Los años ochenta cambiaron el panorama del automóvil europeo, con la llegada de los pequeños GTI del segmento B. Hasta entonces, las altas prestaciones estaban reservadas a coupés, berlinas deportivas o modelos de gran cilindrada. Una nueva generación de utilitarios demostró que era posible ofrecer sensaciones de deportivo en un coche de cuatro metros, asequible y apto para uso diario.
Por su considerable potencia e imagen diferenciada, estos diablos del asfalto eran modelos deseados por los clientes más jóvenes
Los años ochenta cambiaron el panorama del automóvil europeo, con la llegada de los pequeños GTI del segmento B. Hasta entonces, las altas prestaciones estaban reservadas a coupés, berlinas deportivas o modelos de gran cilindrada. Una nueva generación de utilitarios demostró que era posible ofrecer sensaciones de deportivo en un coche de cuatro metros, asequible y apto para uso diario.
Su éxito respondió a una combinación de factores. La generalización de la inyección electrónica permitió extraer potencias superiores a los 100 CV de motores de entre 1,3 y 1,9 litros, manteniendo consumos razonables. Otro factor fundamental fue su ligereza: muchos apenas superaban los 850 o 900 kg, logrando una extraordinaria relación peso-potencia.
Simbolizan un concepto ya desaparecido de coches pequeños, ligeros, asequibles y capaces de ofrecer grandes emociones al volante
Europa vivía una etapa de crecimiento y los jóvenes conductores aspiraban a tener un coche deportivo sin asumir el coste de un gran coupé. Los GTI eran un elemento de identidad personal y ofrecían grandes prestaciones por un precio relativamente contenido.
Además, eran coches que se identificaban con la competición, en una época donde la conexión entre deporte y producto era más evidente que en la actualidad. Ofrecían una experiencia de conducción pura, ya que carecían de controles electrónicos y transmitían al conductor una sensación de conexión directa con la carretera, exigiendo elevada habilidad al conductor.
Cuatro décadas después, aquellos GTI siguen despertando admiración entre aficionados y coleccionistas: representan una época irrepetible de la industria del automóvil y simbolizan un concepto ya desaparecido de coches pequeños, ligeros, asequibles y capaces de ofrecer grandes emociones al volante.
1. Citroën AX Sport (1987)

Representó desde 1987 una interpretación muy francesa del concepto GTI. En lugar de recurrir a la inyección electrónica, apostó por un motor 1.3 de doble carburador Weber con 95 CV y un peso inferior a los 750 kilos, lo que le proporcionaba unas prestaciones sorprendentes. Su suspensión firme, la dirección rápida y un comportamiento muy ágil lo convirtieron en un coche exigente pero tremendamente divertido. Comercializado en España entre 1987 y 1991, fue un auténtico purasangre pensado para los conductores más apasionados.
2. Citroën Visa GTI (1985)

Llegó al mercado español para demostrar que el peculiar utilitario francés también podía ser un deportivo de referencia. Equipado con un motor 1.6 de inyección de 105 CV, ofrecía unas prestaciones muy competitivas gracias a un peso contenido y un excelente comportamiento dinámico. Aunque su estética nunca alcanzó la popularidad de algunos rivales, destacaba por su eficacia en carreteras reviradas y un confort superior al habitual en la categoría. Permaneció a la venta hasta 1988, cuando el AX tomó el relevo como deportivo compacto de Citroën.
3. Fiat Uno Turbo i.e. (1985)

El italiano fue uno de los primeros utilitarios en combinar un motor turboalimentado con la inyección electrónica. Su propulsor 1.3 con potencia de 105 CV, posteriormente sustituido por un 1.4 de 118 CV, ofrecía unas aceleraciones propias de vehículos de categorías superiores. Ligero, rápido y con un marcado carácter explosivo cuando entraba el turbo, conquistó a los aficionados que buscaban sensaciones fuertes. Su estética deportiva, con paragolpes específicos y llantas de aleación, reforzaba una personalidad que hoy sigue siendo muy recordada.
4. Ford fiesta XR2 (1984)

Fue uno de los pioneros entre los pequeños deportivos europeos. La segunda generación, comercializada en España desde 1984, incorporó un motor 1.6 con potencia de 96 CV que, unido a su reducido peso, ofrecía unas prestaciones más que brillantes para la época. Destacaba por su comportamiento noble, una dirección precisa y una imagen inconfundible gracias a los grandes faros auxiliares, los pasos de rueda ensanchados y las llantas específicas. Permaneció en el mercado hasta 1989, convirtiéndose en uno de los utilitarios deportivos más populares de la década.
5. Lancia Y10 Turbo (1986)

Fue, sin duda, una de las propuestas más originales del segmento. Comercializado en España hasta 1989, combinaba el refinamiento propio de los Lancia con unas prestaciones muy sorprendentes. Bajo su elegante carrocería de apenas 3,40 m escondía un motor 1.0 turbo de 85 CV que, gracias a un peso inferior a los 800 kilos, ofrecía una conducción muy vivaz. Su cuidado acabado interior, el abundante equipamiento y el característico portón trasero negro lo diferenciaban de sus rivales, convirtiéndolo en un pequeño GT de lujo más que en un GTI convencional.
6. Opel Corsa GSi (1988)

Este deportivo elevó el nivel del pequeño utilitario alemán gracias a un motor 1.6 de inyección con potencia de 100 CV. Su equilibrio entre prestaciones, estabilidad y facilidad de conducción lo convirtió en uno de los GTI más completos de finales de los años ochenta. Exteriormente destacaba por los paragolpes envolventes, las llantas de aleación y el discreto alerón posterior, mientras que el interior incorporaba asientos deportivos y un completo cuadro de instrumentos. Permaneció en producción hasta comienzos de la década de los noventa.
7. Peugeot 205 GTI (1985)

Considerado por muchos como el mejor GTI del segmento B, debutó con un motor 1.6 de 105 CV, luego aumentado a 115 CV. En 1987 apareció la versión 1.9 de 130 CV para convertirse en un icono del automovilismo deportivo. Su reducido peso, la precisión de su dirección y un tren trasero especialmente ágil hicieron de él un coche muy rápido, emocionante y eficaz en carreteras reviradas. Destacado protagonista en rallys, permaneció a la venta hasta principios de los noventa, hubo una versión cabrio -205 CTI- y es uno de los clásicos más cotizados de su generación.
8. Peugeot 205 Rally (1989)

El popular 205 Rallye nació con una filosofía distinta a la de su hermano mayor, el GTI. Peugeot eliminó todo lo superfluo -elevalunas eléctricos, cierre centralizado o aislamiento acústico- para ofrecer la máxima ligereza. Su motor 1.3 de doble carburador desarrollaba 103 CV y, combinado con un peso inferior a los 800 kilos, proporcionaba unas sensaciones excepcionales. Inspirado en la competición, destacaba por su decoración específica con los colores de Peugeot Talbot Sport y por una conducción pura que hoy lo convierte en una de las versiones más apreciadas del 205.
9. Renault 5 GT Turbo (1985)

Este “pura sangre” de Renault se convirtió en uno de los deportivos más deseados de los años ochenta. Utilizaba un motor 1.4 turbo con potencia de 115 CV que, en una segunda evolución, alcanzó los 120 CV. Su respuesta explosiva, unida a un peso muy contenido, le permitía acelerar al nivel de deportivos de mayor categoría. Su imagen agresiva, con paragolpes específicos, llantas de aleación y tomas de aire, reforzaba un carácter que enamoró a toda una generación de clientes deportivos. Hoy continúa siendo uno de los iconos indiscutibles de la época.
10. Seat Ibiza SXi (1988)

Fue la respuesta española al fenómeno GTI. La firma de Martorell recurrió a un motor System Porsche de 1,5 litros con inyección electrónica Bosch y potencia de 100 CV, ofreciendo unas prestaciones muy competitivas. Su comportamiento equilibrado, unido a un diseño firmado por Giorgetto Giugiaro, lo convirtió en uno de los modelos más atractivos de la gama Ibiza. Además de una estética específica con llantas, spoilers y detalles deportivos, representó un importante salto tecnológico para Seat antes de la llegada de la marca a la órbita del Grupo Volkswagen.
11. Suzuki Swift GTI (1987)

Por su discreción, fue uno de los grandes tapados del segmento. Llegó al mercado español equipado con un moderno motor 1.3 de 16 válvulas y doble árbol de levas que desarrollaba una potencia de 101 CV, una cifra extraordinaria para su cilindrada. Gracias a un peso de apenas 740 kilos ofrecía unas prestaciones sobresalientes y una gran agilidad en carretera. Su fiabilidad mecánica, un cambio preciso y un comportamiento muy equilibrado hicieron de él uno de los deportivos compactos más eficaces de la época, aunque no alcanzó la popularidad de sus rivales europeos.
12 .Volkswagen Polo G40 (1988)

Este Volkswagen supuso una alternativa muy distinta dentro del segmento de los GTI pequeños. En el apartado mecánico, se desmarcaba de sus rivales con un exclusivo compresor volumétrico, logrando extraer 115 CV de un motor de 1,3 litros. El resultado era una entrega de potencia inmediata y unas prestaciones comparables a las de modelos de mayor cilindrada. Su estética era relativamente discreta, fiel a la tradición de VW, aunque escondía un chasis muy eficaz y un comportamiento sólido. Su producción fue limitada, convirtiéndose en un coche buscado por los coleccionistas.
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