Se acabó el congreso de arquitectura, y Barcelona, lejos de relajarse, que ya toca, entró en ese estado de ansiedad de aquellas ciudades convencidas de que si dejan de ser el centro del mundo por unas horas alguien podría confundirlas con Teruel, que, ojo, también existe. La atención anda perdida. Uno ya no sabe si quedarse en la Sagrada Família, que ha dejado de ser un monumento para convertirse en el kilómetro cero de la nueva Barcelona o en el castillo de Montjuïc, el château como dicen algunos desde que el Tour ya es un poco nuestro. O ir a por la opción al alza que es el palacete Albéniz, donde últimamente se cena más historia de la que luego se escribe. Como la vivida en esa fiesta ultraexclusiva y secreta que convocaba el viernes a modo de cierre de (otra) semana loca a todos los jefes de equipo y las autoridades más escogidas.
Se acabó el congreso de arquitectura, y Barcelona, lejos de relajarse, que ya toca, entró en ese estado de ansiedad de aquellas ciudades convencidas de que si dejan de ser el centro del mundo por unas horas alguien podría confundirlas con Teruel, que, ojo, también existe. La atención anda perdida. Uno ya no sabe si quedarse en la Sagrada Família, que ha dejado de ser un monumento para convertirse en el kilómetro cero de la nueva Barcelona o en el castillo de Montjuïc, el château como dicen algunos desde que el Tour ya es un poco nuestro. O ir a por la opción al alza que es el palacete Albéniz, donde últimamente se cena más historia de la que luego se escribe. Como la vivida en esa fiesta ultraexclusiva y secreta que convocaba el viernes a modo de cierre de (otra) semana loca a todos los jefes de equipo y las autoridades más escogidas.Seguir leyendo…
Se acabó el congreso de arquitectura, y Barcelona, lejos de relajarse, que ya toca, entró en ese estado de ansiedad de aquellas ciudades convencidas de que si dejan de ser el centro del mundo por unas horas alguien podría confundirlas con Teruel, que, ojo, también existe. La atención anda perdida. Uno ya no sabe si quedarse en la Sagrada Família, que ha dejado de ser un monumento para convertirse en el kilómetro cero de la nueva Barcelona o en el castillo de Montjuïc, el château como dicen algunos desde que el Tour ya es un poco nuestro. O ir a por la opción al alza que es el palacete Albéniz, donde últimamente se cena más historia de la que luego se escribe. Como la vivida en esa fiesta ultraexclusiva y secreta que convocaba el viernes a modo de cierre de (otra) semana loca a todos los jefes de equipo y las autoridades más escogidas.

Ahí y en la vigilia de la ansiada salida del Tour, un Jaume Collboni superorgulloso de la ciudad de la que es alcalde recibió al director del asunto que es Christian Prudhomme en una convocatoria ampliamente masculina que celebró, y mucho, la presencia de nuestra gran estrella ciclista de todos los tiempos, Miguel Induráin , claro, y la del superactivo director ejecutivo de Tissot Sylvain Dolla , que es el cronometrador oficial de esta prueba que por fin nos llega… Ya tocaba.
El final del congreso de arquitectura y el inicio del Tour agitan Barcelona entre cenas solidarias y secretas
Es la única que le faltaba a esta ciudad que ya lo tiene todo, insistían Jordi Romanyach , Javier Cottet , Jaume Sabater, Sandra Hors, Maite Barrera, Silvia Agenjo y Pere Guardiola durante la cena servida por los estrellados hermanos Torres en los jardines de palacio donde tampoco faltó, faltaría más, Jordi Hereu . Ante la salida del descomunal pastel que Christian Escribà hizo para la ocasión muchos recordaron (y le recordaron al exalcalde) que fue él quien hace diez años inició este sueño que David Escudé cerró informalmente en la cima del Tourmalet en el 2023 y que se sellaba un año después en la reunión en la que el todo quién es quién de la Barcelona más activa conspiraba en casa de una gran empresaria. La misma que en su día prestó su majestuosa cocina para atar nuestra primera Copa del América. ¿Su nombre? Quienes estaban lo saben de sobra.

Con tanto lío las vacaciones deberán esperar. Y más para Collboni , que lleva semanas demostrando que la ubicuidad más que milagro es una buena agenda. Estuvo en la entrega de los premios Quèfem? de Marina Port Vell junto a Enric Sierra, Gerard Guerrero y Hada Macià valorando el talento de Romain Fornell , Oriol Aguilar y Nacho Cerdà , entre otros, pero también en los de la Unión Internacional de Arquitectos que, en las entrañas de la Sagrada Família, celebraron el trabajo genuinamente social de Eduardo Souto de Moura en una gala que no se perdió ni António José Seguro, ni un Ernest Urtasun cada vez más omnipresente en todos los actos. Iñaqui Carnicero, Salvador Illa, Regina Gonthie y Guim Costa …, y los pros del sector premiaron también la innovación de la empresa catalana Fedeterra (sus pinturas minerales nacen literalmente del suelo) y la arquitectura esperanzadoramente útil del estudio italiano Caravatti Architetti. La arquitectura social exige talento y buena voluntad, dicen en la tesis que comparte la Fundación Amsudan que también en una noche de estas se llevó a su plana mayor al Club Bonasport para impulsar la obra de José Javier Parlade .

Es el religioso sevillano que ya ha construido 17 escuelas en Sudán con la ayuda de la gala inventada por Juan de Orbaneja Desvalls y Mercedes Arnús que ahora tiene a María Güell al mando y el apoyo imprescindible de Max Vives-Fierro,Genara Sert (hija del IV conde de Sert) , Lucía Álvarez de Toledo (hija del duque de Zaragoza) , Marcos Portabella … y Carla y Barbara Schoreder , la condesa de Caralt , las marquesas de Gelida y de Casa Pedroso y Miguel de Quadras.

Barcelona, sin embargo, no concede demasiados minutos a la melancolía. Así que solo 24 horas después de su acercamiento solidario a la África más castigada se puso el maillot para celebrar que sí, que el Tour ya es cosa nuestra. Ante un Esteve Camps anonadado por la intensa versatilidad del templo, la Sagrada Família recibía la enésima visita de un Collboni que con una gorra más vintage que amarilla ya parecía otro…en un pelotón que incluyó también a Sílvia Pérez Cruz , Lia Kali , un inédito convenio de castellers de todos lados y el Cor de Teatre fusionando todas sus artes con el deporte.

Esta semana de zapping también otorgó su momentazo al Fòrum con el cierre del multitudinario congreso de arquitectura (con el lema “El derecho a la vivienda no es negociable” pasó el relevo a China ) y para el cine catalán que subió su fiesta veraniega a un château de Montjuïc ya acorralado por la inminente salida de Tour. Las dudas existenciales, baile de hormonas y el vértigo de los 40 años que Aina Clotet narra en Viva asumía todo el protagonismo entre murallas, con el permiso, eso sí, de Marc Martínez, Lluís Homar, Joan Pere, Tono Foguera, Jordi Roigé, … y sobre todo de Ousman Umar , que con su Viaje al país de los blancos con Dani Sancho y Guillem Clua recuerda que el humor es la forma elegante de soltar verdades incómodas.

Pasaba todo en la noche ardiente del jueves que en un solo travelling nos aterrizaba de repente en la terraza del Nobu con la preparty electrónica de Soundit que nos traerá a Honey Dijon, Nina Kravitz, 2manydjs: Jack in the Box Dj Set, John Talabot, B12, Oscar Mulero, Mala, Helena Haufff y Laurel Halo.
Y ese mismo travelling nos dejaba después a caballo entre el Gran Teatre del Liceu y el Disseny Hub Barcelona (DHub) con su ciclo de mini óperas en clave joven y protagonistas como Sergi Puig Serna, Alicia Kopf, Anna Colom, Pablo Macho Otero. Y Arnau Brichs y texto del brillantísimo Pol Guasch (no dejen de leer Reliquia) liderados por emergentes valores de la dirección de escena como Lucía del Greco, Alexandre Rodríguez Fons y Marc Salicrú. Excesivo y brillante. Como todo lo que pasa últimamente en esta Barcelona a un solo paso de parecer histérica.
Cultura
