La respiración influye más en el estado de ánimo de las personas de lo que solemos creer y existen multitud de técnicas que podrían tener efectos sobre el bienestar físico y mental. Sobre este tema ha hablado recientemente Gustavo G. Diez, doctor en Neurociencia, durante una intervención en Aprendemos Juntos, el canal de divulgación de BBVA.Al inicio de la conversación, el experto recuerda que respirar no es un proceso tan simple como parece. «La respiración en el ser humano es profundamente compleja», afirma. Para ilustrarlo, explica que la forma de respirar cambia constantemente en función de lo que estamos haciendo. «Yo ahora estoy hablando y mi respiración es muy diferente a la tuya, que estás escuchando», señala.A continuación, Gustavo G. Diez explica que las emociones también modifican directamente nuestra forma de respirar. Así, una noticia positiva puede provocar una respiración más profunda, mientras que una situación de miedo o amenaza puede producir el efecto contrario. «Si te asustas, la propia amígdala puede directamente pausar tu forma de respirar», comenta.Respiración y salud mentalMás adelante, el neurocientífico relata cómo esta relación entre emociones y respiración permitió a su equipo de investigación encontrar vínculos con algunos problemas de salud mental. Según explica, en su laboratorio analizaron síntomas de estrés, ansiedad y depresión estudiando distintos parámetros respiratorios. Entre ellos, la llamada «pausa postespiratoria», es decir, «el breve intervalo que se produce al final de cada espiración antes de volver a inspirar».Según cuenta el experto, fue en el modo en el que se produce esta pausa donde encontraron uno de los resultados más llamativos. «Cuanto más variable sea esta pausa de respiración a respiración, estaba relacionado, además con una correlación muy grande, con síntomas de depresión», explica.El experto destaca además la importancia de este hallazgo por sus posibles aplicaciones futuras. «Fijaros lo impresionante que es este vínculo, que podemos incluso, en el futuro, a lo mejor tener biomarcadores de salud mental solamente analizando la respiración», afirma durante el vídeo.Respiración y AlzheimerEn otro momento de la intervención, Gustavo G. Diez recuerda un estudio realizado con personas que se encontraban en las primeras fases de Alzheimer. Según relata, los participantes practicaban durante unos 30 minutos al día una técnica basada en realizar pequeñas retenciones de la respiración. El neurocientífico explica que cuando una persona retiene el aire aumentan los niveles de dióxido de carbono en el cerebro. «Para nuestro cuerpo es mucho más importante regular el CO2 que regular el oxígeno», asegura. Ese incremento provoca que los vasos sanguíneos se dilaten y que circule más sangre por el cerebro. «Entonces esa mayor fluencia de sangre genera cambios cerebrales, pero también cognitivos», añade.Noticia relacionada general No No Un biólogo avisa de los tratamientos de longevidad que «son pura parafernalia»Según explica, las personas que participaron en aquel estudio mejoraron su memoria de trabajo y también obtuvieron mejores resultados en el Mini Mental State, un cuestionario utilizado para evaluar el deterioro cognitivo. Ahora bien, el experto aclara que estos resultados no significan que la respiración cure enfermedades neurodegenerativas. «¿Con esto quiere decir que la respiración cura el Alzheimer? No», responde. Lo que sí cree es que estas investigaciones muestran el enorme potencial de estas técnicas. «Estamos empezando a entender cómo diferentes técnicas de respiración pueden efectivamente ser útiles como herramientas para mejorar la salud mental y también las funciones cognitivas», concluye. La respiración influye más en el estado de ánimo de las personas de lo que solemos creer y existen multitud de técnicas que podrían tener efectos sobre el bienestar físico y mental. Sobre este tema ha hablado recientemente Gustavo G. Diez, doctor en Neurociencia, durante una intervención en Aprendemos Juntos, el canal de divulgación de BBVA.Al inicio de la conversación, el experto recuerda que respirar no es un proceso tan simple como parece. «La respiración en el ser humano es profundamente compleja», afirma. Para ilustrarlo, explica que la forma de respirar cambia constantemente en función de lo que estamos haciendo. «Yo ahora estoy hablando y mi respiración es muy diferente a la tuya, que estás escuchando», señala.A continuación, Gustavo G. Diez explica que las emociones también modifican directamente nuestra forma de respirar. Así, una noticia positiva puede provocar una respiración más profunda, mientras que una situación de miedo o amenaza puede producir el efecto contrario. «Si te asustas, la propia amígdala puede directamente pausar tu forma de respirar», comenta.Respiración y salud mentalMás adelante, el neurocientífico relata cómo esta relación entre emociones y respiración permitió a su equipo de investigación encontrar vínculos con algunos problemas de salud mental. Según explica, en su laboratorio analizaron síntomas de estrés, ansiedad y depresión estudiando distintos parámetros respiratorios. Entre ellos, la llamada «pausa postespiratoria», es decir, «el breve intervalo que se produce al final de cada espiración antes de volver a inspirar».Según cuenta el experto, fue en el modo en el que se produce esta pausa donde encontraron uno de los resultados más llamativos. «Cuanto más variable sea esta pausa de respiración a respiración, estaba relacionado, además con una correlación muy grande, con síntomas de depresión», explica.El experto destaca además la importancia de este hallazgo por sus posibles aplicaciones futuras. «Fijaros lo impresionante que es este vínculo, que podemos incluso, en el futuro, a lo mejor tener biomarcadores de salud mental solamente analizando la respiración», afirma durante el vídeo.Respiración y AlzheimerEn otro momento de la intervención, Gustavo G. Diez recuerda un estudio realizado con personas que se encontraban en las primeras fases de Alzheimer. Según relata, los participantes practicaban durante unos 30 minutos al día una técnica basada en realizar pequeñas retenciones de la respiración. El neurocientífico explica que cuando una persona retiene el aire aumentan los niveles de dióxido de carbono en el cerebro. «Para nuestro cuerpo es mucho más importante regular el CO2 que regular el oxígeno», asegura. Ese incremento provoca que los vasos sanguíneos se dilaten y que circule más sangre por el cerebro. «Entonces esa mayor fluencia de sangre genera cambios cerebrales, pero también cognitivos», añade.Noticia relacionada general No No Un biólogo avisa de los tratamientos de longevidad que «son pura parafernalia»Según explica, las personas que participaron en aquel estudio mejoraron su memoria de trabajo y también obtuvieron mejores resultados en el Mini Mental State, un cuestionario utilizado para evaluar el deterioro cognitivo. Ahora bien, el experto aclara que estos resultados no significan que la respiración cure enfermedades neurodegenerativas. «¿Con esto quiere decir que la respiración cura el Alzheimer? No», responde. Lo que sí cree es que estas investigaciones muestran el enorme potencial de estas técnicas. «Estamos empezando a entender cómo diferentes técnicas de respiración pueden efectivamente ser útiles como herramientas para mejorar la salud mental y también las funciones cognitivas», concluye.
La respiración influye más en el estado de ánimo de las personas de lo que solemos creer y existen multitud de técnicas que podrían tener efectos sobre el bienestar físico y mental. Sobre este tema ha hablado recientemente Gustavo G. Diez, doctor en Neurociencia, durante … una intervención en Aprendemos Juntos, el canal de divulgación de BBVA.
Al inicio de la conversación, el experto recuerda que respirar no es un proceso tan simple como parece. «La respiración en el ser humano es profundamente compleja», afirma. Para ilustrarlo, explica que la forma de respirar cambia constantemente en función de lo que estamos haciendo. «Yo ahora estoy hablando y mi respiración es muy diferente a la tuya, que estás escuchando», señala.
A continuación, Gustavo G. Diez explica que las emociones también modifican directamente nuestra forma de respirar. Así, una noticia positiva puede provocar una respiración más profunda, mientras que una situación de miedo o amenaza puede producir el efecto contrario. «Si te asustas, la propia amígdala puede directamente pausar tu forma de respirar», comenta.
Respiración y salud mental
Más adelante, el neurocientífico relata cómo esta relación entre emociones y respiración permitió a su equipo de investigación encontrar vínculos con algunos problemas de salud mental. Según explica, en su laboratorio analizaron síntomas de estrés, ansiedad y depresión estudiando distintos parámetros respiratorios. Entre ellos, la llamada «pausa postespiratoria», es decir, «el breve intervalo que se produce al final de cada espiración antes de volver a inspirar».
Según cuenta el experto, fue en el modo en el que se produce esta pausa donde encontraron uno de los resultados más llamativos. «Cuanto más variable sea esta pausa de respiración a respiración, estaba relacionado, además con una correlación muy grande, con síntomas de depresión», explica.
El experto destaca además la importancia de este hallazgo por sus posibles aplicaciones futuras. «Fijaros lo impresionante que es este vínculo, que podemos incluso, en el futuro, a lo mejor tener biomarcadores de salud mental solamente analizando la respiración», afirma durante el vídeo.
Respiración y Alzheimer
En otro momento de la intervención, Gustavo G. Diez recuerda un estudio realizado con personas que se encontraban en las primeras fases de Alzheimer. Según relata, los participantes practicaban durante unos 30 minutos al día una técnica basada en realizar pequeñas retenciones de la respiración.
El neurocientífico explica que cuando una persona retiene el aire aumentan los niveles de dióxido de carbono en el cerebro. «Para nuestro cuerpo es mucho más importante regular el CO2 que regular el oxígeno», asegura. Ese incremento provoca que los vasos sanguíneos se dilaten y que circule más sangre por el cerebro. «Entonces esa mayor fluencia de sangre genera cambios cerebrales, pero también cognitivos», añade.
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Según explica, las personas que participaron en aquel estudio mejoraron su memoria de trabajo y también obtuvieron mejores resultados en el Mini Mental State, un cuestionario utilizado para evaluar el deterioro cognitivo.
Ahora bien, el experto aclara que estos resultados no significan que la respiración cure enfermedades neurodegenerativas. «¿Con esto quiere decir que la respiración cura el Alzheimer? No», responde. Lo que sí cree es que estas investigaciones muestran el enorme potencial de estas técnicas. «Estamos empezando a entender cómo diferentes técnicas de respiración pueden efectivamente ser útiles como herramientas para mejorar la salud mental y también las funciones cognitivas», concluye.
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