Esclavos liberados en Santa Elena fueron trasladados a la fuerza miles de kilómetros hasta los barcos negreros

A más de 1.800 km de las costas de África, perdida en medio del Atlántico, la pequeña isla de Santa Elena es famosa por ser el lugar del exilio y muerte de Napoleón Bonaparte. Pero este remoto territorio también fue testigo de otro acontecimiento histórico, menos conocido pero de gran importancia. Entre 1840 y 1867, unos 27.000 esclavos africanos fueron liberados allí después de que la Marina Real Británica interceptara los barcos negreros, casi un centenar, en los que eran trasladados a América. Muchos llegaron después de semanas o meses hacinados en los navíos, afectados de desnutrición y enfermedades como la disentería, la viruela o el escorbuto. Casi un tercio murieron poco después de desembarcar y fueron enterrados en grandes cementerios de la isla, como el de Rupert’s Valley, sin que se conociera jamás su nombre o su procedencia. Otros, la mayoría, fueron enviados por las autoridades británicas a las colonias como trabajadores contratados. Y solo unos pocos centenares se establecieron en la isla, donde vivieron vidas humildes. Los restos de los africanos enterrados en Santa Elena fueron redescubiertos durante unas excavaciones arqueológicas realizadas entre 2007 y 2008, lo que dio lugar a una iniciativa para comprender mejor sus vidas y conmemorarlas. Pero, lamentablemente, los registros están incompletos o han desaparecido, por lo que sus descendientes apenas tienen información sobre el lugar de nacimiento de sus antepasados y las vicisitudes que pasaron hasta acabar como esclavos. Un estudio de ADN publicado en 2023 analizó restos de personas enterradas en Rupert’s Valley y concluyó que la mayoría procedía de una amplia región de África centro-occidental, entre el norte de Angola y Gabón. Ahora, un equipo de internacional de investigadores ha intentado afinar un poco más el tiro y reconstruir con mayor precisión los orígenes geográficos de estas personas con un método distinto. Para ello, han analizado las huellas de isótopos de estroncio (87Sr/86Sr) en los dientes de 152 de los individuos enterrados en Santa Elena, la mayoría hombres jóvenes y de mediana edad, pero entre los que también se encontraban 25 mujeres y 41 niños y adolescentes. «Nuestros dientes se forman solo una vez durante la infancia y la adolescencia. Durante este proceso, incorporamos la huella isotópica de estroncio del lugar donde vivimos. Por lo tanto, para los arqueólogos, los dientes sirven como un archivo biológico de la vida temprana de una persona, preservando información sobre dónde pasó su infancia y adolescencia», explica Vicky Oelze, profesora del Departamento de Antropología de la Universidad de California, Santa Cruz (EE.UU.) y coautora del estudio que este jueves publica la revista ‘Science’ »Esto permite que el análisis de isótopos de estroncio vaya un paso más allá en la reconstrucción de los orígenes de una persona, particularmente en el contexto del comercio transatlántico de esclavos, trasladados a la fuerza a través de vastas distancias geográficas. En cierto modo, pueden revelar información que va más allá de lo que el ADN antiguo por sí solo puede decirnos», continúa. Penurias y mortalidadLos resultados, combinados con el ADN antiguo y los registros históricos, muestran que los esclavos procedían de una amplia zona geográfica que se extendía desde la costa occidental de África Central, como la actual Angola o el Congo, hasta regiones mucho más alejadas del interior, como Zimbabue. Ninguno de los valores es compatible con una infancia transcurrida en la propia Santa Elena. «Nuestros datos de isótopos de estroncio confirmaron la interpretación del estudio de ADN de 2023 para muchos individuos, indicando que habían sido víctimas de trata desde regiones a lo largo de lo que hoy son las costas de Angola y Gabón. También encontramos evidencia de que algunos provenían de zonas más interiores dentro de la actual Angola», confirma Oelze.»Sin embargo, lo que resultó particularmente sorprendente fue que varios individuos presentaban firmas de isótopos de estroncio que indicaban orígenes en el sureste de África. Este fue un hallazgo completamente nuevo que no había sido revelado por los datos genéticos. Es probable que provinieran de puertos a lo largo de la costa de lo que hoy es Mozambique», indica. Antes incluso de llegar a la costa, «debieron haber soportado viajes de semanas o incluso meses, muy probablemente a pie, antes de ser obligados a embarcar en barcos de esclavos. Es difícil imaginar las penurias y la mortalidad asociadas a esos viajes. Esa fue una de las contribuciones más importantes de los datos de isótopos de estroncio: nos permitió identificar orígenes geográficos que no se podían determinar con tanta claridad solo mediante evidencia genética», subraya.«La violencia no comenzó en la costa, sino que muchas personas fueron trasladadas por la fuerza dentro de África antes de ser embarcadas. La trata fue un proceso largo y traumático» Hannes Schroeder Profesor de Arqueogenómica en la Universidad de Copenhague«Los análisis muestran que los orígenes (de los liberados en Santa Elena) fueron mucho más diversos de lo que pensábamos. Muchos procedían de regiones costeras o cercanas a la costa de África centro-occidental, pero otros crecieron cientos e incluso miles de kilómetros tierra adentro. Esto nos permite ir más allá de los puertos desde donde partían los barcos y acercarnos a los lugares donde estas personas pasaron su infancia», afirma Hannes Schroeder, y profesor de Arqueogenómica en la Universidad de Copenhague y coautor del estudio. «La violencia de la esclavización no comenzó en la costa, sino que muchas personas fueron trasladadas por la fuerza dentro de África antes de ser embarcadas. Nos recuerda que la trata fue un proceso largo y traumático, no un único acontecimiento», puntualiza.El viaje de un niñoUno de los casos «más conmovedores» es el de un hombre adulto cuyos dientes conservan el registro químico de distintos momentos de su infancia. «Al analizar dientes que se formaron a diferentes edades, vimos que pasó sus primeros años en una región y más tarde vivió cientos de kilómetros más lejos, en un entorno geológico completamente distinto. Es muy probable que ese desplazamiento coincidiera con su captura y esclavización, mucho antes de ser llevado a la costa y embarcado en un barco negrero. Sus dientes nos permiten reconstruir una parte de esa historia décadas después», señala el investigador.Las pruebas científicas pueden aportar información valiosa para conmemorar y recordar a estas personas, además de tomar decisiones sobre la posible repatricación de sus restosLos investigadores creen que las pruebas científicas pueden aportar información valiosa para que las comunidades puedan conmemorar y recordar a estas personas, además de tomar decisiones informadas sobre la posible repatricación de sus restos. «La ciencia no puede devolverles los nombres ni reparar la violencia que sufrieron -dice Schroeder-, pero sí puede recuperar fragmentos de sus historias: dónde crecieron, cómo fueron desplazados y, en algunos casos, incluso reconstruir parte de sus trayectorias vitales». MÁS INFORMACIÓN noticia Si Descubren un extraño mono con los labios naranjas en el Congo noticia Si La próxima gran tormenta solar será mucho peor de lo que se creíaPara Oelze, el análisis de isótopos estables y el análisis genético son «herramientas forenses de gran valor, tanto en las investigaciones actuales de personas desaparecidas o no identificadas como en contextos históricos.» En el caso de poblaciones históricas, «estos métodos nos ayudan a conocer quiénes eran las personas y, en particular, de dónde provenían. El origen geográfico suele ser una parte importante de la identidad, ya que está estrechamente relacionado con el idioma, las tradiciones culturales, las creencias y las formas de vida». Al identificar el origen de estas personas, «comprendemos mejor quiénes eran y las comunidades a las que pertenecían. Tampoco debemos subestimar la importancia de esta información para las comunidades descendientes». A más de 1.800 km de las costas de África, perdida en medio del Atlántico, la pequeña isla de Santa Elena es famosa por ser el lugar del exilio y muerte de Napoleón Bonaparte. Pero este remoto territorio también fue testigo de otro acontecimiento histórico, menos conocido pero de gran importancia. Entre 1840 y 1867, unos 27.000 esclavos africanos fueron liberados allí después de que la Marina Real Británica interceptara los barcos negreros, casi un centenar, en los que eran trasladados a América. Muchos llegaron después de semanas o meses hacinados en los navíos, afectados de desnutrición y enfermedades como la disentería, la viruela o el escorbuto. Casi un tercio murieron poco después de desembarcar y fueron enterrados en grandes cementerios de la isla, como el de Rupert’s Valley, sin que se conociera jamás su nombre o su procedencia. Otros, la mayoría, fueron enviados por las autoridades británicas a las colonias como trabajadores contratados. Y solo unos pocos centenares se establecieron en la isla, donde vivieron vidas humildes. Los restos de los africanos enterrados en Santa Elena fueron redescubiertos durante unas excavaciones arqueológicas realizadas entre 2007 y 2008, lo que dio lugar a una iniciativa para comprender mejor sus vidas y conmemorarlas. Pero, lamentablemente, los registros están incompletos o han desaparecido, por lo que sus descendientes apenas tienen información sobre el lugar de nacimiento de sus antepasados y las vicisitudes que pasaron hasta acabar como esclavos. Un estudio de ADN publicado en 2023 analizó restos de personas enterradas en Rupert’s Valley y concluyó que la mayoría procedía de una amplia región de África centro-occidental, entre el norte de Angola y Gabón. Ahora, un equipo de internacional de investigadores ha intentado afinar un poco más el tiro y reconstruir con mayor precisión los orígenes geográficos de estas personas con un método distinto. Para ello, han analizado las huellas de isótopos de estroncio (87Sr/86Sr) en los dientes de 152 de los individuos enterrados en Santa Elena, la mayoría hombres jóvenes y de mediana edad, pero entre los que también se encontraban 25 mujeres y 41 niños y adolescentes. «Nuestros dientes se forman solo una vez durante la infancia y la adolescencia. Durante este proceso, incorporamos la huella isotópica de estroncio del lugar donde vivimos. Por lo tanto, para los arqueólogos, los dientes sirven como un archivo biológico de la vida temprana de una persona, preservando información sobre dónde pasó su infancia y adolescencia», explica Vicky Oelze, profesora del Departamento de Antropología de la Universidad de California, Santa Cruz (EE.UU.) y coautora del estudio que este jueves publica la revista ‘Science’ »Esto permite que el análisis de isótopos de estroncio vaya un paso más allá en la reconstrucción de los orígenes de una persona, particularmente en el contexto del comercio transatlántico de esclavos, trasladados a la fuerza a través de vastas distancias geográficas. En cierto modo, pueden revelar información que va más allá de lo que el ADN antiguo por sí solo puede decirnos», continúa. Penurias y mortalidadLos resultados, combinados con el ADN antiguo y los registros históricos, muestran que los esclavos procedían de una amplia zona geográfica que se extendía desde la costa occidental de África Central, como la actual Angola o el Congo, hasta regiones mucho más alejadas del interior, como Zimbabue. Ninguno de los valores es compatible con una infancia transcurrida en la propia Santa Elena. «Nuestros datos de isótopos de estroncio confirmaron la interpretación del estudio de ADN de 2023 para muchos individuos, indicando que habían sido víctimas de trata desde regiones a lo largo de lo que hoy son las costas de Angola y Gabón. También encontramos evidencia de que algunos provenían de zonas más interiores dentro de la actual Angola», confirma Oelze.»Sin embargo, lo que resultó particularmente sorprendente fue que varios individuos presentaban firmas de isótopos de estroncio que indicaban orígenes en el sureste de África. Este fue un hallazgo completamente nuevo que no había sido revelado por los datos genéticos. Es probable que provinieran de puertos a lo largo de la costa de lo que hoy es Mozambique», indica. Antes incluso de llegar a la costa, «debieron haber soportado viajes de semanas o incluso meses, muy probablemente a pie, antes de ser obligados a embarcar en barcos de esclavos. Es difícil imaginar las penurias y la mortalidad asociadas a esos viajes. Esa fue una de las contribuciones más importantes de los datos de isótopos de estroncio: nos permitió identificar orígenes geográficos que no se podían determinar con tanta claridad solo mediante evidencia genética», subraya.«La violencia no comenzó en la costa, sino que muchas personas fueron trasladadas por la fuerza dentro de África antes de ser embarcadas. La trata fue un proceso largo y traumático» Hannes Schroeder Profesor de Arqueogenómica en la Universidad de Copenhague«Los análisis muestran que los orígenes (de los liberados en Santa Elena) fueron mucho más diversos de lo que pensábamos. Muchos procedían de regiones costeras o cercanas a la costa de África centro-occidental, pero otros crecieron cientos e incluso miles de kilómetros tierra adentro. Esto nos permite ir más allá de los puertos desde donde partían los barcos y acercarnos a los lugares donde estas personas pasaron su infancia», afirma Hannes Schroeder, y profesor de Arqueogenómica en la Universidad de Copenhague y coautor del estudio. «La violencia de la esclavización no comenzó en la costa, sino que muchas personas fueron trasladadas por la fuerza dentro de África antes de ser embarcadas. Nos recuerda que la trata fue un proceso largo y traumático, no un único acontecimiento», puntualiza.El viaje de un niñoUno de los casos «más conmovedores» es el de un hombre adulto cuyos dientes conservan el registro químico de distintos momentos de su infancia. «Al analizar dientes que se formaron a diferentes edades, vimos que pasó sus primeros años en una región y más tarde vivió cientos de kilómetros más lejos, en un entorno geológico completamente distinto. Es muy probable que ese desplazamiento coincidiera con su captura y esclavización, mucho antes de ser llevado a la costa y embarcado en un barco negrero. Sus dientes nos permiten reconstruir una parte de esa historia décadas después», señala el investigador.Las pruebas científicas pueden aportar información valiosa para conmemorar y recordar a estas personas, además de tomar decisiones sobre la posible repatricación de sus restosLos investigadores creen que las pruebas científicas pueden aportar información valiosa para que las comunidades puedan conmemorar y recordar a estas personas, además de tomar decisiones informadas sobre la posible repatricación de sus restos. «La ciencia no puede devolverles los nombres ni reparar la violencia que sufrieron -dice Schroeder-, pero sí puede recuperar fragmentos de sus historias: dónde crecieron, cómo fueron desplazados y, en algunos casos, incluso reconstruir parte de sus trayectorias vitales». MÁS INFORMACIÓN noticia Si Descubren un extraño mono con los labios naranjas en el Congo noticia Si La próxima gran tormenta solar será mucho peor de lo que se creíaPara Oelze, el análisis de isótopos estables y el análisis genético son «herramientas forenses de gran valor, tanto en las investigaciones actuales de personas desaparecidas o no identificadas como en contextos históricos.» En el caso de poblaciones históricas, «estos métodos nos ayudan a conocer quiénes eran las personas y, en particular, de dónde provenían. El origen geográfico suele ser una parte importante de la identidad, ya que está estrechamente relacionado con el idioma, las tradiciones culturales, las creencias y las formas de vida». Al identificar el origen de estas personas, «comprendemos mejor quiénes eran y las comunidades a las que pertenecían. Tampoco debemos subestimar la importancia de esta información para las comunidades descendientes».  

A más de 1.800 km de las costas de África, perdida en medio del Atlántico, la pequeña isla de Santa Elena es famosa por ser el lugar del exilio y muerte de Napoleón Bonaparte. Pero este remoto territorio también fue testigo de otro acontecimiento … histórico, menos conocido pero de gran importancia. Entre 1840 y 1867, unos 27.000 esclavos africanos fueron liberados allí después de que la Marina Real Británica interceptara los barcos negreros, casi un centenar, en los que eran trasladados a América. Muchos llegaron después de semanas o meses hacinados en los navíos, afectados de desnutrición y enfermedades como la disentería, la viruela o el escorbuto. Casi un tercio murieron poco después de desembarcar y fueron enterrados en grandes cementerios de la isla, como el de Rupert’s Valley, sin que se conociera jamás su nombre o su procedencia. Otros, la mayoría, fueron enviados por las autoridades británicas a las colonias como trabajadores contratados. Y solo unos pocos centenares se establecieron en la isla, donde vivieron vidas humildes.

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