Durante más de dos décadas, David Barrufet fue mucho más que el guardián de la portería del FC Barcelona de balonmano: fue un símbolo de regularidad, compromiso y excelencia competitiva. Formado en el club y fiel a sus colores durante toda su carrera, construyó un palmarés extraordinario que lo sitúa entre los grandes referentes del deporte español.
Este referente del balonmano español está ejerciendo de director deportivo del Dinamo de Bucarest, a donde viaja constantemente en avión desde Barcelona
Durante más de dos décadas, David Barrufet fue mucho más que el guardián de la portería del FC Barcelona de balonmano: fue un símbolo de regularidad, compromiso y excelencia competitiva. Formado en el club y fiel a sus colores durante toda su carrera, construyó un palmarés extraordinario que lo sitúa entre los grandes referentes del deporte español.
Los números así lo demuestran: 71 títulos con el Barça, entre los que destacan 7 Copas de Europa, 2 Recopas de Europa, 1 Copa EHF, 5 Supercopas de Europa, 11 Ligas y 10 Copas del Rey. Con la selección española, la cosecha también resulta imponente: dos bronces olímpicos, un título mundial y cuatro medallas europeas. Está considerado uno de los mejores porteros de la historia. De hecho, fue designado mejor portero del mundo en las temporadas 2000-01 y 2001-02 por la Federación Internacional de Balonmano.
Barrufet está considerado uno de los mejores porteros de la historia y así lo demuestra su palmarés con el FC Barcelona y la selección española
Tras su retirada, lejos de desconectarse, dio el salto a los despachos, donde ha seguido vinculado al alto rendimiento, primero en el Barça y después en proyectos internacionales. Desde el año 2022, ejerce de director deportivo del Dinamo de Bucarest, cargo que le obliga a vivir a caballo entre Teià y la capital rumana.
Acostumbrado a enlazar trayectos —diarios, europeos, emocionales—, Barrufet ha desarrollado una relación muy particular con la movilidad. Para él, el coche no es solo un medio de transporte, sino un espacio de transición mental; los viajes, una fuente constante de aprendizaje; y las ciudades, escenarios que también se leen desde la experiencia acumulada de miles de kilómetros. Su trayectoria, en el fondo, también se explica así: en movimiento.

Después de tantos años entrando y saliendo del Palau, ¿el trayecto también forma parte de la carrera deportiva?
Sí, totalmente. El trayecto es fundamental. Han sido muchas horas de coche para ir a entrenar, para volver… sobre todo cuando ya vivía en Teià. Antes estaba en Horta y también tenía bastante ronda, pero los últimos años ya eran desplazamientos más largos. Y eso significa muchas caravanas, mucho tiempo en el coche. Pero al final te acostumbras. Con la radio, con tranquilidad, el tiempo pasa rápido y lo integras como parte de tu día a día. Es como un entrenamiento más, aunque no lo parezca.
¿Ese tiempo al volante lo vivías como rutina o le encontrabas otro sentido?
Intentaba sacarle provecho siempre. Sabes que tienes ese tiempo sí o sí, así que lo aprovechas. Escuchaba la radio para estar al día, música para desconectar o incluso podcasts para aprender cosas, como mejorar el inglés. No era solo conducir, era un rato que podías utilizar para algo más. Al final, en una carrera tan larga, esos pequeños hábitos también suman.
He pasado muchas horas en el coche para ir a entrenar, para volver… sobre todo cuando ya vivía en Teià
Como portero, acostumbrado a observarlo todo desde la pista, ¿también observas la ciudad de otra manera cuando conduces?
Sí, inevitablemente. Pasas muchas horas en el coche, sobre todo en las entradas a Barcelona o en las rondas, y te haces preguntas. Piensas en qué se podría mejorar, en por qué pasan ciertas cosas. A veces imaginas soluciones, aunque luego eres consciente de que hay expertos en movilidad que saben mucho más y que todo está estudiado. Pero cuando estás cada día diez minutos parado en el mismo sitio, piensas: “si esto fuera diferente, quizá avanzaría más rápido”. Son reflexiones que te salen solas.
En una carrera tan larga como la tuya, ¿cómo se miden los kilómetros mentales?
Son muchísimos, pero lo curioso es que pasan muy rápido. Cuando haces algo que te gusta desde pequeño, todo se te hace corto, parece que son 100 metros. Yo me retiré hace ya 16 años y tengo la sensación de que fue ayer. Es como si toda la carrera hubiera sido un trayecto muy corto, como ir a la gasolinera y volver. Aunque en realidad haya sido una maratón.

¿El coche era solo una herramienta o también tenía un valor emocional?
Para mí era de todo un poco. Evidentemente es una herramienta logística, porque sin él no llegas a entrenar ni a los partidos. Pero también era un refugio. Recuerdo mucho los trayectos después de los partidos en casa, del Palau a casa. Ese rato me servía para analizar lo que había pasado, para calmarme, para digerir el resultado. Así podía llegar a casa más tranquilo, estar con los niños sin esa tensión o ese enfado que te queda cuando pierdes. Era un espacio muy necesario.
¿Hasta qué punto los desplazamientos influyen en el rendimiento de un deportista?
Muchísimo. El desplazamiento está muy ligado al descanso, y el descanso es parte del entrenamiento. Siempre intentas llegar el día antes al partido para dormir bien, para estar preparado. Si el viaje falla, si hay retrasos o problemas, eso te afecta. Puedes llegar a perder un partido por no haber descansado bien debido a un mal desplazamiento. Es un factor más importante de lo que parece.
Puedes llegar a perder un partido por no haber descansado bien debido a un mal desplazamiento
¿Recuerdas algún viaje especialmente complicado o caótico?
Sí, uno muy claro. Volvíamos de jugar en Bielorrusia, creo, y viajábamos en un avión ruso muy grande pero muy antiguo. En medio del vuelo vimos al piloto salir con una llave inglesa y bajar hacia la bodega… y ahí nos asustamos un poco. Al final tuvimos que aterrizar en Alemania, que no tocaba, y estuvimos allí cinco o seis horas esperando mientras arreglaban el avión. Nos dejaron bajar y estuvimos jugando a fútbol cerca de la pista. Luego vimos que las ruedas estaban bastante desgastadas… fue una experiencia curiosa, por decirlo de alguna manera.
Has vivido el paso de jugador a directivo. ¿Cambia también la manera de moverse por la vida?
Cambia sobre todo la función. Como jugador entrenas una vez al día y tienes más tiempo para ti. Como directivo son más horas de trabajo, más reuniones, más responsabilidad. Pero al final, si te gusta, lo haces con ganas. Eso no cambia.

¿Y el tiempo de reacción?
Eso sí cambia mucho. En la portería todo es inmediato, cuestión de décimas de segundo. Te lanzan un balón a más de 100 km/h y tienes que reaccionar al instante. En cambio, en los despachos las decisiones son meditadas, trabajadas, analizadas durante mucho tiempo. Puedes estar meses valorando un fichaje, viendo vídeos, hablando con gente… es otro ritmo completamente distinto.
Has visto evolucionar Barcelona durante todos estos años. ¿Cómo valoras su movilidad actual?
Ha cambiado muchísimo. Creo que se ha trabajado bien para peatones y bicicletas, la ciudad es más placentera en ese sentido. Pero si se quiere reducir el uso del coche, el transporte público tiene que funcionar mejor. Desde mi punto de vista, se está intentando que el coche tenga menos protagonismo, pero eso requiere alternativas realmente eficaces.
Pero si se quiere reducir el uso del coche, el transporte público tiene que funcionar mejor
También trabajas en Bucarest. ¿Qué diferencias encuentras allí?
Sobre todo el tráfico. Es mucho peor que aquí, brutal. Puedes tardar muchísimo en trayectos relativamente cortos. Hay transporte público, metro, tranvía, pero no funcionan especialmente bien. Por eso mucha gente usa Uber. Es una ciudad bonita, pero el tráfico es, sin duda, su peor punto.
Ahora están construyendo más autopistas en el país, pero, en la carretera general, ellos utilizan cuatro carriles, dos de ida y dos de vuelta, en lugar de los dos carriles que usamos aquí.
Viajas constantemente entre Barcelona y Bucarest. ¿Cómo gestionas esos desplazamientos?
Intento optimizarlos lo máximo posible. Hay varios vuelos al día, lo cual ayuda mucho. Suelo coger el primero de la mañana para llegar a mediodía o el último de la noche para evitar tráfico. Luego, el trayecto del aeropuerto a casa puede variar mucho según la hora. Son pequeños detalles, pero marcan la diferencia.

Entre un atasco y una final europea, ¿qué te ha enseñado más sobre paciencia?
Un atasco, sin duda. En una final puedes hacer cosas, intervenir, influir, aportar tu solución. En un atasco no tienes ningún control. Estás parado sin entender muy bien por qué, y eso desespera más.
¿Dirías que los deportistas viven acelerados o solo se adaptan al ritmo que les impone el calendario?
Se adaptan al calendario, que cada vez es más exigente. Lo que sí es muy rápida es la carrera deportiva. Te retiras, con mucha suerte, con 36 o 37 años y te queda mucha vida por delante. Eso sí que pasa muy deprisa.
En un atasco estás parado sin entender muy bien por qué, y eso me desespera más
¿Hay alguna ruta que tenga un significado especial para ti?
Sí, la de llevar a mis hijos al colegio en Teià. Es una ruta que recuerdo con mucho cariño. A veces todavía la hacemos paseando con mi mujer y recordamos esos momentos. Son pequeños trayectos que se quedan contigo.
Mirando atrás, ¿tu vida ha sido más de trayectos o de paradas?
De muchos trayectos, sin duda. Y por suerte, todos han ido muy bien.
Si tu trayectoria fuera un mapa de movilidad, ¿sería más bien una línea recta, una red o un trayecto lleno de desviaciones inesperadas?
Diría que una línea recta. Tanto en el Barça, mi único club, como en la selección siempre he tenido las ideas muy claras sobre qué quería hacer, cómo lo quería hacer y cuándo lo quería hacer. Ha habido alguna curva, alguna decisión que tomar, pero en general ha sido un camino bastante definido.
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