Uno de los gestos más repetidos cada mañana al levantarse de la cama y lavarse la cara es mirarse a los ojos en el espejo del baño y determinar cómo el rostro manifiesta o no cansancio, y observar el estado del pelo y acicalarlo para verse mejor. Se trata de un ‘ritual’ que se repite , además, en numerosas ocasiones a lo largo del día: antes de salir de casa, en el espejo del ascensor, cuando volvemos a ir al baño en la oficina, en el reflejo del cristal de un escaparate… El estado del cabello constituye una de las partes del cuerpo en las que más se fija uno mismo y que más condiciona… hasta el propio estado de ánimo. Al menos así lo asegura e l I Observatorio Iraltone de Salud Capilar -realizado por Cantabria Labs tras preguntar a 1.500 personas-, y que apunta que el 50% de los encuestados considera que el pelo les influye en cómo se ven y se sienten cada día.No cabe duda de que la caída del cabello sigue asociándose con frecuencia a una cuestión de imagen, pero sus implicaciones van mucho más allá de lo estético . Detrás de la pérdida capilar puede haber causas médicas que requieren un diagnóstico adecuado y, en muchos casos, un impacto psicológico capaz de alterar la autoestima, las relaciones sociales y la vida cotidiana. Esta es una de las principales conclusiones de la investigación de Cantabria Labs. La experiencia, sin embargo, no es igual para hombres que para mujeres.En ellas, la pérdida de densidad puede presentarse de forma difusa y pasar inadvertida como alopecia. El 50% relaciona la salud capilar con los cambios hormonales y el 60% con el estrés, pero solo el 29% reconoce antecedentes familiares. Esta situación también tiene un impacto emocional: el 40% teme que empeore y una de cada diez evita fotos o situaciones sociales por su pelo.En los hombres, el 55% reconoce antecedentes familiares ante la caída de su pelo. Sin embargo, el 61% cree que la pérdida masculina se normaliza demasiado, el 55% admite que le cuesta diferenciar un cosmético, un complemento alimenticio y un tratamiento médico, y el 46% nunca ha utilizado una opción específica para la caída.El estudio concreta, entre otros datos, que la pérdida de cabello impacta mucho, hasta un 27% de las mujeres, frente al 15% de los hombres. El estado de ánimo es mucho peor en ellas (23%) que en ellos (12%), así como la valoración de su autoimagen que es peor en mujeres (29%) que en hombres (16%).Impacto emocionalSegún reconoció Concha Hidalgo , psicóloga especializada con más de 20 años de experiencia en el impacto emocional de los cambios de imagen, «la caída del pelo en la mujer es mucho más difícil de asumir, puede resultar incluso traumática por el hecho de estar menos normalizada en ellas que en los hombres socialmente. No cabe duda de que el cabello forma parte de la imagen con la que nos reconocemos y nos presentamos ante los demás, de ahí su importancia. Por eso, cuando cambia o se pierde, el impacto no es superficial y puede afectar a la seguridad personal, a la forma de relacionarnos y a situaciones cotidianas como hacerse una foto. Dar espacio a esta preocupación y abordarla sin minimizarla es también una forma de cuidar el bienestar emocional».Explica que hay señales de alerta de atención excesiva «como revisar constantemente el cepillo, la almohada, la ducha, mirarse al espejo para comprobar si la raya del pelo se ensancha o si una zona tiene menos densidad… El problema se agudiza cuando hay mujeres que dejan de acudir a lugares, encuentros o fiestas porque hay demasiada luz, espejos en el techo o se van a realizar muchas fotos… Una de cada diez mujeres se aísla socialmente y deja de acudir a eventos por esta inseguridad que les genera su cabello». Motivos de los que no preocuparseSergio Vañó , director de la Unidad de Tricología del Hospital Universitario Ramón y Cajal y presidente de la European Hair Research Society (EHRS) , explicó que evolutivamente hay una época del año, como es el otoño, en el que se desprenden entre 50 y 100 folículos, pero vuelven a aparece. «Es decir, no hay que preocuparse por la caída del cabello en esta época. Yo le digo a mis pacientes que ocurre como con las uñas, si crecen más rápido no se van a quedar sin ‘la fábrica de hacer uñas’; pues con el pelo, igual. En otoño se cae más el pelo y es por una cuestión fisiológica , pero no genera ningún problema y es frecuente que ocurra. Lo suelen notar mucho más las mujeres que tienen el pelo largo y muy grueso porque observan más fácilmente esa pérdida en el volumen de la coleta y puede resultarles muy llamativo, pero es un proceso fisiológico -insistió- y no hace falta hacer nada desde el punto de vista de médico. Si lo desean, pueden hacer algún tratamiento cosmético, pero sólo para su tranquilidad». «El estrés influye mucho para esos picos de caída crónica o intermitente del pelo pero, en general, esta pérdida tiene un pronóstico muy bueno»Añadió que cuando una mujer tiene alopecia y hay una pérdida de densidad capilar, que ocurre cuando se clarea el cuero cabelludo, no acuden a consulta con una bola de pelo en la mano diciendo que se les ha caído en la almohada, lo que aprecian es que se les ve cada vez más el cuero cabelludo. «El estrés -puntualizó- puede causar efluvio telógeno , que es la caída acelerada del pelo, pero eso no va a hacer que se queden sin pelo, porque si ‘su fábrica’ funciona bien va a volver a regenerarse el cabello. Entonces, el estrés influye mucho para esos picos de caída crónica o intermitente del pelo, pero, en general, esta pérdida tiene un pronóstico muy bueno»Concha Hidalgo quiso añadir que el estrés es una mala gestión de la agenda. «Si tenemos ocho horas laborales y tenemos 10 tareas a realizar en esas ocho horas, o nos faltan dos horas o nos sobran dos tareas. Es decir, lo que favorece el estrés es que vayamos siempre corriendo detrás del tiempo y esa sensación de aceleración no va a favorecer ni el cuidado del cabello , ni ningún otro aspecto. Lo ideal es preocuparse de tener una buena planificación de la agenda».«La caída capilar no responde a una única causa ni se manifiesta de la misma manera en todas las personas. Hay que identificar el patrón»Claudia Bernárdez , dermatóloga experta en tricología y fundadora de la Clínica AB Derma , recalcó, no obstante, que el estrés afecta de forma indirecta al pelo de muchas formas. «Comemos peor, dormimos menos, nos inflamamos… Se trata de un asunto que preocupa mucho a la gente y, aunque no va a suponer un problema a la larga, la clave es dar herramientas adecuadas y, por eso, cada vez más derivamos a los pacientes a los psicólogos cuando vemos que les condiciona mucho su vida y no son capaces de superarlo por sí solos». No obstante, incidió en que «la caída capilar no responde a una única causa ni se manifiesta de la misma manera en todas las personas. Por ello, identificar el patrón, la evolución y las circunstancias de cada caso es esencial para orientar adecuadamente el abordaje y evitar soluciones generalistas que pueden no responder a las necesidades reales del paciente».Pese a las declaraciones de estos expertos, Juan José Andrés Lencina , dermatólogo y director médico de Cantabria Labs, destacó durante la presentación del Observatorio que un tercio de los encuestados no sabe identificar cuándo la caída del cabello requiere una consulta médica . Esta incertidumbre alcanza al 41% de los hombres y al 58% de las mujeres.La importancia de prevenirLa prevención parece ser otra de las asignaturas pendientes . Aunque el 74% de los participantes considera importante prevenir los problemas capilares, solo el 19% afirma hacerlo. Para Andrés Lencina, esta diferencia refleja una contradicción entre lo que la población considera importante y lo que finalmente lleva a la práctica. Además, únicamente el 23% cree que es posible prevenir o retrasar el envejecimiento capilar.El estudio también revela que muchas personas restan importancia a un problema que, sin embargo, les preocupa y afecta a su vida cotidiana. Entre los motivos para no buscar ayuda figuran la preferencia por gestionar el problema por cuenta propia y la vergüenza , mientras que las dificultades de acceso y los tiempos de espera aparecen en tercer lugar. «Decimos que no nos preocupa, pero igual nos estamos mintiendo a nosotros mismos», señaló Andrés Lencina al resumir una de las principales conclusiones del observatorio. Según explicó, el impacto de los problemas capilares va más allá de la propia imagen y alcanza « la salud , el gasto, el estado de ánimo y la calidad de vida».Añadió que los encuestados señalan que la falta de asesoramiento también repercute en los tratamientos. Hasta un 40% de los encuestados no utiliza ningún producto para abordar sus problemas capilares. «Quienes sí recurren a ellos -matizó- suelen optar por champús, lociones y otros cosméticos, pero con frecuencia abandonan su uso por las dudas sobre su eficacia, la lentitud de los resultados, el precio o la dificultad para incorporarlos a sus rutinas. Según los datos presentados, solo un 15% de quienes inician un tratamiento lo mantiene sin interrupciones».Infradiagnóstico de patologíasA esta situación se suma el posible infradiagnóstico de las patologías capilares. El 60% de los participantes afirma no tener un diagnóstico de su problema. Andrés Lencina apuntó que algunos de los porcentajes declarados de alopecia no parecen corresponderse con la prevalencia esperable en función de la edad y el sexo, lo que sugiere que parte de la población podría desconocer la causa de su pérdida de cabello.Pese a estas dificultades, «el observatorio identifica una vía clara para mejorar la atención: los profesionales sanitarios -aseguró Lencina-. Dermatología y farmacia figuran entre las principales referencias cuando se busca ayuda, y la farmacia es el primer lugar de compra de productos capilares. Un dato que refuerza la necesidad de abordar la caída del cabello como una cuestión de salud y de facilitar información rigurosa sobre sus causas, diagnóstico y tratamiento».MÁS INFORMACIÓN noticia Si Cómo tomar el magnesio para que tu cuerpo lo absorba noticia Si Isabel Viña, médico de salud hormonal: «No sólo hay que ganar músculo, la clave está en no perder el que ya tienes» noticia Si Marta Marcé, nutricionista: «En menopausia, la suplementación no sirve de nada si no tienes buenos hábitos»Como conclusión, el director médico de Cantabria Labs puntualizó que existe una brecha entre la preocupación que genera la caída del cabello y la respuesta que se le da. «Aunque muchas personas no la consideran un problema suficientemente importante, sus consecuencias pueden afectar al bienestar emocional, la autoestima y la calidad de vida . Mejorar la prevención, favorecer la consulta médica y promover tratamientos respaldados por el asesoramiento profesional son, por tanto, pasos fundamentales para cerrar esa brecha ». Uno de los gestos más repetidos cada mañana al levantarse de la cama y lavarse la cara es mirarse a los ojos en el espejo del baño y determinar cómo el rostro manifiesta o no cansancio, y observar el estado del pelo y acicalarlo para verse mejor. Se trata de un ‘ritual’ que se repite , además, en numerosas ocasiones a lo largo del día: antes de salir de casa, en el espejo del ascensor, cuando volvemos a ir al baño en la oficina, en el reflejo del cristal de un escaparate… El estado del cabello constituye una de las partes del cuerpo en las que más se fija uno mismo y que más condiciona… hasta el propio estado de ánimo. Al menos así lo asegura e l I Observatorio Iraltone de Salud Capilar -realizado por Cantabria Labs tras preguntar a 1.500 personas-, y que apunta que el 50% de los encuestados considera que el pelo les influye en cómo se ven y se sienten cada día.No cabe duda de que la caída del cabello sigue asociándose con frecuencia a una cuestión de imagen, pero sus implicaciones van mucho más allá de lo estético . Detrás de la pérdida capilar puede haber causas médicas que requieren un diagnóstico adecuado y, en muchos casos, un impacto psicológico capaz de alterar la autoestima, las relaciones sociales y la vida cotidiana. Esta es una de las principales conclusiones de la investigación de Cantabria Labs. La experiencia, sin embargo, no es igual para hombres que para mujeres.En ellas, la pérdida de densidad puede presentarse de forma difusa y pasar inadvertida como alopecia. El 50% relaciona la salud capilar con los cambios hormonales y el 60% con el estrés, pero solo el 29% reconoce antecedentes familiares. Esta situación también tiene un impacto emocional: el 40% teme que empeore y una de cada diez evita fotos o situaciones sociales por su pelo.En los hombres, el 55% reconoce antecedentes familiares ante la caída de su pelo. Sin embargo, el 61% cree que la pérdida masculina se normaliza demasiado, el 55% admite que le cuesta diferenciar un cosmético, un complemento alimenticio y un tratamiento médico, y el 46% nunca ha utilizado una opción específica para la caída.El estudio concreta, entre otros datos, que la pérdida de cabello impacta mucho, hasta un 27% de las mujeres, frente al 15% de los hombres. El estado de ánimo es mucho peor en ellas (23%) que en ellos (12%), así como la valoración de su autoimagen que es peor en mujeres (29%) que en hombres (16%).Impacto emocionalSegún reconoció Concha Hidalgo , psicóloga especializada con más de 20 años de experiencia en el impacto emocional de los cambios de imagen, «la caída del pelo en la mujer es mucho más difícil de asumir, puede resultar incluso traumática por el hecho de estar menos normalizada en ellas que en los hombres socialmente. No cabe duda de que el cabello forma parte de la imagen con la que nos reconocemos y nos presentamos ante los demás, de ahí su importancia. Por eso, cuando cambia o se pierde, el impacto no es superficial y puede afectar a la seguridad personal, a la forma de relacionarnos y a situaciones cotidianas como hacerse una foto. Dar espacio a esta preocupación y abordarla sin minimizarla es también una forma de cuidar el bienestar emocional».Explica que hay señales de alerta de atención excesiva «como revisar constantemente el cepillo, la almohada, la ducha, mirarse al espejo para comprobar si la raya del pelo se ensancha o si una zona tiene menos densidad… El problema se agudiza cuando hay mujeres que dejan de acudir a lugares, encuentros o fiestas porque hay demasiada luz, espejos en el techo o se van a realizar muchas fotos… Una de cada diez mujeres se aísla socialmente y deja de acudir a eventos por esta inseguridad que les genera su cabello». Motivos de los que no preocuparseSergio Vañó , director de la Unidad de Tricología del Hospital Universitario Ramón y Cajal y presidente de la European Hair Research Society (EHRS) , explicó que evolutivamente hay una época del año, como es el otoño, en el que se desprenden entre 50 y 100 folículos, pero vuelven a aparece. «Es decir, no hay que preocuparse por la caída del cabello en esta época. Yo le digo a mis pacientes que ocurre como con las uñas, si crecen más rápido no se van a quedar sin ‘la fábrica de hacer uñas’; pues con el pelo, igual. En otoño se cae más el pelo y es por una cuestión fisiológica , pero no genera ningún problema y es frecuente que ocurra. Lo suelen notar mucho más las mujeres que tienen el pelo largo y muy grueso porque observan más fácilmente esa pérdida en el volumen de la coleta y puede resultarles muy llamativo, pero es un proceso fisiológico -insistió- y no hace falta hacer nada desde el punto de vista de médico. Si lo desean, pueden hacer algún tratamiento cosmético, pero sólo para su tranquilidad». «El estrés influye mucho para esos picos de caída crónica o intermitente del pelo pero, en general, esta pérdida tiene un pronóstico muy bueno»Añadió que cuando una mujer tiene alopecia y hay una pérdida de densidad capilar, que ocurre cuando se clarea el cuero cabelludo, no acuden a consulta con una bola de pelo en la mano diciendo que se les ha caído en la almohada, lo que aprecian es que se les ve cada vez más el cuero cabelludo. «El estrés -puntualizó- puede causar efluvio telógeno , que es la caída acelerada del pelo, pero eso no va a hacer que se queden sin pelo, porque si ‘su fábrica’ funciona bien va a volver a regenerarse el cabello. Entonces, el estrés influye mucho para esos picos de caída crónica o intermitente del pelo, pero, en general, esta pérdida tiene un pronóstico muy bueno»Concha Hidalgo quiso añadir que el estrés es una mala gestión de la agenda. «Si tenemos ocho horas laborales y tenemos 10 tareas a realizar en esas ocho horas, o nos faltan dos horas o nos sobran dos tareas. Es decir, lo que favorece el estrés es que vayamos siempre corriendo detrás del tiempo y esa sensación de aceleración no va a favorecer ni el cuidado del cabello , ni ningún otro aspecto. Lo ideal es preocuparse de tener una buena planificación de la agenda».«La caída capilar no responde a una única causa ni se manifiesta de la misma manera en todas las personas. Hay que identificar el patrón»Claudia Bernárdez , dermatóloga experta en tricología y fundadora de la Clínica AB Derma , recalcó, no obstante, que el estrés afecta de forma indirecta al pelo de muchas formas. «Comemos peor, dormimos menos, nos inflamamos… Se trata de un asunto que preocupa mucho a la gente y, aunque no va a suponer un problema a la larga, la clave es dar herramientas adecuadas y, por eso, cada vez más derivamos a los pacientes a los psicólogos cuando vemos que les condiciona mucho su vida y no son capaces de superarlo por sí solos». No obstante, incidió en que «la caída capilar no responde a una única causa ni se manifiesta de la misma manera en todas las personas. Por ello, identificar el patrón, la evolución y las circunstancias de cada caso es esencial para orientar adecuadamente el abordaje y evitar soluciones generalistas que pueden no responder a las necesidades reales del paciente».Pese a las declaraciones de estos expertos, Juan José Andrés Lencina , dermatólogo y director médico de Cantabria Labs, destacó durante la presentación del Observatorio que un tercio de los encuestados no sabe identificar cuándo la caída del cabello requiere una consulta médica . Esta incertidumbre alcanza al 41% de los hombres y al 58% de las mujeres.La importancia de prevenirLa prevención parece ser otra de las asignaturas pendientes . Aunque el 74% de los participantes considera importante prevenir los problemas capilares, solo el 19% afirma hacerlo. Para Andrés Lencina, esta diferencia refleja una contradicción entre lo que la población considera importante y lo que finalmente lleva a la práctica. Además, únicamente el 23% cree que es posible prevenir o retrasar el envejecimiento capilar.El estudio también revela que muchas personas restan importancia a un problema que, sin embargo, les preocupa y afecta a su vida cotidiana. Entre los motivos para no buscar ayuda figuran la preferencia por gestionar el problema por cuenta propia y la vergüenza , mientras que las dificultades de acceso y los tiempos de espera aparecen en tercer lugar. «Decimos que no nos preocupa, pero igual nos estamos mintiendo a nosotros mismos», señaló Andrés Lencina al resumir una de las principales conclusiones del observatorio. Según explicó, el impacto de los problemas capilares va más allá de la propia imagen y alcanza « la salud , el gasto, el estado de ánimo y la calidad de vida».Añadió que los encuestados señalan que la falta de asesoramiento también repercute en los tratamientos. Hasta un 40% de los encuestados no utiliza ningún producto para abordar sus problemas capilares. «Quienes sí recurren a ellos -matizó- suelen optar por champús, lociones y otros cosméticos, pero con frecuencia abandonan su uso por las dudas sobre su eficacia, la lentitud de los resultados, el precio o la dificultad para incorporarlos a sus rutinas. Según los datos presentados, solo un 15% de quienes inician un tratamiento lo mantiene sin interrupciones».Infradiagnóstico de patologíasA esta situación se suma el posible infradiagnóstico de las patologías capilares. El 60% de los participantes afirma no tener un diagnóstico de su problema. Andrés Lencina apuntó que algunos de los porcentajes declarados de alopecia no parecen corresponderse con la prevalencia esperable en función de la edad y el sexo, lo que sugiere que parte de la población podría desconocer la causa de su pérdida de cabello.Pese a estas dificultades, «el observatorio identifica una vía clara para mejorar la atención: los profesionales sanitarios -aseguró Lencina-. Dermatología y farmacia figuran entre las principales referencias cuando se busca ayuda, y la farmacia es el primer lugar de compra de productos capilares. Un dato que refuerza la necesidad de abordar la caída del cabello como una cuestión de salud y de facilitar información rigurosa sobre sus causas, diagnóstico y tratamiento».MÁS INFORMACIÓN noticia Si Cómo tomar el magnesio para que tu cuerpo lo absorba noticia Si Isabel Viña, médico de salud hormonal: «No sólo hay que ganar músculo, la clave está en no perder el que ya tienes» noticia Si Marta Marcé, nutricionista: «En menopausia, la suplementación no sirve de nada si no tienes buenos hábitos»Como conclusión, el director médico de Cantabria Labs puntualizó que existe una brecha entre la preocupación que genera la caída del cabello y la respuesta que se le da. «Aunque muchas personas no la consideran un problema suficientemente importante, sus consecuencias pueden afectar al bienestar emocional, la autoestima y la calidad de vida . Mejorar la prevención, favorecer la consulta médica y promover tratamientos respaldados por el asesoramiento profesional son, por tanto, pasos fundamentales para cerrar esa brecha ».
Uno de los gestos más repetidos cada mañana al levantarse de la cama y lavarse la cara es mirarse a los ojos en el espejo del baño y determinar cómo el rostro manifiesta o no cansancio, y observar el estado del pelo y acicalarlo para … verse mejor. Se trata de un ‘ritual’ que se repite, además, en numerosas ocasiones a lo largo del día: antes de salir de casa, en el espejo del ascensor, cuando volvemos a ir al baño en la oficina, en el reflejo del cristal de un escaparate…
El estado del cabello constituye una de las partes del cuerpo en las que más se fija uno mismo y que más condiciona… hasta el propio estado de ánimo. Al menos así lo asegura el I Observatorio Iraltone de Salud Capilar -realizado por Cantabria Labs tras preguntar a 1.500 personas-, y que apunta que el 50% de los encuestados considera que el pelo les influye en cómo se ven y se sienten cada día.
No cabe duda de que la caída del cabello sigue asociándose con frecuencia a una cuestión de imagen, pero sus implicaciones van mucho más allá de lo estético. Detrás de la pérdida capilar puede haber causas médicas que requieren un diagnóstico adecuado y, en muchos casos, un impacto psicológico capaz de alterar la autoestima, las relaciones sociales y la vida cotidiana. Esta es una de las principales conclusiones de la investigación de Cantabria Labs. La experiencia, sin embargo, no es igual para hombres que para mujeres.
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En ellas, la pérdida de densidad puede presentarse de forma difusa y pasar inadvertida como alopecia. El 50% relaciona la salud capilar con los cambios hormonales y el 60% con el estrés, pero solo el 29% reconoce antecedentes familiares. Esta situación también tiene un impacto emocional: el 40% teme que empeore y una de cada diez evita fotos o situaciones sociales por su pelo.
En los hombres, el 55% reconoce antecedentes familiares ante la caída de su pelo. Sin embargo, el 61% cree que la pérdida masculina se normaliza demasiado, el 55% admite que le cuesta diferenciar un cosmético, un complemento alimenticio y un tratamiento médico, y el 46% nunca ha utilizado una opción específica para la caída.
El estudio concreta, entre otros datos, que la pérdida de cabello impacta mucho, hasta un 27% de las mujeres, frente al 15% de los hombres. El estado de ánimo es mucho peor en ellas (23%) que en ellos (12%), así como la valoración de su autoimagen que es peor en mujeres (29%) que en hombres (16%).
Impacto emocional
Según reconoció Concha Hidalgo, psicóloga especializada con más de 20 años de experiencia en el impacto emocional de los cambios de imagen, «la caída del pelo en la mujer es mucho más difícil de asumir, puede resultar incluso traumática por el hecho de estar menos normalizada en ellas que en los hombres socialmente. No cabe duda de que el cabello forma parte de la imagen con la que nos reconocemos y nos presentamos ante los demás, de ahí su importancia. Por eso, cuando cambia o se pierde, el impacto no es superficial y puede afectar a la seguridad personal, a la forma de relacionarnos y a situaciones cotidianas como hacerse una foto. Dar espacio a esta preocupación y abordarla sin minimizarla es también una forma de cuidar el bienestar emocional».
Explica que hay señales de alerta de atención excesiva «como revisar constantemente el cepillo, la almohada, la ducha, mirarse al espejo para comprobar si la raya del pelo se ensancha o si una zona tiene menos densidad… El problema se agudiza cuando hay mujeres que dejan de acudir a lugares, encuentros o fiestas porque hay demasiada luz, espejos en el techo o se van a realizar muchas fotos… Una de cada diez mujeres se aísla socialmente y deja de acudir a eventos por esta inseguridad que les genera su cabello».
Motivos de los que no preocuparse
Sergio Vañó, director de la Unidad de Tricología del Hospital Universitario Ramón y Cajal y presidente de la European Hair Research Society (EHRS), explicó que evolutivamente hay una época del año, como es el otoño, en el que se desprenden entre 50 y 100 folículos, pero vuelven a aparece. «Es decir, no hay que preocuparse por la caída del cabello en esta época. Yo le digo a mis pacientes que ocurre como con las uñas, si crecen más rápido no se van a quedar sin ‘la fábrica de hacer uñas’; pues con el pelo, igual. En otoño se cae más el pelo y es por una cuestión fisiológica, pero no genera ningún problema y es frecuente que ocurra. Lo suelen notar mucho más las mujeres que tienen el pelo largo y muy grueso porque observan más fácilmente esa pérdida en el volumen de la coleta y puede resultarles muy llamativo, pero es un proceso fisiológico -insistió- y no hace falta hacer nada desde el punto de vista de médico. Si lo desean, pueden hacer algún tratamiento cosmético, pero sólo para su tranquilidad».
«El estrés influye mucho para esos picos de caída crónica o intermitente del pelo pero, en general, esta pérdida tiene un pronóstico muy bueno»
Añadió que cuando una mujer tiene alopecia y hay una pérdida de densidad capilar, que ocurre cuando se clarea el cuero cabelludo, no acuden a consulta con una bola de pelo en la mano diciendo que se les ha caído en la almohada, lo que aprecian es que se les ve cada vez más el cuero cabelludo. «El estrés -puntualizó- puede causar efluvio telógeno, que es la caída acelerada del pelo, pero eso no va a hacer que se queden sin pelo, porque si ‘su fábrica’ funciona bien va a volver a regenerarse el cabello. Entonces, el estrés influye mucho para esos picos de caída crónica o intermitente del pelo, pero, en general, esta pérdida tiene un pronóstico muy bueno»
Concha Hidalgo quiso añadir que el estrés es una mala gestión de la agenda. «Si tenemos ocho horas laborales y tenemos 10 tareas a realizar en esas ocho horas, o nos faltan dos horas o nos sobran dos tareas. Es decir, lo que favorece el estrés es que vayamos siempre corriendo detrás del tiempo y esa sensación de aceleración no va a favorecer ni el cuidado del cabello, ni ningún otro aspecto. Lo ideal es preocuparse de tener una buena planificación de la agenda».
«La caída capilar no responde a una única causa ni se manifiesta de la misma manera en todas las personas. Hay que identificar el patrón»
Claudia Bernárdez, dermatóloga experta en tricología y fundadora de la Clínica AB Derma, recalcó, no obstante, que el estrés afecta de forma indirecta al pelo de muchas formas. «Comemos peor, dormimos menos, nos inflamamos… Se trata de un asunto que preocupa mucho a la gente y, aunque no va a suponer un problema a la larga, la clave es dar herramientas adecuadas y, por eso, cada vez más derivamos a los pacientes a los psicólogos cuando vemos que les condiciona mucho su vida y no son capaces de superarlo por sí solos». No obstante, incidió en que «la caída capilar no responde a una única causa ni se manifiesta de la misma manera en todas las personas. Por ello, identificar el patrón, la evolución y las circunstancias de cada caso es esencial para orientar adecuadamente el abordaje y evitar soluciones generalistas que pueden no responder a las necesidades reales del paciente».
Pese a las declaraciones de estos expertos, Juan José Andrés Lencina, dermatólogo y director médico de Cantabria Labs, destacó durante la presentación del Observatorio que un tercio de los encuestados no sabe identificar cuándo la caída del cabello requiere una consulta médica. Esta incertidumbre alcanza al 41% de los hombres y al 58% de las mujeres.
La importancia de prevenir
La prevención parece ser otra de las asignaturas pendientes. Aunque el 74% de los participantes considera importante prevenir los problemas capilares, solo el 19% afirma hacerlo. Para Andrés Lencina, esta diferencia refleja una contradicción entre lo que la población considera importante y lo que finalmente lleva a la práctica. Además, únicamente el 23% cree que es posible prevenir o retrasar el envejecimiento capilar.
El estudio también revela que muchas personas restan importancia a un problema que, sin embargo, les preocupa y afecta a su vida cotidiana. Entre los motivos para no buscar ayuda figuran la preferencia por gestionar el problema por cuenta propia y la vergüenza, mientras que las dificultades de acceso y los tiempos de espera aparecen en tercer lugar. «Decimos que no nos preocupa, pero igual nos estamos mintiendo a nosotros mismos», señaló Andrés Lencina al resumir una de las principales conclusiones del observatorio. Según explicó, el impacto de los problemas capilares va más allá de la propia imagen y alcanza «la salud, el gasto, el estado de ánimo y la calidad de vida».
Añadió que los encuestados señalan que la falta de asesoramiento también repercute en los tratamientos. Hasta un 40% de los encuestados no utiliza ningún producto para abordar sus problemas capilares. «Quienes sí recurren a ellos -matizó- suelen optar por champús, lociones y otros cosméticos, pero con frecuencia abandonan su uso por las dudas sobre su eficacia, la lentitud de los resultados, el precio o la dificultad para incorporarlos a sus rutinas. Según los datos presentados, solo un 15% de quienes inician un tratamiento lo mantiene sin interrupciones».
Infradiagnóstico de patologías
A esta situación se suma el posible infradiagnóstico de las patologías capilares. El 60% de los participantes afirma no tener un diagnóstico de su problema. Andrés Lencina apuntó que algunos de los porcentajes declarados de alopecia no parecen corresponderse con la prevalencia esperable en función de la edad y el sexo, lo que sugiere que parte de la población podría desconocer la causa de su pérdida de cabello.
Pese a estas dificultades, «el observatorio identifica una vía clara para mejorar la atención: los profesionales sanitarios -aseguró Lencina-. Dermatología y farmacia figuran entre las principales referencias cuando se busca ayuda, y la farmacia es el primer lugar de compra de productos capilares. Un dato que refuerza la necesidad de abordar la caída del cabello como una cuestión de salud y de facilitar información rigurosa sobre sus causas, diagnóstico y tratamiento».
Como conclusión, el director médico de Cantabria Labs puntualizó que existe una brecha entre la preocupación que genera la caída del cabello y la respuesta que se le da. «Aunque muchas personas no la consideran un problema suficientemente importante, sus consecuencias pueden afectar al bienestar emocional, la autoestima y la calidad de vida. Mejorar la prevención, favorecer la consulta médica y promover tratamientos respaldados por el asesoramiento profesional son, por tanto, pasos fundamentales para cerrar esa brecha».
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