Los ídolos como inspiración: Zico, Trezeguet y Dunga, tres egipcios con apodos de leyenda.

Los faraones se enfrentarán a la Argentina de Leo Messi para buscar el pase a cuartos de final. La primera y única vez que han jugado esta fase clasificatoria fue en 1934 Leer Los faraones se enfrentarán a la Argentina de Leo Messi para buscar el pase a cuartos de final. La primera y única vez que han jugado esta fase clasificatoria fue en 1934 Leer  

Las lágrimas de Mohamed Salah tras clasificar a Egipto para los octavos de final fueron la imagen de una gesta histórica. Los faraones ya han firmado la mejor participación de su historia en un Mundial y, pase lo que pase a partir de ahora, este equipo quedará para siempre en la memoria del fútbol del país de las pirámides.

Esa historia también se lee en las camisetas que saltan al césped. Entre los nombres que lucen sobre el dorsal aparecen tres que resultan familiares para cualquier aficionado: Zico, Trezeguet y Dunga. Sí, están disputando este Mundial. Y no, no son el delantero francés ni los dos brasileños. Son egipcios y están jugando este Mundial.

No son sus nombres reales y la explicación de estos apodos es sencilla, aunque cada uno tiene un origen distinto. En Egipto existe la tradición de bautizar a los jóvenes futbolistas con el nombre de grandes leyendas cuando, desde pequeños, destacan por su parecido físico o por unas cualidades futbolísticas que recuerdan a las de esos referentes.

Trezeguet es, en realidad, Mahmoud Hassan. Desde que comenzó a despuntar en el fútbol base, el egipcio adoptó el apellido de David Trezeguet, el campeón del mundo en 1998 que dejó huella tanto en la selección francesa como en la Juventus. En su caso, el apodo nació por el parecido físico que guardaba con el francoargentino, hasta el punto de que uno de sus entrenadores empezó a llamarle así. El sobrenombre terminó imponiéndose a su nombre real y hoy es conocido en el mundo del fútbol simplemente como Trezeguet.

A lo largo de su carrera ha pasado por el RSC Anderlecht y el Mouscron, en Bélgica; el Aston Villa, en Inglaterra; y el Kasmpaa y el stanbul Baakehir, en Turquía. Antes de regresar al Al Ahly, el club en el que inició su carrera profesional jugó como cedido en el Al-Rayyan catarí.

Si Trezeguet heredó su apellido por un parecido físico, el caso de Zico responde a un motivo muy distinto. Su nombre real es Mostafa Mohamed. El primero en adoptar el apodo del legendario centrocampista brasileño fue su hermano mayor, aunque ahora es el internacional egipcio quien lo luce en la espalda de su camiseta.

El origen se encuentra en la devoción de su padre por la estrella brasileña, una admiración que el propio futbolista también ha heredado. «Zico es mi modelo a seguir. He visto muchos vídeos suyos. Es mi jugador favorito. Mi padre hablaba mucho de él y veíamos juntos sus partidos y sus vídeos en YouTube», explicó el egipcio.

La historia se repite, aunque con matices, en el caso de Dunga. El apodo de Nabil Emad hace referencia al campeón del mundo con Brasil en 1994, que levantó la Copa en Estados Unidos. Treinta y dos años después, su nombre vuelve a un Mundial, esta vez con Egipto. En este caso, no fue su padre quien le puso el apodo, sino su ex entrenador de la época en la que jugaba en Segunda División, hace ya doce años, quien lo bautizó así por su estilo de juego y su parecido en el campo con el ex centrocampista brasileño.

Más allá de los apodos y de las historias que esconden, Egipto ha encontrado en esta mezcla de talento y simbolismo una identidad propia en el torneo. Un equipo que ha sabido transformar nombres prestados en un relato colectivo que ya forma parte de su historia en los Mundiales. Una tradición curiosa, sí, pero que ha acabado reuniendo a un grupo de jugadores capaz de competir al máximo nivel.

Ahora, sin embargo, la atención está puesta en el próximo desafío. Trezeguet, Zico y Dunga saltarán mañana (18:00 h) al césped con la intención de seguir avanzando con Egipto en una competición en la que ya han hecho historia. Enfrente tendrán a otro nombre de peso: Messi. Un nuevo examen para unos faraones que ya han demostrado que no han venido solo a participar.

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