La segoviana, hija del legendario Antonio Serrano, emula a su padre que, cuarto en el Europeo de Split 1990. «Ha salido la carrera perfecta». Battocletti completa su doblete. Leer La segoviana, hija del legendario Antonio Serrano, emula a su padre que, cuarto en el Europeo de Split 1990. «Ha salido la carrera perfecta». Battocletti completa su doblete. Leer
Tiene estos guiños la historia, de padre a hija, de Split 1990 a Birmingham 2026, de Antonio a Idaira, los Prieto. «El 10.000 se queda en casa», celebra ella, recién completada la carrera de su vida, «una medalla de chocolate que me sabe muy bien». Un cuarto puesto, el de ella, que emula al de Antonio Prieto, tres veces olímpico (10º en Seúl 88), uno de los mitos del fondo español. En los genes y en la mentalidad lo lleva ella.
Era del debut continental al aire libre para Idaira, segoviana como el padre, fisioterapeuta y 15ª en el pasado Mundial de Tokio. Entre ellos, una apuesta, pues también es su entrenador, ser doble finalista, porque doblaba con el 5.000. Firmó un lustroso noveno puesto el día de la plata de Marta García, pero su gran noche, al fin una tregua del calor en el Alexander Stadium, estaba por llegar.
Un 10.000 lento, siempre perfectamente colocada. Resguardada Prieto del fuerte viento que soplaba en la contrameta. Cuando la local Megan Keith se hartó y tiró con todo, rompió el pelotón: sólo Jan van Lent, Maureen Koster y, por supuesto, la imperturbable Nadia Battocletti se fueron con ella. Un suicidio para la británica. Pues tiró y tiró, ritmo altísimo, hasta que no pudo más y estalló. Las medallas estaban repartidas, todo en bandeja para el doblete de Battocletti.
En el grupo siguiente se miraban unas a otras, pues nadie quería tomar la responsabilidad y pagar el desgaste del viento. Idaira fue valiente, pero no estúpida. Encabezó lo justo. «Ha salido la carrera perfecta. Nadie quería tirar. El hecho de entrenar sola y conocerme bien me ha permitido no pasarme», contaba después, una atleta de a punto de cumplir 29 años, de explosión tardía pero de evolución tremenda. Tan poderosa como para no ceder ante nadie, para resistir en la recta de meta, donde ya Keith había sido engullida. «He cambiado el chip, puedo competir las con las mejores», se reivindicaba. Bienvenida a la elite.
Deportes // elmundo
