La tarde en que Pasolini jugó contra Ancelotti

Con el don profético que suele atribuirse a los grandes artistas, resulta tentador pensar que Pier Paolo Pasolini se dio cuenta. En un partido anónimo —aunque para él ningún partido era realmente anónimo—, en un campo cualquiera de la llanura del norte de Italia, el gran intelectual italiano del siglo XX se encontró frente a otro gigante, todavía en ciernes: Carlo Ancelotti.

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 Ambos se enfrentaron en un partido formado por personal de rodaje de ‘Salò o le 120 giornate di Sodoma’ y ‘Novecento’  

Con el don profético que suele atribuirse a los grandes artistas, resulta tentador pensar que Pier Paolo Pasolini se dio cuenta. En un partido anónimo —aunque para él ningún partido era realmente anónimo—, en un campo cualquiera de la llanura del norte de Italia, el gran intelectual italiano del siglo XX se encontró frente a otro gigante, todavía en ciernes: Carlo Ancelotti.

Los archivos rescataron hace algunos años un partido insólito e irrepetible, enterrado durante décadas. Más que por el marcador, por la composición de los equipos.

Pasolini, con el 7 en la camiseta rojiazul de su querido Bologna, reunió un equipo bastante competitivo

Era marzo de 1975. Pasolini aún no lo sabía, pero le quedaban apenas siete meses de vida antes de ser asesinado brutalmente en la playa de Ostia, un crimen sobre el que, medio siglo después, todavía no existe una verdad definitiva. Mientras rodaba Salò o le 120 giornate di Sodoma , a pocos kilómetros otro gigante del cine italiano, Bernardo Bertolucci, estaba filmando Novecento, su gran fresco sobre la historia del siglo XX.

La relación entre ambos se había deteriorado, sobre todo tras la opinión muy crítica de Pasolini sobre El último tango en París . Fue entonces cuando la actriz Laura Betti decidió organizar un partido de fútbol para intentar recomponer sobre el césped lo que ya no conseguían arreglar detrás de la cámara. Incluso había un trofeo en juego: la Copa Valle Padana.

Para algunos estudiosos, como Gabriele Pedullà, ese partido simboliza también un momento decisivo en la relación entre ambos cineastas. Con Novecento , Bertolucci termina emancipándose definitivamente de quien había sido su gran maestro cinematográfico. Había debutado como ayudante de dirección en Accattone y su primera película, La commare secca , nació de un argumento y un guion escritos por Pasolini.

La idea de Betti era enfrentar a los equipos de rodaje de Salò y Novecento . Pasolini, que saltó al campo con el dorsal 7 y la camiseta rojiazul de su querido Bologna, consiguió reunir un equipo bastante competitivo. Bertolucci, en cambio, no encontró once hombres dispuestos a jugar. Las grandes estrellas del reparto —Robert De Niro, Gérard Depardieu, Burt Lancaster y Donald Sutherland— rechazaron la invitación.

Entonces recurrió a un pequeño truco. Reclutó a unos prometedores futbolistas de la zona y, para evitar las previsibles protestas de Pasolini, los presentó como simples miembros del equipo técnico. Uno de ellos era Ancelotti; el otro, otro muchacho a las puertas del fútbol profesional cuyo nombre se ha perdido con el tiempo. Ambos eran completos desconocidos y probablemente ni siquiera eran conscientes de las personalidades que los rodeaban. “Solo nos dijeron que había un partido que jugar, y fuimos”, recordaría muchos años después el actual seleccionador de Brasil en una entrevista con La Gazzetta dello Sport .

No había periodistas ni cámaras de televisión. Mucho menos teléfonos móviles. Apenas algunos jubilados paseando el perro por el parque de la Cittadella de Parma. El único fotógrafo presente era Gideon Bachmann, periodista y documentalista estadounidense muy cercano a Pasolini. Por eso las crónicas deben tomarse con cierta cautela y confiar en la memoria de quienes estuvieron allí.

Partido de fútbol entre los equipos de Bertolucci y Pasolini, con el propio Pasolini (izquierda) y Ancelotti (derecha) entre los jugadores
Partido de fútbol entre los equipos de Bertolucci y Pasolini, con el propio Pasolini (izquierda) y Ancelotti (derecha) entre los jugadoresLV

Los testimonios coinciden en que el equipo de Salò se puso rápidamente 2-0 y dominaba con claridad. Bertolucci, desesperado, decidió entonces recurrir a sus jóvenes refuerzos. El partido cambió por completo. Ancelotti y su compañero dieron la vuelta al marcador hasta el 5-2.

Era demasiado para que Pasolini no sospechara. “No se lo tragó. Se dio cuenta enseguida de que había algo que no cuadraba, pero tenía tantas ganas de jugar que pasó por alto aquella mentira”, recordaría Ancelotti. Primo Giroldini, comisario de la exposición Pasolini a Parma , añade otro detalle: “Pier Paolo recibió varias entradas muy duras y terminó abandonando el partido lesionado”.

No se lo tragó. Se dio cuenta enseguida de que había algo que no cuadraba”

Durante décadas, la presencia de Ancelotti permaneció prácticamente desconocida. Solo cuando apareció una fotografía del encuentro y el propio entrenador confirmó el recuerdo en una entrevista del 2021, la historia salió definitivamente a la luz. “Llevaba el brazalete de capitán en el brazo izquierdo. Tenía la cara muy seria, también porque se había hecho daño. Recuerdo que cojeaba porque le habían dado una patada bastante fuerte”, evocó Ancelotti.

Pasolini decía que el fútbol era “la última representación sagrada de nuestro tiempo”. Y cuando le preguntaban quién era el mejor poeta, respondía: “El máximo goleador del campeonato”. Aquella tarde, sin embargo, quien empezó a escribir una historia extraordinaria fue un adolescente que aún era un perfecto desconocido.

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