Astrónomos españoles detectan azúcar en el espacio

Cada vez resulta más frecuente descubrir complejas moléculas orgánicas flotando en la inmensidad del cosmos. Más de 340 tipos diferentes, en efecto, se han identificado ya ‘ahí arriba’, aunque los azúcares de tres o más átomos de carbono nunca han estado entre ellas. Es cierto que los científicos ya habían logrado hallar azúcares elementales ‘a bordo’ de antiguos meteoritos e incluso en asteroides como Bennu . Pero nunca hasta ahora se había conseguido detectar un azúcar libre, vagando sin ataduras en el gélido medio interestelar.Pero eso es precisamente lo que acaba de lograr un equipo de científicos españoles, cuyos hallazgos se acaban de publicar en ‘ Nature Astronomy ‘. Un descubrimiento que podría tener profundas implicaciones para la comprensión del origen de la vida.’Frambuesas’ en el centro de la Vía LácteaBajo la dirección de la investigadora Izaskun Jiménez-Serra, del Centro de Astrobiologia (INTA/CSIC), el equipo ha logrado identificar de manera inequívoca la presencia de eritrulosa en una inmensa y oscura nube de gas y polvo cósmico, catalogada por los astrónomos como G+0.693-0.027 y situada muy cerca del turbulento centro de la Vía Láctea.Noticia relacionada general No No Un hallazgo que cambiaría nuestra visión del Sistema Solar Definitivamente, Urano y Neptuno no son lo que parecen José Manuel NievesLa eritrulosa es un azúcar formado por cuatro átomos de carbono que en la Tierra nos resulta extremadamente cotidiano. De hecho, es la sustancia que se encuentra de forma natural en el corazón de las frambuesas y, por sus propiedades, es también un ingrediente básico de la industria cosmética a la hora de fabricar los conocidos autobronceadores. Y ahora sabemos que también flota libremente en el espacio, a miles de años luz de la Tierra.Para descubrirlo, los astrónomos recurrieron a dos grandes instalaciones científicas españolas: el radiotelescopio de Yebes (de 40 metros), en Guadalajara, y el inmenso plato parabólico de 30 metros del IRAM, encaramado en el Pico Veleta de Sierra Nevada. Así, escudriñando el cielo, el equipo rastreó los débiles ecos electromagnéticos de la nube. Y al cruzar los datos obtenidos con las ‘huellas dactilares’ de la eritrulosa medidas en el laboratorio, encontraron hasta doce conjuntos de señales coincidentes.Encontrar mecanismos alternativos de formación de azúcares podría resolver los problemas históricos de la teoría del ‘mundo de ARN’Las cifras son contundentes: la eritrulosa es, como mínimo, ocho veces más abundante en esa lejana nube que otros azúcares estructuralmente similares pero más pequeños (de tres átomos de carbono), que curiosamente brillan por su ausencia en esa misma zona del cielo. Lo cual sugiere que, al amparo de las bajísimas temperaturas, este azúcar se ensambla de forma gradual sobre la superficie de diminutos granos de polvo helado a partir de ingredientes más sencillos, preparándose para integrar futuros sistemas químicos más complejos.Un salto en la complejidadHasta hoy, las redes de la astroquímica habían conseguido ‘pescar’ más de 340 moléculas de diferente tamaño en la oscuridad del espacio, pero los azúcares de tres o más átomos siempre se habían resistido a ese escrutinio. Según Andrés de la Escosura Navazo, científico del Instituto de Investigación Avanzada en Ciencias Químicas (IAdChem) y director del grupo de Materiales Biohíbridos en la UAM, la importancia de este hallazgo radica en «el salto de complejidad que se ha dado en el tipo de moléculas que pueden detectarse con estos métodos».Como explica el investigador, compuestos esenciales como la glucosa y la ribosa (esta última vital para formar el ARN, pilar de la genética) ya habían aparecido en rocas espaciales primitivas de entre 3.900 y 4.450 millones de años de antigüedad. Lo que sustentaba la hipótesis de un aporte extraterrestre a la vida , «es decir, estos compuestos no fueron generados en la Tierra sino que proceden del exterior y llegan aquí a través de impactos de meteoritos».Pero había una pieza suelta: nadie sabía cómo se habían ‘cocinado’ esos azúcares dentro de los asteroides. Por eso, la detección directa de eritrulosa «arroja algo de luz sobre su formación en los granos de polvo helados» antes de que estos se apelmazaran para construir protoplanetas y asteroides. Además, hallar vías alternativas a las reacciones químicas que operan en la Tierra podría resolver grandes misterios prebióticos, porque los modelos teóricos clásicos tienen un fallo grave: no logran generar ribosa, y sin ribosa, la hipótesis del ‘mundo de ARN’ cojea. Escosura es optimista al respecto, y afirma que «encontrar en el espacio algunos de esos componentes moleculares básicos es sin duda un paso importante en esa dirección».Cuidado con las ‘ilusiones cósmicas’Sin embargo, en ciencia, el entusiasmo siempre debe ir siempre acompañado del máximo rigor analítico. César Menor Salván, astrobiólogo y profesor de Bioquímica en la Universidad de Alcalá, reconoce el mérito del hallazgo, definiéndolo como «un extraordinario trabajo que combina radioastronomía, espectroscopía molecular y química computacional». Para el profesor, este hito nos muestra que los azúcares «pueden formarse en condiciones naturales en el espacio» y apoya la idea de que los hielos primigenios pudieron preservar moléculas que luego desataron la vida en entornos propicios.A pesar de lo cual, el experto lanza una severa advertencia contra los titulares grandilocuentes. Aclara, por ejemplo, que el estudio «no resuelve el problema del origen de la vida o el origen de moléculas como el ADN o ARN». Menor Salván desmenuza las interpretaciones erróneas que podrían surgir, tachándolas de ‘falacias lógicas’ o saltos al vacío, y pone un ejemplo cotidiano muy ilustrativo. Saber que existe un compuesto orgánico en el Universo profundo no implica que viniera después a la Tierra a crear la vida, «del mismo modo que ver gente bajarse de un avión en un aeropuerto no implica que todas las personas de la ciudad vinieron en avión».Descubrir eritrulosa en una lejana nube no significa que ésta llegara directamente a la Tierra; es una pieza más en el inmenso puzzle cósmicoCon todo, su balance final es que estamos ante un trabajo «extraordinario, sugerente, sólido y con un resultado muy relevante», aunque «hay que tener cuidado con las extrapolaciones e interpretaciones exageradas y especulativas».El nuevo trabajo, por tanto, nos vuelve a confirmar que el Universo alberga de forma natural los ‘ladrillos’ básicos de nuestra existencia. El misterio sigue siendo cómo llegó a ordenarlos. Cada vez resulta más frecuente descubrir complejas moléculas orgánicas flotando en la inmensidad del cosmos. Más de 340 tipos diferentes, en efecto, se han identificado ya ‘ahí arriba’, aunque los azúcares de tres o más átomos de carbono nunca han estado entre ellas. Es cierto que los científicos ya habían logrado hallar azúcares elementales ‘a bordo’ de antiguos meteoritos e incluso en asteroides como Bennu . Pero nunca hasta ahora se había conseguido detectar un azúcar libre, vagando sin ataduras en el gélido medio interestelar.Pero eso es precisamente lo que acaba de lograr un equipo de científicos españoles, cuyos hallazgos se acaban de publicar en ‘ Nature Astronomy ‘. Un descubrimiento que podría tener profundas implicaciones para la comprensión del origen de la vida.’Frambuesas’ en el centro de la Vía LácteaBajo la dirección de la investigadora Izaskun Jiménez-Serra, del Centro de Astrobiologia (INTA/CSIC), el equipo ha logrado identificar de manera inequívoca la presencia de eritrulosa en una inmensa y oscura nube de gas y polvo cósmico, catalogada por los astrónomos como G+0.693-0.027 y situada muy cerca del turbulento centro de la Vía Láctea.Noticia relacionada general No No Un hallazgo que cambiaría nuestra visión del Sistema Solar Definitivamente, Urano y Neptuno no son lo que parecen José Manuel NievesLa eritrulosa es un azúcar formado por cuatro átomos de carbono que en la Tierra nos resulta extremadamente cotidiano. De hecho, es la sustancia que se encuentra de forma natural en el corazón de las frambuesas y, por sus propiedades, es también un ingrediente básico de la industria cosmética a la hora de fabricar los conocidos autobronceadores. Y ahora sabemos que también flota libremente en el espacio, a miles de años luz de la Tierra.Para descubrirlo, los astrónomos recurrieron a dos grandes instalaciones científicas españolas: el radiotelescopio de Yebes (de 40 metros), en Guadalajara, y el inmenso plato parabólico de 30 metros del IRAM, encaramado en el Pico Veleta de Sierra Nevada. Así, escudriñando el cielo, el equipo rastreó los débiles ecos electromagnéticos de la nube. Y al cruzar los datos obtenidos con las ‘huellas dactilares’ de la eritrulosa medidas en el laboratorio, encontraron hasta doce conjuntos de señales coincidentes.Encontrar mecanismos alternativos de formación de azúcares podría resolver los problemas históricos de la teoría del ‘mundo de ARN’Las cifras son contundentes: la eritrulosa es, como mínimo, ocho veces más abundante en esa lejana nube que otros azúcares estructuralmente similares pero más pequeños (de tres átomos de carbono), que curiosamente brillan por su ausencia en esa misma zona del cielo. Lo cual sugiere que, al amparo de las bajísimas temperaturas, este azúcar se ensambla de forma gradual sobre la superficie de diminutos granos de polvo helado a partir de ingredientes más sencillos, preparándose para integrar futuros sistemas químicos más complejos.Un salto en la complejidadHasta hoy, las redes de la astroquímica habían conseguido ‘pescar’ más de 340 moléculas de diferente tamaño en la oscuridad del espacio, pero los azúcares de tres o más átomos siempre se habían resistido a ese escrutinio. Según Andrés de la Escosura Navazo, científico del Instituto de Investigación Avanzada en Ciencias Químicas (IAdChem) y director del grupo de Materiales Biohíbridos en la UAM, la importancia de este hallazgo radica en «el salto de complejidad que se ha dado en el tipo de moléculas que pueden detectarse con estos métodos».Como explica el investigador, compuestos esenciales como la glucosa y la ribosa (esta última vital para formar el ARN, pilar de la genética) ya habían aparecido en rocas espaciales primitivas de entre 3.900 y 4.450 millones de años de antigüedad. Lo que sustentaba la hipótesis de un aporte extraterrestre a la vida , «es decir, estos compuestos no fueron generados en la Tierra sino que proceden del exterior y llegan aquí a través de impactos de meteoritos».Pero había una pieza suelta: nadie sabía cómo se habían ‘cocinado’ esos azúcares dentro de los asteroides. Por eso, la detección directa de eritrulosa «arroja algo de luz sobre su formación en los granos de polvo helados» antes de que estos se apelmazaran para construir protoplanetas y asteroides. Además, hallar vías alternativas a las reacciones químicas que operan en la Tierra podría resolver grandes misterios prebióticos, porque los modelos teóricos clásicos tienen un fallo grave: no logran generar ribosa, y sin ribosa, la hipótesis del ‘mundo de ARN’ cojea. Escosura es optimista al respecto, y afirma que «encontrar en el espacio algunos de esos componentes moleculares básicos es sin duda un paso importante en esa dirección».Cuidado con las ‘ilusiones cósmicas’Sin embargo, en ciencia, el entusiasmo siempre debe ir siempre acompañado del máximo rigor analítico. César Menor Salván, astrobiólogo y profesor de Bioquímica en la Universidad de Alcalá, reconoce el mérito del hallazgo, definiéndolo como «un extraordinario trabajo que combina radioastronomía, espectroscopía molecular y química computacional». Para el profesor, este hito nos muestra que los azúcares «pueden formarse en condiciones naturales en el espacio» y apoya la idea de que los hielos primigenios pudieron preservar moléculas que luego desataron la vida en entornos propicios.A pesar de lo cual, el experto lanza una severa advertencia contra los titulares grandilocuentes. Aclara, por ejemplo, que el estudio «no resuelve el problema del origen de la vida o el origen de moléculas como el ADN o ARN». Menor Salván desmenuza las interpretaciones erróneas que podrían surgir, tachándolas de ‘falacias lógicas’ o saltos al vacío, y pone un ejemplo cotidiano muy ilustrativo. Saber que existe un compuesto orgánico en el Universo profundo no implica que viniera después a la Tierra a crear la vida, «del mismo modo que ver gente bajarse de un avión en un aeropuerto no implica que todas las personas de la ciudad vinieron en avión».Descubrir eritrulosa en una lejana nube no significa que ésta llegara directamente a la Tierra; es una pieza más en el inmenso puzzle cósmicoCon todo, su balance final es que estamos ante un trabajo «extraordinario, sugerente, sólido y con un resultado muy relevante», aunque «hay que tener cuidado con las extrapolaciones e interpretaciones exageradas y especulativas».El nuevo trabajo, por tanto, nos vuelve a confirmar que el Universo alberga de forma natural los ‘ladrillos’ básicos de nuestra existencia. El misterio sigue siendo cómo llegó a ordenarlos.  

Cada vez resulta más frecuente descubrir complejas moléculas orgánicas flotando en la inmensidad del cosmos. Más de 340 tipos diferentes, en efecto, se han identificado ya ‘ahí arriba’, aunque los azúcares de tres o más átomos de carbono nunca han estado entre ellas. Es cierto … que los científicos ya habían logrado hallar azúcares elementales ‘a bordo’ de antiguos meteoritos e incluso en asteroides como Bennu. Pero nunca hasta ahora se había conseguido detectar un azúcar libre, vagando sin ataduras en el gélido medio interestelar.

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