El Atleti y el sueño de un loco: ya sólo quedan cuatro

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Si odian mucho a alguien, pónganle a escribir desde la grada en un partido vital de su equipo. Si no llego al final de esta columna, digan a mis hijos que los quise.

El Barça y su famoso entorno se pasaron la semana quejándose por cualquier cosa. ¿Les culpo? No, yo habría hecho lo mismo, pero, curiosamente, pasaron por alto el fallo más influyente para la vuelta: la tarjeta inventada a Pubill que le impidió jugar y colocó a Lenglet en el campo. Ese sí fue un error de valor gol. O goles. A los 4 minutos, el francés había resucitado al Barça. Y a los 24, 0-2. Drama. Tragedia. Pupismo…

Y una mierda, con perdón.

Hablemos de Simeone. El Cholo no está bien. Desde Milán, cuyo desenlace nunca se ha perdonado, vive con el convencimiento, obsesivo y seguramente irracional de que va a ganar la Champions con el Atleti. El equipo puede llevar años titubeando, pero nunca se ha sacado esa idea de la cabeza. Y de algún modo ha hecho creer a la plantilla. Se pueden discutir cosas del argentino, pero no su liderazgo. Es de otro mundo.

Con 0-2 y los fantasmas de otra era amenazando con resucitar, el Atleti siguió el sueño loco de su jefe. Ganará o no la Champions, pero ya sólo quedan cuatro equipos.

Mientras, al Barça se le diluyeron los humos en el carácter ajeno. Sucede en ese vestuario algo muy de grupito de instituto. A la sombra del realmente guay, un Lamine que se comporta mucho mejor de lo que se vende, se vienen arriba una serie de chiquillos que viven de él. Fermín pase, porque es realmente bueno, pero es un misterio de dónde les viene los aires de grandeza a Gavi o Eric García, que sin Yamal serian notas al pie. Por cierto, el miedo en el estadio cada vez que el extremo cogía la bola no se veía desde Messi. Ojalá llegué el Mundial para ir a muerte con él. Es un milagro.

Pero este fue el día de otros y, por emocionante que fuera ver a Koke y Griezmann liderar una última carga a por el trofeo maldito, hay que elogiar a secundarios. A un Llorente, que no lo es tanto, pero a menudo se infravalora; a Ruggeri, el Maldini sin planchar; a Musso, el héroe inesperado; a LeNormand… Y al Cholo, claro, que está loco. Quedan tres partidos. Tres.

Sobreviví a la columna. Al llegar a casa les diré a mis hijos que les quiero. Más o menos, como al Atleti.

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