremos para el resto de nuestra vida», asegura. El investigador ha ofrecido, a través de un encuentro con los medios organizado por la ESA, una serie de consejos para aprovechar al máximo el primero de la triada de eclipses que se verán desde nuestro país; el segundo, también total, se producirá el 2 de agosto de 2027, y otro anular se espera para el 26 de enero de 2028. Para empezar, advierte de que la hora a la que la Luna se paseará por delante del Sol supondrá «un desafío» para la elección de nuestro lugar de observación. Ocurrirá al atardecer, sobre las 20.30 horas -la fase de parcialidad, cuando el disco solar empiece a menguar, se iniciará más o menos una hora antes y terminará una hora después, sobre las 21.30 horas-, lo que significa que el Sol estará muy bajo en el horizonte (10 º en Galicia, solo 2º en Baleares). Por ese motivo, «es imprescindible comprobar que no hay ninguna barrera, como montañas o edificios» que impidan la observación. DesplazamientosGarcía Lario advierte, para que después nadie se lleve un chasco, de que no será lo mismo observar el eclipse en la franja de totalidad que en la parcial, «incluso aunque el disco solar esté oculto al 99% o más». En la franja de totalidad, «prácticamente se hace de noche, mientras que con el 99% sigue siendo de día. Hay una especie de iluminación diferente, más tenue, como si estuviera nublado».Igualmente, recuerda que las autoridades prevén más de 10 millones de desplazamientos el día del eclipse, por lo que se esperan «flujos de tráfico que serán difíciles de manejar». Le preocupan especialmente los que se produzcan desde Madrid y Barcelona, ciudades que quedan fuera de la franja de totalidad, a las zonas que sí lo están. Y todo eso «en plena canícula del mes de agosto, probablemente a temperaturas altas, con riesgo extremo de incendios. Todos esos aspectos deben ser considerados». Por ello, recomienda no dejar el desplazamiento para el día del eclipse. Es conveniente adelantarlo para evitar incidencias e, igualmente, aprovechar la noche del eclipse para permanecer en el lugar elegido y aprovechar para observar la lluvia de estrellas de las Perseidas, con el fin de escalonar la vuelta a casa. «Proteger la vista es fundamental: tras los últimos eclipses, el término más buscado en internet ha sido ‘dolor de ojos’»De igual forma, el investigador también cree que el eclipse de agosto es una buena ocasión para divulgar conocimientos astronómicos y, en particular, para la astrofotografía: «Que el Sol se sitúe a una altura tan baja sobre el horizonte permitirá obtener las mejores fotos de un eclipse solar en mucho tiempo. Con nuestro patrimonio natural e histórico será posible conseguir imágenes icónicas». Imágenes, asegura, que supondrán una ventana de atracción hacia la España vacía , sobre todo para el turismo astronómico.El eclipse puede removernos por dentro de una forma inesperada. Quizás nos embargue «un sentimiento de pertenencia al cosmos» porque este fenómeno «nos habla de nuestra fragilidad, del deseo de conocer, de explorar, inherente a la especie humana». Para el astrónomo, la experiencia no es solo visual, «sino también sensorial, porque la temperatura baja drásticamente unos cuantos grados casi de repente. Como consecuencia, se produce una brisa un poco fantasmagórica que podemos sentir en nuestro cuerpo. No es extraño que a la gente se le pongan los pelos de punta e incluso hay muchos que no pueden reprimir el llanto por la emoción».En este sentido, García Larios aconseja «enfocar toda nuestra atención en sentir el eclipse, ver lo que sucede a nuestro alrededor: por ejemplo, los pájaros dejan de cantar, las gallinas se van a su gallinero y las vacas al establo y pocos minutos después todo vuelve a la normalidad».Una oportunidad para la España vacía y las vocaciones El investigador también cree que el eclipse de agosto es una buena ocasión para divulgar conocimientos astronómicos y, en particular, para la astrofotografía: «Que el Sol se sitúe a una altura tan baja sobre el horizonte permitirá obtener las mejores fotos de un eclipse solar en mucho tiempo. Con nuestro patrimonio natural e histórico será posible conseguir imágenes icónicas». Imágenes, asegura, que supondrán una ventana de atracción hacia la España vacía, sobre todo para el turismo astronómico. Pero el eclipse no solo es un desafío, «también es una oportunidad para el desarrollo de vocaciones científicas. Por ejemplo, Santiago Ramón y Cajal despertó la suya como consecuencia de la observación del eclipse total de Sol que hubo en España el 18 de julio de 1860. Esperamos que esto suceda también con muchos de nuestros jóvenes».Recuerda además la importancia de proteger la vista y no mirar al Sol directamente. Es fundamental, porque nos jugamos una desagradable retinopatía. «Solo podemos utilizar gafas homologadas (normativa ISO 12312-2-2015). No valen ni gafas de sol normales, ni radiografías , ni cristales ahumados de soldador». Una precaución a tener en cuenta que quizás algunos no conozcan: las gafas homologadas «hay que colocárselas mirando hacia el suelo, y solamente cuando estén bien colocadas, mirar hacia el disco solar». La única excepción es la fase de totalidad, cuando la Luna cubre completamente el disco del Sol. Solo entonces es seguro mirar el eclipse a simple vista. En cuanto reaparece cualquier parte del Sol, hay que volver a usar protección.«Si vamos a desplazarnos, mejor hacerlo un día antes. Y después quedarnos a disfrutar de las Perseidas, para no volver todos a la vez»Igualmente, si utilizamos telescopios o prismáticos, se debe colocar un filtro solar en el objetivo o en la zona de entrada de la luz, «porque la instrumentación de un telescopio o de unos prismáticos hace un efecto lupa, y por lo tanto podemos dañar nuestra retina de forma irreversible». En los eclipses de los últimos años, «el término más buscado en internet al día siguiente era dolor de ojos». Y si vamos a fotografiarlo con el móvil, «hay que poner el mismo filtro de las gafas en la entrada de la óptica. ¡Pero con mucho cuidado! Sin una protección adecuada, nos podemos cargar el móvil». Con todo, «si no somos expertos en astrofotografía, mi recomendación es disfrutar del eclipse sin estar preocupados de manejar un instrumento».Para los más prudentes, sobre todo con niños pequeños, recuerda que existen métodos de observación indirecta que no son peligrosos como, por ejemplo, mirar la imagen proyectada del Sol.MÁS INFORMACIÓN noticia Si Betelgeuse no está sola: captan la mejor imagen de la escurridiza compañera de la estrella más famosa noticia Si El asteroide de los dinosaurios levantó una nube de polvo que incendió la Tierra y asó la vida en horasPorque, al final, como sostiene García Lario, el mayor recuerdo del eclipse no será la fotografía ni el vídeo que grabemos con el móvil, sino la sensación de haber presenciado uno de los espectáculos más extraordinarios de la naturaleza. Esos cien segundos escasos que nunca se olvidan.
El 12 de agosto, alrededor de las ocho y media de la tarde, millones de personas elevarán sus ojos al cielo en una comunión con el universo que, en la península ibérica, no se producía desde hace más de 120 años. Contemplarán un eclipse total … de Sol, visible casi exclusivamente desde España, cuya franja de totalidad cruzará el norte peninsular de oeste a este, desde La Coruña a Baleares. La experiencia será breve, pero promete ser intensa. Según Pedro García Lario, astrónomo de la Agencia Espacial Europea (ESA) y miembro de la Comisión de Asesoramiento del Eclipse, los afortunados que la disfruten jamás la olvidarán: «Son unos cien segundos que recordaremos para el resto de nuestra vida», asegura.
El investigador ha ofrecido, a través de un encuentro con los medios organizado por la ESA, una serie de consejos para aprovechar al máximo el primero de la triada de eclipses que se verán desde nuestro país; el segundo, también total, se producirá el 2 de agosto de 2027, y otro anular se espera para el 26 de enero de 2028.
Para empezar, advierte de que la hora a la que la Luna se paseará por delante del Sol supondrá «un desafío» para la elección de nuestro lugar de observación. Ocurrirá al atardecer, sobre las 20.30 horas -la fase de parcialidad, cuando el disco solar empiece a menguar, se iniciará más o menos una hora antes y terminará una hora después, sobre las 21.30 horas-, lo que significa que el Sol estará muy bajo en el horizonte (10 º en Galicia, solo 2º en Baleares). Por ese motivo, «es imprescindible comprobar que no hay ninguna barrera, como montañas o edificios» que impidan la observación.
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Desplazamientos
García Lario advierte, para que después nadie se lleve un chasco, de que no será lo mismo observar el eclipse en la franja de totalidad que en la parcial, «incluso aunque el disco solar esté oculto al 99% o más». En la franja de totalidad, «prácticamente se hace de noche, mientras que con el 99% sigue siendo de día. Hay una especie de iluminación diferente, más tenue, como si estuviera nublado».
Igualmente, recuerda que las autoridades prevén más de 10 millones de desplazamientos el día del eclipse, por lo que se esperan «flujos de tráfico que serán difíciles de manejar». Le preocupan especialmente los que se produzcan desde Madrid y Barcelona, ciudades que quedan fuera de la franja de totalidad, a las zonas que sí lo están. Y todo eso «en plena canícula del mes de agosto, probablemente a temperaturas altas, con riesgo extremo de incendios. Todos esos aspectos deben ser considerados». Por ello, recomienda no dejar el desplazamiento para el día del eclipse. Es conveniente adelantarlo para evitar incidencias e, igualmente, aprovechar la noche del eclipse para permanecer en el lugar elegido y aprovechar para observar la lluvia de estrellas de las Perseidas, con el fin de escalonar la vuelta a casa.
«Proteger la vista es fundamental: tras los últimos eclipses, el término más buscado en internet ha sido ‘dolor de ojos’»
De igual forma, el investigador también cree que el eclipse de agosto es una buena ocasión para divulgar conocimientos astronómicos y, en particular, para la astrofotografía: «Que el Sol se sitúe a una altura tan baja sobre el horizonte permitirá obtener las mejores fotos de un eclipse solar en mucho tiempo. Con nuestro patrimonio natural e histórico será posible conseguir imágenes icónicas». Imágenes, asegura, que supondrán una ventana de atracción hacia la España vacía, sobre todo para el turismo astronómico.
El eclipse puede removernos por dentro de una forma inesperada. Quizás nos embargue «un sentimiento de pertenencia al cosmos» porque este fenómeno «nos habla de nuestra fragilidad, del deseo de conocer, de explorar, inherente a la especie humana». Para el astrónomo, la experiencia no es solo visual, «sino también sensorial, porque la temperatura baja drásticamente unos cuantos grados casi de repente. Como consecuencia, se produce una brisa un poco fantasmagórica que podemos sentir en nuestro cuerpo. No es extraño que a la gente se le pongan los pelos de punta e incluso hay muchos que no pueden reprimir el llanto por la emoción».
En este sentido, García Larios aconseja «enfocar toda nuestra atención en sentir el eclipse, ver lo que sucede a nuestro alrededor: por ejemplo, los pájaros dejan de cantar, las gallinas se van a su gallinero y las vacas al establo y pocos minutos después todo vuelve a la normalidad».
Una oportunidad para la España vacía y las vocaciones
El investigador también cree que el eclipse de agosto es una buena ocasión para divulgar conocimientos astronómicos y, en particular, para la astrofotografía: «Que el Sol se sitúe a una altura tan baja sobre el horizonte permitirá obtener las mejores fotos de un eclipse solar en mucho tiempo. Con nuestro patrimonio natural e histórico será posible conseguir imágenes icónicas». Imágenes, asegura, que supondrán una ventana de atracción hacia la España vacía, sobre todo para el turismo astronómico.
Pero el eclipse no solo es un desafío, «también es una oportunidad para el desarrollo de vocaciones científicas. Por ejemplo, Santiago Ramón y Cajal despertó la suya como consecuencia de la observación del eclipse total de Sol que hubo en España el 18 de julio de 1860. Esperamos que esto suceda también con muchos de nuestros jóvenes».
Recuerda además la importancia de proteger la vista y no mirar al Sol directamente. Es fundamental, porque nos jugamos una desagradable retinopatía. «Solo podemos utilizar gafas homologadas (normativa ISO 12312-2-2015). No valen ni gafas de sol normales, ni radiografías, ni cristales ahumados de soldador». Una precaución a tener en cuenta que quizás algunos no conozcan: las gafas homologadas «hay que colocárselas mirando hacia el suelo, y solamente cuando estén bien colocadas, mirar hacia el disco solar». La única excepción es la fase de totalidad, cuando la Luna cubre completamente el disco del Sol. Solo entonces es seguro mirar el eclipse a simple vista. En cuanto reaparece cualquier parte del Sol, hay que volver a usar protección.
«Si vamos a desplazarnos, mejor hacerlo un día antes. Y después quedarnos a disfrutar de las Perseidas, para no volver todos a la vez»
Igualmente, si utilizamos telescopios o prismáticos, se debe colocar un filtro solar en el objetivo o en la zona de entrada de la luz, «porque la instrumentación de un telescopio o de unos prismáticos hace un efecto lupa, y por lo tanto podemos dañar nuestra retina de forma irreversible». En los eclipses de los últimos años, «el término más buscado en internet al día siguiente era dolor de ojos». Y si vamos a fotografiarlo con el móvil, «hay que poner el mismo filtro de las gafas en la entrada de la óptica. ¡Pero con mucho cuidado! Sin una protección adecuada, nos podemos cargar el móvil». Con todo, «si no somos expertos en astrofotografía, mi recomendación es disfrutar del eclipse sin estar preocupados de manejar un instrumento».
Para los más prudentes, sobre todo con niños pequeños, recuerda que existen métodos de observación indirecta que no son peligrosos como, por ejemplo, mirar la imagen proyectada del Sol.
Porque, al final, como sostiene García Lario, el mayor recuerdo del eclipse no será la fotografía ni el vídeo que grabemos con el móvil, sino la sensación de haber presenciado uno de los espectáculos más extraordinarios de la naturaleza. Esos cien segundos escasos que nunca se olvidan.
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