Pablo Ojeda, nutricionista: «Hay alimentos en el supermercado diseñados para que no puedas parar de comerlo»

Los ultraprocesados se han convertido en los grandes villanos de los debates sobre nutrición. La ciencia sostiene que alimentos de este tipo pueden volverse ‘adictivos’ porque combinan varios estímulos que engañan al cerebro y lo incitan a seguir comiendo. Grasas, azúcar y sal en niveles muy elevados activan con fuerza los circuitos cerebrales de recompensa.Una respuesta que libera dopamina, fuerza el placer y puede empujar a repetir el consumo incluso sin hambre real. Con el tiempo, el cerebro se acostumbra a esos picos y pide más para lograr la misma satisfacción. Además, su textura, sabor y facilidad para comerlos aumentan el impulso. No se trata solo de falta de voluntad: intervienen mecanismos biológicos, hábitos y el diseño mismo de estos productos. Podemos decir que no es culpa nuestra, sino de nuestro cerebro. Para sorpresa de nadie no es habitual darse un atracón de brócoli o de avena, pero sí devorar sin fin chocolate, galletas o helado. Un asunto del que culpar a la neurociencia.«Hay alimentos diseñados para que no puedas parar de comerlos»En este contexto se pronuncia el nutricionista y divulgador Pablo Ojeda, que ha lanzado una advertencia sobre un fenómeno alimentario cada vez más común: los productos de alta palatabilidad, elaborados para estimular el sistema de recompensa del cerebro y provocar una sensación de deseo constante por seguir comiendo.«Hay alimentos en el supermercado diseñados para que no puedas parar de comerlos», afirma el experto en el vídeo que ha subido a sus plataformas digitales, y donde ahonda que se trata de un efecto que no es casual: La combinación de estímulos sensoriales refuerza el circuito de recompensa cerebral, generando una respuesta muy similar a la de ciertas conductas adictivas.El divulgador reconoce haber sufrido en primera persona ese ciclo de antojo y culpa. «Pensaba que era falta de disciplina», admite, «hasta que comprendí que mi cerebro había aprendido a repetir el ciclo del deseo y la gratificación». Características principales de los alimentos hiperpalatables y ejemplos comunesAlta densidad energética y baja nutricional: Contienen ≥25% de calorías de grasa + >0,30% de peso en sodio; o >20% grasa + >20% azúcares; o ≥40% carbohidratos + >0,20% sodio, lo que suprime la saciedad. Combinaciones sinérgicas adictivas: Mezclas precisas de estímulos (dulce-graso, salado-crujiente) liberan dopamina intensa, similar a conductas adictivas. Procesamiento industrial: Incluyen aditivos, harinas refinadas y texturas optimizadas (crujiente, cremoso…) para enganchar, incluso en productos ‘light’ Grasa + sodio: Pizzas, hamburguesas, perritos calientes, bacon y patatas fritas. Grasa + azúcar: Pasteles, donuts, galletas, helados, brownies y bollería industrial. Carbohidratos + sodio: Galletas saladas, palomitas de maíz, nuggets y snacks fritosAsí, Ojeda explica que muchas personas culpan a su fuerza de voluntad, cuando en realidad están atrapadas en un patrón neurobiológico aprendido, condicionado por la exposición continua a este tipo de alimentos. Los ultraprocesados se han convertido en los grandes villanos de los debates sobre nutrición. La ciencia sostiene que alimentos de este tipo pueden volverse ‘adictivos’ porque combinan varios estímulos que engañan al cerebro y lo incitan a seguir comiendo. Grasas, azúcar y sal en niveles muy elevados activan con fuerza los circuitos cerebrales de recompensa.Una respuesta que libera dopamina, fuerza el placer y puede empujar a repetir el consumo incluso sin hambre real. Con el tiempo, el cerebro se acostumbra a esos picos y pide más para lograr la misma satisfacción. Además, su textura, sabor y facilidad para comerlos aumentan el impulso. No se trata solo de falta de voluntad: intervienen mecanismos biológicos, hábitos y el diseño mismo de estos productos. Podemos decir que no es culpa nuestra, sino de nuestro cerebro. Para sorpresa de nadie no es habitual darse un atracón de brócoli o de avena, pero sí devorar sin fin chocolate, galletas o helado. Un asunto del que culpar a la neurociencia.«Hay alimentos diseñados para que no puedas parar de comerlos»En este contexto se pronuncia el nutricionista y divulgador Pablo Ojeda, que ha lanzado una advertencia sobre un fenómeno alimentario cada vez más común: los productos de alta palatabilidad, elaborados para estimular el sistema de recompensa del cerebro y provocar una sensación de deseo constante por seguir comiendo.«Hay alimentos en el supermercado diseñados para que no puedas parar de comerlos», afirma el experto en el vídeo que ha subido a sus plataformas digitales, y donde ahonda que se trata de un efecto que no es casual: La combinación de estímulos sensoriales refuerza el circuito de recompensa cerebral, generando una respuesta muy similar a la de ciertas conductas adictivas.El divulgador reconoce haber sufrido en primera persona ese ciclo de antojo y culpa. «Pensaba que era falta de disciplina», admite, «hasta que comprendí que mi cerebro había aprendido a repetir el ciclo del deseo y la gratificación». Características principales de los alimentos hiperpalatables y ejemplos comunesAlta densidad energética y baja nutricional: Contienen ≥25% de calorías de grasa + >0,30% de peso en sodio; o >20% grasa + >20% azúcares; o ≥40% carbohidratos + >0,20% sodio, lo que suprime la saciedad. Combinaciones sinérgicas adictivas: Mezclas precisas de estímulos (dulce-graso, salado-crujiente) liberan dopamina intensa, similar a conductas adictivas. Procesamiento industrial: Incluyen aditivos, harinas refinadas y texturas optimizadas (crujiente, cremoso…) para enganchar, incluso en productos ‘light’ Grasa + sodio: Pizzas, hamburguesas, perritos calientes, bacon y patatas fritas. Grasa + azúcar: Pasteles, donuts, galletas, helados, brownies y bollería industrial. Carbohidratos + sodio: Galletas saladas, palomitas de maíz, nuggets y snacks fritosAsí, Ojeda explica que muchas personas culpan a su fuerza de voluntad, cuando en realidad están atrapadas en un patrón neurobiológico aprendido, condicionado por la exposición continua a este tipo de alimentos.  

Los ultraprocesados se han convertido en los grandes villanos de los debates sobre nutrición. La ciencia sostiene que alimentos de este tipo pueden volverse ‘adictivos’ porque combinan varios estímulos que engañan al cerebro y lo incitan a seguir comiendo. Grasas, azúcar y sal en niveles … muy elevados activan con fuerza los circuitos cerebrales de recompensa.

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