Dan Buettner, experto en longevidad. «Sigo argumentando que una copa o dos de vino al día son buenas para la mayoría de la gente»

La longevidad se juega en las decisiones cotidianas: cómo comemos, nos movemos, dormimos y nos relacionamos. La humanidad lleva más de un siglo desafiando las barreras de nuestra permanencia en la Tierra. Y no deja de aumentar. De hecho cada vez es más común soplar cien o más velas en la tarta de cumpleaños. Así lo dicen los números del Instituto Nacional de Estadística, que refleja que casi 20.000 personas llegan a ser centenarios en España. Muchos de ellos mantienen la costumbre de acompañar sus comidas con una copita de vino, hábito arraigado en la cultura mediterránea que, según expertos, puede ser compatible con una dieta equilibrada siempre y cuando sea con moderación. Recuerdan los especialistas además que el consumo responsable sigue siendo clave para aprovechar posibles beneficios cardiovasculares sin asumir riesgos para la salud en edades avanzadas según estudios recientes en población europea. No obstante, si no bebe ahora no tiene por qué empezar.«Más del 90% de los mayores de 90 años beben vino a diario»En este contexto se ha pronunciado el experto en longevidad Dan Buettner, quien vuelve a situar al vino tinto como posible aliado de la esperanza de vida, una idea que contrasta con las advertencias actuales de la comunidad científica. En uno de sus últimos vídeos, el investigador asegura que «una o dos copas al día pueden contribuir a vivir más».El divulgador, conocido por identificar las llamadas zonas azules, ha estudiado durante décadas poblaciones longevas en Cerdeña, Okinawa, Loma Linda, Icaria y Nicoya. Según explica, en todas ellas el vino tinto forma parte habitual de la dieta, especialmente en contextos sociales y durante las comidas. «Más del 90% de los mayores de 90 años beben vino a diario», afirma.Sus declaraciones chocan con estudios recientes como el publicado en JAMA Network Open, liderado por la Universidad Autónoma de Madrid, que vincula cualquier consumo de alcohol con mayor riesgo de cáncer en edades avanzadas. La OMS también insiste en que no existe una cantidad segura.Buettner cuestiona estos análisis y argumenta que no distinguen entre vino y otras bebidas, ya que también incluyen cerveza o cócteles mezclados con otros tipos de bebidas azucaradas. Aun así, reconoce que el alcohol puede elevar el riesgo oncológico, aunque sostiene que reduce la mortalidad cardiovascular y global. Su recomendación: vino de calidad y en dosis muy moderadas.Beber en compañía puede reforzar vínculos, mientras que el consumo en solitario se asocia a peores resultadosEn España, donde el vino acompaña muchas comidas, otros expertos apuntan al papel social. Manuel J. Castillo, catedrático de Fisiología Médica y presidente de la Sociedad Española de Medicina Antienvejecimiento y Longevidad (SEMAL), señala que un consumo moderado de vino o cerveza puede asociarse a menor mortalidad en personas sanas, en parte porque favorece la interacción social.En la misma línea, Marcos Vázquez, creador del popular blog de Fitness Revolucionario, subraya que el contexto es clave: beber en compañía puede reforzar vínculos, mientras que el consumo en solitario se asocia a peores resultados.Buettner insiste en que el vino no debe entenderse de forma aislada, sino dentro de un estilo de vida que incluye dieta mediterránea, actividad física y relaciones sociales. «Si no bebe ahora, no empiece», advierte, «pero si disfruta de una copa diaria, probablemente mejora su calidad de vida».Para el experto, el vino tinto tradicional, consumido con comida y en entornos culturales y con amigos, incluso podría potenciar la ingesta de antioxidantes. Esta visión enlaza con la dieta mediterránea clásica, donde aceite, pan y vino constituían la base alimentaria. «El contexto importa, y sigo argumentando que una copa o dos de vino al día son buenas para la mayoría de la gente», indica el divulgador estadounidenseEl debate, por tanto, sigue abierto entre quienes priorizan el riesgo cero y quienes valoran el equilibrio entre hábitos, placer y salud a largo plazo. A falta de consenso, la clave está siempre en la moderación y el contexto. La longevidad se juega en las decisiones cotidianas: cómo comemos, nos movemos, dormimos y nos relacionamos. La humanidad lleva más de un siglo desafiando las barreras de nuestra permanencia en la Tierra. Y no deja de aumentar. De hecho cada vez es más común soplar cien o más velas en la tarta de cumpleaños. Así lo dicen los números del Instituto Nacional de Estadística, que refleja que casi 20.000 personas llegan a ser centenarios en España. Muchos de ellos mantienen la costumbre de acompañar sus comidas con una copita de vino, hábito arraigado en la cultura mediterránea que, según expertos, puede ser compatible con una dieta equilibrada siempre y cuando sea con moderación. Recuerdan los especialistas además que el consumo responsable sigue siendo clave para aprovechar posibles beneficios cardiovasculares sin asumir riesgos para la salud en edades avanzadas según estudios recientes en población europea. No obstante, si no bebe ahora no tiene por qué empezar.«Más del 90% de los mayores de 90 años beben vino a diario»En este contexto se ha pronunciado el experto en longevidad Dan Buettner, quien vuelve a situar al vino tinto como posible aliado de la esperanza de vida, una idea que contrasta con las advertencias actuales de la comunidad científica. En uno de sus últimos vídeos, el investigador asegura que «una o dos copas al día pueden contribuir a vivir más».El divulgador, conocido por identificar las llamadas zonas azules, ha estudiado durante décadas poblaciones longevas en Cerdeña, Okinawa, Loma Linda, Icaria y Nicoya. Según explica, en todas ellas el vino tinto forma parte habitual de la dieta, especialmente en contextos sociales y durante las comidas. «Más del 90% de los mayores de 90 años beben vino a diario», afirma.Sus declaraciones chocan con estudios recientes como el publicado en JAMA Network Open, liderado por la Universidad Autónoma de Madrid, que vincula cualquier consumo de alcohol con mayor riesgo de cáncer en edades avanzadas. La OMS también insiste en que no existe una cantidad segura.Buettner cuestiona estos análisis y argumenta que no distinguen entre vino y otras bebidas, ya que también incluyen cerveza o cócteles mezclados con otros tipos de bebidas azucaradas. Aun así, reconoce que el alcohol puede elevar el riesgo oncológico, aunque sostiene que reduce la mortalidad cardiovascular y global. Su recomendación: vino de calidad y en dosis muy moderadas.Beber en compañía puede reforzar vínculos, mientras que el consumo en solitario se asocia a peores resultadosEn España, donde el vino acompaña muchas comidas, otros expertos apuntan al papel social. Manuel J. Castillo, catedrático de Fisiología Médica y presidente de la Sociedad Española de Medicina Antienvejecimiento y Longevidad (SEMAL), señala que un consumo moderado de vino o cerveza puede asociarse a menor mortalidad en personas sanas, en parte porque favorece la interacción social.En la misma línea, Marcos Vázquez, creador del popular blog de Fitness Revolucionario, subraya que el contexto es clave: beber en compañía puede reforzar vínculos, mientras que el consumo en solitario se asocia a peores resultados.Buettner insiste en que el vino no debe entenderse de forma aislada, sino dentro de un estilo de vida que incluye dieta mediterránea, actividad física y relaciones sociales. «Si no bebe ahora, no empiece», advierte, «pero si disfruta de una copa diaria, probablemente mejora su calidad de vida».Para el experto, el vino tinto tradicional, consumido con comida y en entornos culturales y con amigos, incluso podría potenciar la ingesta de antioxidantes. Esta visión enlaza con la dieta mediterránea clásica, donde aceite, pan y vino constituían la base alimentaria. «El contexto importa, y sigo argumentando que una copa o dos de vino al día son buenas para la mayoría de la gente», indica el divulgador estadounidenseEl debate, por tanto, sigue abierto entre quienes priorizan el riesgo cero y quienes valoran el equilibrio entre hábitos, placer y salud a largo plazo. A falta de consenso, la clave está siempre en la moderación y el contexto.  

Isaac Asenjo

La longevidad se juega en las decisiones cotidianas: cómo comemos, nos movemos, dormimos y nos relacionamos. La humanidad lleva más de un siglo desafiando las barreras de nuestra permanencia en la Tierra. Y no deja de aumentar. De hecho cada vez es más común soplar cien o más velas en la tarta de cumpleaños.

Así lo dicen los números del Instituto Nacional de Estadística, que refleja que casi 20.000 personas llegan a ser centenarios en España. Muchos de ellos mantienen la costumbre de acompañar sus comidas con una copita de vino, hábito arraigado en la cultura mediterránea que, según expertos, puede ser compatible con una dieta equilibrada siempre y cuando sea con moderación.

Recuerdan los especialistas además que el consumo responsable sigue siendo clave para aprovechar posibles beneficios cardiovasculares sin asumir riesgos para la salud en edades avanzadas según estudios recientes en población europea. No obstante, si no bebe ahora no tiene por qué empezar.

«Más del 90% de los mayores de 90 años beben vino a diario»

En este contexto se ha pronunciado el experto en longevidad Dan Buettner, quien vuelve a situar al vino tinto como posible aliado de la esperanza de vida, una idea que contrasta con las advertencias actuales de la comunidad científica. En uno de sus últimos vídeos, el investigador asegura que «una o dos copas al día pueden contribuir a vivir más».

El divulgador, conocido por identificar las llamadas zonas azules, ha estudiado durante décadas poblaciones longevas en Cerdeña, Okinawa, Loma Linda, Icaria y Nicoya. Según explica, en todas ellas el vino tinto forma parte habitual de la dieta, especialmente en contextos sociales y durante las comidas. «Más del 90% de los mayores de 90 años beben vino a diario», afirma.

Sus declaraciones chocan con estudios recientes como el publicado en JAMA Network Open, liderado por la Universidad Autónoma de Madrid, que vincula cualquier consumo de alcohol con mayor riesgo de cáncer en edades avanzadas. La OMS también insiste en que no existe una cantidad segura.

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Buettner cuestiona estos análisis y argumenta que no distinguen entre vino y otras bebidas, ya que también incluyen cerveza o cócteles mezclados con otros tipos de bebidas azucaradas. Aun así, reconoce que el alcohol puede elevar el riesgo oncológico, aunque sostiene que reduce la mortalidad cardiovascular y global. Su recomendación: vino de calidad y en dosis muy moderadas.

Beber en compañía puede reforzar vínculos, mientras que el consumo en solitario se asocia a peores resultados

En España, donde el vino acompaña muchas comidas, otros expertos apuntan al papel social. Manuel J. Castillo, catedrático de Fisiología Médica y presidente de la Sociedad Española de Medicina Antienvejecimiento y Longevidad (SEMAL), señala que un consumo moderado de vino o cerveza puede asociarse a menor mortalidad en personas sanas, en parte porque favorece la interacción social.

En la misma línea, Marcos Vázquez, creador del popular blog de Fitness Revolucionario, subraya que el contexto es clave: beber en compañía puede reforzar vínculos, mientras que el consumo en solitario se asocia a peores resultados.

Buettner insiste en que el vino no debe entenderse de forma aislada, sino dentro de un estilo de vida que incluye dieta mediterránea, actividad física y relaciones sociales. «Si no bebe ahora, no empiece», advierte, «pero si disfruta de una copa diaria, probablemente mejora su calidad de vida».

Para el experto, el vino tinto tradicional, consumido con comida y en entornos culturales y con amigos, incluso podría potenciar la ingesta de antioxidantes. Esta visión enlaza con la dieta mediterránea clásica, donde aceite, pan y vino constituían la base alimentaria. «El contexto importa, y sigo argumentando que una copa o dos de vino al día son buenas para la mayoría de la gente», indica el divulgador estadounidense

El debate, por tanto, sigue abierto entre quienes priorizan el riesgo cero y quienes valoran el equilibrio entre hábitos, placer y salud a largo plazo. A falta de consenso, la clave está siempre en la moderación y el contexto.

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