Mucho, mucho talento

E l verano de los (auténticos) melómanos solo arranca cuando el castillo de Peralada abre sus puertas. Y sus lagos y sus cisnes y su capilla y su memoria de condes y vizcondes del siglo IX vibran, por fin, con su festival de música clásica, ópera y danza. Pero este año todo es distinto. Muchísimo más redondo y vibrante. Porque esta cita ampurdanesa capaz como ninguna de hacer migrar al todo Barcelona hasta casi la frontera cada final de julio cumple ¡cuarenta años! ¡Cuarenta!

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 E l verano de los (auténticos) melómanos solo arranca cuando el castillo de Peralada abre sus puertas. Y sus lagos y sus cisnes y su capilla y su memoria de condes y vizcondes del siglo IX vibran, por fin, con su festival de música clásica, ópera y danza. Pero este año todo es distinto. Muchísimo más redondo y vibrante. Porque esta cita ampurdanesa capaz como ninguna de hacer migrar al todo Barcelona hasta casi la frontera cada final de julio cumple ¡cuarenta años! ¡Cuarenta!Seguir leyendo…  

E l verano de los (auténticos) melómanos solo arranca cuando el castillo de Peralada abre sus puertas. Y sus lagos y sus cisnes y su capilla y su memoria de condes y vizcondes del siglo IX vibran, por fin, con su festival de música clásica, ópera y danza. Pero este año todo es distinto. Muchísimo más redondo y vibrante. Porque esta cita ampurdanesa capaz como ninguna de hacer migrar al todo Barcelona hasta casi la frontera cada final de julio cumple ¡cuarenta años! ¡Cuarenta!

 Oriol Aguilà y la familia Suqué podían haber optado por la típica gala solemne y grandilocuentes discursos con vocación de siesta. Pero, en un loco cambio de batuta, decidieron justo lo contrario. Y así es como ayer Joan Anton Rechi nos dejó a todos felizmente atónitos con su ¡camino gastroescénico! No hubo presentador. Ni prisas. Ni aquello tan castizo de “vayan tomando asiento”. No se admitió nada caduco. Ni una nota fuera de sitio. Solo invitados serpenteando al atardecer entre pinos, magnolias, cipreses y tejos para descubrir miles de motivos para celebrar los 40 años vividos hasta entregarse a las sorpresas de la noche.

Arranque real en el Liceu con los premios Princesa de Girona y cierre en Peralada celebrando los 40

 Mark Milhofer les preparó cócteles Caruso mientras les deslizaba en un susurro Torna a Surriento con Dani Espasa al piano. Xavier Sabata y Rossy de Palma añadieron (más) voz e inmersión a la historia. Y Botis Seva les hizo bailar el peso del pasado sobre sus felices cuerpos en un Sing child sing tan sensacional como físico. Y, ya con la luna alta y todos (¡muchos!) sentados en las blancas mesas vestidas de lino surgidas frente a las torres del castillo, Paco Pérez les versó las estaciones de este largo viaje con su cocina de estrella. ¡Impecable!, sentenciaron Salvador Illa , Artur Mas y José Montilla y todos los elevados gastroespectadores de esta transgresora comunión de presente, pasado y el futuro enérgico que defienden Edward Reger , Borja y Artur Suqué y Julia y Matthew Reger Suqué . Y sí, fue bello y brillante. Un homenaje justo y necesario que honra y rejuvenece el legado de Carmen Mateu al año casi exacto del adiós de su hijo Miguel Suqué. Se les echa de menos.

Solo a 60 kilómetros y muchas curvas, Cap Roig demostraba casi al tiempo que el cupo de jardines y ganas de música fascinante nunca se agota. Juli Guiu llenó su paisaje de pinos con acceso directo a la bañera de la rusa (es la azulísima piscina natural y secreta donde su dueña consorte nadaba ¡desnuda!, según escandaliza la leyenda en los otros locos años veinte) de festivalero para un sould out del viernes con Amaia y el remate de ayer con Rick Astley en otro aplaudido ajetreo­.

La fiesta de los 40 años de la cita de Peralada se convierte en un camino gastroescénico
La fiesta de los 40 años de la cita de Peralada se convierte en un camino gastroescénicoMiquel González/Shooting

Pero, para llenazo, el de los premios Princesa de Girona. Félix Bolaños , Sara Aagesen , Carmen García-Calvillo y Salvador Illa (y la familia real al completo, claro) compartieron las primerísimas filas con Javier Godó y Marisa Falcó, condes de Godó , en un arranque de la semana insólito con el Liceu hasta la bandera. ¡2.292 localidades!, se dice pronto, copadas en la mismísima noche del España-Francia en Dallas. “A ver si otro grupo de jóvenes españoles nos vuelve a alegrar la noche”, predecía Felipe VI en su discurso inicial para aportar involuntariamente (más) nervios a la gala con que Leonor empuja el aplomo de quienes prefieren arreglar el mundo a contar su vida en las redes.

 Carlos Godó , Jaime Alfonsín , José Creuheras y Gonzalo Rodés , entre otros patrones de estos premios optimistas como pocos, aplaudieron a Patricia Aymà y sus bacterias entrenadas para devorar microplásticos; a Rafael Luque , que ya ha descubierto 220 exoplanetas, y a José Eduardo Méndez , que defiende que la astronomía es un bálsamo universal (nos hace sentir pequeños, dice, y con ello, más humanos). Y se emocionaron con el cine furioso de Gemma Blasco ; el pacífico combate con que Hatim Azhari , l’altre   noi del Poble Sec ,ha resucitado a su barrio, y la revolución latinoamericana de Mercedes Bidart a base de microcréditos.

No estuvo mal comprobar que el talento llena teatros, se maravillaba un Ramón Agenjo , que, recuperado de su susto que ya es historia, coincidió en su rentrée con Joan Roca (no el chef, sino el alto abogado), Antonio Pulido , Salvador Alemany y José   M. Coronas . Y con Ana Godó , Ferran Rodés, Vicente Cancío , Q   uique Tombas , Jordi Juan y Sergio Vila Sanjuán (la Reina les felicitó por Cultura/s ), que, como Albert Grífols,   Marc Murtra,   Judith ViaderyLidia Codinachs , son superfieles y fans de estos premios, y más de Leonor , que bordó el papel asignado. El de líder capaz de un catalán y un dominio de la situación que ya quisiéramos muchos, sostenían Ernestina Torelló y Montse Ribas . Y mentora excepcional del movimiento compartido que el Rey reivindicó primero en el escenario que Sílvia Batet llenó de danza y Soleá Morente y Luz Casal de música sentida y sostuvo en el privé de los privés trasladado al salón de los espejos. Luego, ya lo saben, se ajustó su look futbolero para vibrar con Oyarzabal y Porro y hoy intentará, como todos, no perderse un microsegundo del atómico cruce de Yamal y Messi .

 Cultura

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