El Gobierno de Singapur lanza su propia aplicación de citas para emparejar a sus funcionarios

El Gobierno de Singapur quiere ayudar a sus ciudadanos a encontrar pareja: el miércoles lanzó FirstDate, una página de citas diseñada para emparejar a solteros y solteras entre 21 y 35 años. El programa está en la fase piloto y se limita, por ahora, a los empleados públicos. El servicio de búsqueda se basa en el algoritmo de Gale-Shapley, conocido informalmente como el algoritmo de “matrimonio estable”, que ameritó a sus creadores el premio Nobel de Economía en 2012. Desde la década de 1950, se utiliza por el servicio público de salud de Estados Unidos para juntar a médicos residentes con hospitales.

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 El servicio de búsqueda, en fase piloto, se basa en el conocido como algoritmo de “matrimonio estable”, cuyos creadores ganaron el Nobel de Economía en 2012  

El Gobierno de Singapur quiere ayudar a sus ciudadanos a encontrar pareja: el miércoles lanzó FirstDate, una página de citas diseñada para emparejar a solteros y solteras entre 21 y 35 años. El programa está en la fase piloto y se limita, por ahora, a los empleados públicos. El servicio de búsqueda se basa en el algoritmo de Gale-Shapley, conocido informalmente como el algoritmo de “matrimonio estable”, que ameritó a sus creadores el premio Nobel de Economía en 2012. Desde la década de 1950, se utiliza por el servicio público de salud de Estados Unidos para juntar a médicos residentes con hospitales.

Su funcionamiento se basa en listas de preferencias elaboradas por los participantes, que se comparan con las de los demás. Se considera un éxito cuando no hay dos participantes que preferirían estar el uno con el otro y no con la pareja a la que han sido asignados.

La medida surge mientras el país lidia con la tasa de natalidad de 0,85 hijos por mujer, su mínimo histórico en el registro del Departamento de Estadísticas y uno de los más bajos en todo el mundo, según cifras de la ONU. Según un estudio realizado por el Gobierno en 2024, los singapurenses entre 21 y 34 años eran más propensos a sentir soledad que otros grupos de edad. El 53% aseguró que le resultaba más fácil hablar con otras personas online que cara a cara.

Los ciudadanos que quieran participar deben completar un cuestionario de 33 preguntas sobre sus hábitos, valores y preferencias, que van de prioridades o líneas rojas en una pareja a cómo se relaja cada uno tras un día de trabajo.

Después, el algoritmo ofrece un solo match, que los participantes pueden aceptar o rechazar en 72 horas. Si uno de los dos se niega, el ciclo se repite. Si los participantes acceden y tienen una primera cita, el servicio sugiere una actividad que, según la página web, ayudará a que ambos se conozcan mejor.

Desde el Gobierno no han corroborado que la iniciativa esté diseñada para incentivar la natalidad: “Como es un programa piloto, no tenemos más información que compartir”, contesta a esta pregunta GovTech, la agencia encargada del desarrollo de la aplicación. En la página web, aseguran que el programa surge de una duda de sus empleados: “¿Tener más matches hace que sea más fácil encontrar una pareja estable?“.

Los límites impuestos buscan “terminar con la fatiga de deslizar” a través de perfiles interminables, según la página de FirstDate. Por eso solo ofrecen una opción a la vez y sólo se puede acceder a través de Sigipass, el sistema digital de identificación del país, para que no haya perfiles falsos.

Otras aplicaciones de citas, como la estadounidense Hinge, también utilizan el algoritmo de Gale-Shapley, pero lo combinan con otros tipos de algoritmos y añaden barreras de pago para que aparezcan más perfiles encontrados a través de este sistema.

Kenneth Tan, sociólogo especializado en relaciones personales y algoritmos de la Universidad de Administración de Singapur, se muestra “cautelosamente optimista”. “Si existe confianza en el gobierno, reducir las barreras para conocer a alguien, dentro de un entorno seguro, es algo razonable de intentar”, afirma por correo electrónico. La medida puede atraer “a personas que les resulta agotador revisar múltiples perfiles y gestionar varias conversaciones a la vez”, apunta.

Además, indica qué “sin ánimo de lucro, los incentivos del Gobierno no pasan por retener a los usuarios en la plataforma”, es decir, resuelve la contradicción de las aplicaciones de citas de empresas privadas: no ganan dinero si sus usuarios se enamoran y borran la aplicación.

Teo Kai Xiang, el periodista de Singapur que ha hecho público el cuestionario de FirstDate, lo ve con otros ojos. Considera que el cuestionario del Gobierno de su país, publicado en su boletín Singapore Samizdat, “acrecienta el sentimiento transaccional de las relaciones en Singapur”. “Para la pregunta ¿por qué buscas pareja?, no puedes contestar con: ‘por amor’“, se queja Teo. Los usuarios pueden elegir entre apoyo emocional y compañía, formar una familia, presión por las expectativas sociales o una relación práctica basada en las finanzas y en responsabilidades compartidas. Tampoco hay opción, según explica Teo, para elegir a personas de tu propio sexo, lo que excluye a la población LGTBiQ+.

En Tokio, Japón, llevan con un sistema similar desde 2024. La aplicación, impulsada también desde el Gobierno pero abierta a toda la ciudadanía, se llama Tokio Enmusubi, cuesta alrededor de 60 euros por dos años (11.000 yenes japoneses) y se la atribuye haber juntado a 835 parejas de larga duración.

No es la primera vez que el Gobierno de Singapur intenta mediar por los solteros de su país. En 1984 inauguró el Social Development Unit, que organizaba encuentros de té, fiestas, clases de bailes, cruceros a las Maldivas (entre otro destinos) y actividades de deporte. A esto se le añadían cursos de cortejo y de desarrollo personal. También había un parte, con menos peso en el programa, centrada en programas de computación.

El organismo dejó de actuar directamente como cupido en 2006, centrándose entonces en certificar a servicios privados de búsqueda de citas. Según sus cifras, entre 1984 y 2006 se casaron más de 42.000 solteros a través de actividades promovidas por la organización, yendo de 6 en el primer año a 4.050 en 2003. Pero el cómputo global de matrimonios en el país se redujo.

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