La danza del Grec se despidió con exotismo, exploración, búsquedas y extrañeza. Algunos espectadores se retiraron en la segunda parte, cuando tuvieron claro que lo que veían no iba a ofrecerles la espectacularidad, el dinamismo, el ritmo ni el sentido que esperaban. Pero las dos piezas del coreógrafo Tao Ye sorprendieron a la mayoría y obtuvieron largos y cálidos aplausos. La segunda, 17 , con sus juegos y variaciones de caídas, incluso provocó alguna carcajada.
Las dos piezas del coreógrafo Tao Ye sorprendieron a la mayoría y obtuvieron largos y cálidos aplausos
Numerical Series 16 & 17 ★★★✩✩
Intérpretes: Compañía Tao Dance Theater
Lugar y fecha: Grec (30/VII/2026)
La danza del Grec se despidió con exotismo, exploración, búsquedas y extrañeza. Algunos espectadores se retiraron en la segunda parte, cuando tuvieron claro que lo que veían no iba a ofrecerles la espectacularidad, el dinamismo, el ritmo ni el sentido que esperaban. Pero las dos piezas del coreógrafo Tao Ye sorprendieron a la mayoría y obtuvieron largos y cálidos aplausos. La segunda, 17 , con sus juegos y variaciones de caídas, incluso provocó alguna carcajada.
Hay que reconocerles honestidad. Son lo que vimos, lo que quieren ser. Los espectadores que disfrutaron la propuesta de Tao Dance Theater agradecían su extrema sencillez sin concesiones, también la capacidad de juego en la que se recurrió con humor en la coreografía 17 o incluso la asunción en ambas piezas de que la danza tiene siempre mucho más de partitura, de ecuación o de teorema que de historieta.
Dan igual las emociones que la obra suscite en nosotros. Los efectos de estos afectos serán siempre nuestros, y aquí el placer fue sobrio, sin desmadre. Los juegos plantean estrategias y responden a convenciones, algo que, sobre todo, es cerebral y analítico.
Tao Ye explora posibilidades. Por eso ordena numéricamente sus coreografías. Encaja piezas de un puzle que plantea perspectivas, ángulos y cosmovisiones tan singulares y dispares como complementarias. Organiza líneas, puntos, contrapuntos y armonías sobre el espacio blanco del escenario. Vestidos de negro, los intérpretes son su grafía, su alfabeto, sus notas.
Que en estas piezas no había narrativa, ya se había anunciado. No es necesario en una coreografía. Incluso cuando en una pieza hay narrativa o construcción de sentido, el valor de la danza no radica en ello, sino en sus formas de movimiento, su plástica y expresividad formal. Vale para cualquier arte lo de Magritte y su “ceci n’est pas une pipe”, pero cobra aquí especial sentido.
Las búsquedas de Tao Ye son formales. En 16 las posibilidades del unísono en las que se sumergen los 16 miembros de la compañía cuando crean una larga línea que se dobla en dos como en las danzas tradicionales del dragón y la serpiente.
En 17 , en cambio, encontramos a los intérpretes aplastados como cucarachas en el suelo, mientras reaccionan de forma dispar según una gramática de sonidos a los que les corresponden movimientos específicos y tipos de caídas, organizados y contrapuntados en bloques, como un coro. Repetitivo, quizás, pero también claro y honesto.
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