El Barcelona tiene un adolescente que persigue los récords de Mbappé, y el Madrid tiene a Mbappé buscando al adolescente que fue Leer El Barcelona tiene un adolescente que persigue los récords de Mbappé, y el Madrid tiene a Mbappé buscando al adolescente que fue Leer
He leído por ahí que Lamine Yamal ya suma 12 goles en Champions antes de cumplir 20 años, y que está a uno de igualar la marca de Mbappé. Los goles de Mbappé habían sido en los últimos años la medida de la precocidad en Europa. La barra de platino e iridio de la Oficina de Pesas y Medidas de París. La conclusión es que el Barcelona tiene un adolescente que persigue los récords de Mbappé, y el Madrid tiene a Mbappé buscando al adolescente que fue. Lamine ya superó al Mbappé de los 19 y ahora va a por el Mbappé de los 20. El dato más relevante es que el cumpleaños de Lamine es en julio; pero el peor para Mbappé es que ya a nadie le importa si marca Lamine.
Su exhibición, o la de Rodri, ante el Galatasaray restan peso a la reivindicación de Mbappé de ganar el Balón de Oro a base de goles. Su momento es tan malo que, si no lo gana, el Real Madrid podría presentarse a la ceremonia.
Flick se presentó en Estambul sin Raphinha, el futbolista que llevaba medio equipo a cuestas, y se volvió con cuatro goles marcados por cuatro jugadores diferentes, con lo que empieza a ser difícil distinguir entre los problemas del Barça y las dificultades de los demás.
El pasado 21 de abril, en una de esas fechas que cualquier culé tatuado podría incorporar a su mosaico epidérmico de la historia del Barça, los periodistas le preguntaron a Hansi Flick qué necesitaba el Barça para ganar la Champions. «Necesitamos jugadores que lideren en el campo». Dicho de otro modo, necesitaba esa cosa tan poco vistosa en el fútbol que consiste en saber qué hacer cuando todo empieza a salir mal. Algo que en Estambul pudo comprobarse a la media hora, cuando consiguió hacerle dos goles al Barça, aunque sólo le concedieran uno.
Cuando uno ya pensaba que se iba a pasar el resto de su vida suspirando inútilmente por la llegada del nuevo Messi, resulta que lo que el Barça necesitaba era al nuevo Rodri, que por suerte ha resultado ser el mismo Rodri. Ya había ganado una Champions en Estambul, y regresó a la ciudad como quien vuelve al lugar donde se dejó algo que no es que haya perdido, sino que todavía lo sabe encontrar.
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