Anoche, en el anfiteatro de Montjuïc se celebró el acto central del medio siglo de vida del Grec Festival de Barcelona, que empezó en 1976 como un grito de libertad de las artes escénicas. Medio año después de morir Franco pero con todas las estructuras dictatoriales intactas, un grupo de apasionados por el teatro montaron el primer festival autogestionado, en un espacio escénico que, de rebote, se recuperaba para la ciudadanía: el teatro griego de Montjuïc.
En el anfiteatro de Montjuïc se celebró el acto central del medio siglo de vida del festival
Anoche, en el anfiteatro de Montjuïc se celebró el acto central del medio siglo de vida del Grec Festival de Barcelona, que empezó en 1976 como un grito de libertad de las artes escénicas. Medio año después de morir Franco pero con todas las estructuras dictatoriales intactas, un grupo de apasionados por el teatro montaron el primer festival autogestionado, en un espacio escénico que, de rebote, se recuperaba para la ciudadanía: el teatro griego de Montjuïc.
Concebido como servicio público, la Assemblea d’Actors i Directors de Barcelona programó cuatro espectáculos. Mario Gas, Jaume Nadal, Josep Maria Loperena, Josep Torrents, Ricard Salvat y Carlos Lucena son algunos de los nombres de aquel primer Grec, además de Lluís Pasqual, Carles Maicas y Rosa Maria Sardà. La autogestión duró dos años y en 1978 el festival no se celebró. En 1979, el primer Ayuntamiento democrático de Barcelona asumió la gestión.
Este medio siglo de vida pedía una edición especial y por ello la directora actual, Leticia Martín, ha optado por una serie de iniciativas, como el archivo digitalizado, que estará terminado a finales del 2026. Como dice Anabel de la Paz, la experta en documentación, se trata de “documentar lo efímero”. Una segunda iniciativa es el “ Espejo histórico”, encontrar referencias de cada una de las obras programadas este año en una de las obras que se han hecho a lo largo de los 50 años (véase el recuadro). Y la tercera se concentró en la velada de esta noche en el anfiteatro, anunciada “en tres movimientos”. El primero fue una conversación con Mario Gas.
Unas horas antes, el actor y director habló con La Vanguardia. “Percibo una diferencia: en 1976 la sociedad se estaba haciendo a sí misma, saliendo de una larga noche dictatorial y enfocando una democracia que aún no se sabía cómo sería, y creo que por el camino se han perdido muchas colectividades. Hoy, el “divide y vencerás” está a la orden del día. En los tiempos de la máxima comunicación, de redes sociales y de rapidez, resulta que no podemos debatir las cuestiones colectivas y el futuro de la propia profesión”.

“Este país no tiene problemas de talento, pero sí de estructura del mapa teatral y de estructuras laborales –continúa Gas–. Aquel Grec unió a la profesión, que aumentó y se consolidó, con un teatro con un discurso más ideológico y con unos soportes estéticos más adelantados. Y ahora está todo muy estratificado y en manos de la burocratización”. A pesar de eso, puntualiza: “También creo que hay cosas en que hemos ganado porque tenemos instituciones democráticas que garantizan que una serie de cosas puedan funcionar, teatros públicos, empresas privadas, festivales… pero siempre se podría mejorar la estratificación”. Gas se muestra agradecido por la invitación del Grec a participar en el acto de ayer, sin entrar en detalles: “Si no han contado conmigo de otro modo es que habrán pensado libremente que no era el momento”.
“Este país no tiene problemas de talento, pero sí de estructura del mapa teatral”, apunta Mario Gas
El segundo movimiento se compuso de cuatro miradas a la historia del festival, a través de cuatro cortometrajes, con el lema “Ante lo efímero, lo perdurable”. El primero, La veu i les pedres, de Núria Giménez Lorang, usa material de archivo para homenajear el festival y los agentes de la creación artística, con la fascinación por los personajes de ficción.
A través del personaje de una bailarina, como lo era la directora Sílvia Munt entonces, la película Grec 76 rinde homenaje a la manifestación de la Assemblea d’Actors i Directors de Barcelona de 1976, acto fundacional y reivindicación de un teatro al servicio del pueblo. Jaume Claret Muxart firma Somni d’hivern d’una nit d’estiu, que reflexiona sobre la transmisión de una vocación entre generaciones, con una compañía que ensaya una tarde de invierno en el Grec una obra que hará en verano, y el hijo de 8 años de la directora se lo mira, inconsciente de la semilla que fructificará.
Finalmente, Ora pro nobis, òs de mos òssos es la propuesta de Marc Salicrú, que parte de unos versos de Mossèn Cinto dedicados a Montjuïc, y que presenta el teatro como ritual colectivo, inspirándose en la pedrera que sirve de telón de fondo del escenario.
Al cierre de esta edición, coincidiendo con el final del día más cálido registrado en Barcelona en 112 años, empezaba el tercer acto de esta celebración con baile en la rosaleda Amargós, a cargo de unos artistas multidisciplinares que han hecho disfrutar al público en el escenario y ayer lo hicieron pinchando: DJ Losinformalls. Y a pesar del bochorno, los cuerpos bailaron y celebraron la libertad del teatro.
Cultura
